Una morada temporal

¿Usted es propietario? Si es así, tal vez desearía vivir de la caza y de la pesca. ¡Imagine, una vida sin pagar impuestos, luz…

¿¡Quién acuñó el término “propietario”!? Sería mejor decir “usted está apropiado”.

Si es un vagabundo, probablemente anhele una casa. Un lugar estable en este mundo cambiante, un espacio que lo mantenga a raya de los caprichos de la sociedad.
¿La felicidad de la caza y la pesca? Quizá en una novela de aventura leída en un confortable sillón frente a un hogar.

¿Qué somos? ¿Nómades o “propietarios”? ¿Somos transeúntes para quien el movimiento es vida y el reposo una inscripción en una lápida sepulcral? ¿O somos almas arraigadas para quien los “viajes de la vida” son simplemente distintas apariencias de la misma búsqueda de una casa única?

¿Cómo cumple uno con la mitzvá de morar en la sucá? Uno debe comer, beber y vivir en la sucá, día y noche, como uno vive en su casa los otros días del año: durante siete días una persona debe hacer de su casa una morada temporal y de su sucá su morada permanente (Shulján Aruj, Oraj Jaim 639:1).

Quizás el modelo más interesante de la dualidad “viajero/morador” en nuestra naturaleza es la sucá, la cabaña hecha de ramas y hojas que sirve como hogar del judío durante los siete días de la fiesta de Sucot.

La definición halájica (la ley de la Torá) de la sucá es que es un dirat arai, una “morada temporal”. Si las palabras “temporal” y “morada” le suenan contradictorias, es porque lo son; de hecho, dan lugar a leyes contradictorias con respecto a la construcción y el habitar en la sucá. Por ejemplo, si las ramas del techo de la sucá lo cubren tan espesamente que la lluvia no puede penetrar, la sucá se inhabilita–es una casa, no una sucá. Por otro lado, si está lloviendo en la sucá, usted no está obligado a comer dentro de ella –la sucá es su casa, y si estuviera lloviendo en su casa, se cambiaría a otro cuarto. También: Si las paredes son más altas que 20 cubits (aproximadamente 9 metros) no es una sucá, no es una estructura “temporal”; pero si es demasiado débil para resistir un viento moderado, también se inhabilita–no es un lugar para “morar”.

En otros términos, la Torá quiere que tomemos una estructura esencialmente transitoria y convertirla en nuestra casa permanente. O también que miremos nuestra casa permanente y entendamos que, esencialmente, es una estructura transitoria.

Adaptado de un artículo de Yanki Tauber.

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