Los Cuatro Misterios del Rey Salomón

La misión -de vida del hombre consiste de dos desafíos básicos: estudiar y hacer.

La Torá ordena que en Sucot tomemos las “Cuatro Especies”, el etrog (citrus), el lulav (una rama cerrada de palmera datilera), el hadás (rama de mirto) y la aravá (rama de sauce).
Como es frecuentemente el caso, la “Torá Escrita” (el Pentateuco o “Cinco Libros de Moshé”) transmite el mandamiento en unas pocas palabras misteriosas, dejando en manos de la “Torá Oral” (la interpretación tradicional de la Torá Escrita enseñada por Moshé y transmitida de una generación a otra) descifrar el significado implícito en la instrucción de la Torá Escrita.

En la Torá Escrita, el versículo acerca de las Cuatro Especies dice:
Y tomaréis para vosotros.., el fruto espléndido de un árbol, ramas de dátiles, la rama de un árbol frondoso y aravot del río….
El Rey Salomón, cuenta el Midrash, se sintió fascinado por este versículo. “¿Quién dice que el ‘fruto espléndido de un árbol’ es el etrog?”, preguntó. “¡Todos los árboles frutales producen fruto espléndido! [En cuanto a] ‘ramas de dátiles’, la Torá nos dice que tomemos ramas, en plural… sin embargo, tomamos un lulav, el corazón sin abrir de la palmera. ¿Y quién dice que la ‘rama de árbol frondoso’ es el mirto?… Y en cuanto a las ‘aravot del río’ — todos los árboles tienden a crecer cerca del agua”.
¿Cómo, en efecto, sabemos que “el fruto espléndido de un árbol, ramas de dátiles, la rama de un árbol frondoso y aravot del río” son el etrog, el lulav, el mirto y el sauce?

El Talmud, que sintetiza cuarenta generaciones de tradición oral de la interpretación de la Torá, identifica las “Cuatro Especies” a través de una serie de interpretaciones homiléticas de las palabras hebreas empleadas por el versículo.

La pista en cuanto a la identidad del “fruto espléndido de un árbol” se oculta en la palabra hadar (“espléndido”), que también puede leerse como hadar, “aquél que mora”. El etrog es único en que mientras otros frutos tienen cada cual una temporada particular en la que crecen, el etrog “mora en su árbol todo el año”, continuando creciendo y desarrollándose bajo una variedad de condiciones climáticas.

En cuanto al lulav, la Torá ciertamente escribe “ramas de palmera”, pero la palabra kapot(”ramas de”) es deletreada sin la letra vav, significando que también puede leerse kapat, “la rama de”, en singular. Además, la palabra kapot también significa “atado”, implicando que debemos tomar una rama cerrada (“el corazón de la palmera”). Así, la Torá Oral identifica la segunda de las Cuatro Especies como el lulav.

Hay muchos “árboles frondosos” en cuyas ramas “las hojas cubren completamente el tallo”; pero la palabra hebrea avot (“frondoso”) también significa “plegado” y “como soga”. En consecuencia, la “rama de árbol frondoso” (anaf etz avot) es identificada como la rama del mirto, cuyas hojas crecen superpuestas en nudos de tres, dándole el aspecto de una soga trenzada.

Hay otra planta que se adapta a esta descripción—el hirduf (nerium adelfa)— pero el Talmud rechaza esa posibilidad como inconsistente con la norma de que “sus caminos [los de la Torá] son caminos de agradabilidad, y todas sus sendas son paz”; (el hirduf es una planta espinosa y venenosa).

Las aravot del versículo son identificadas como ramas de sauce en razón de la tendencia del sauce a crecer cerca de agua y de la forma estirada de sus hojas (como un río). Otra marca identificatoria de la aravá es que las matas de sauce tienden a crecer en grupos tupidos (la palabra aravá relaciona con la palabra ajavá, “hermandad”).

Seguramente el Rey Salomón, el más sabio de los hombres, era tan experto en los modos de exégesis de la Torá como los Sabios talmúdicos cuyo análisis se resume arriba. Como sea, hay muchos pasajes misteriosos en la Torá donde leyes se derivan de dobles significados y formas variantes de deletreado de sus palabras. La dramática declaración de Salomón con respecto al etrog, e lulav, el mirto y el sauce —“[Tres cosas me resultan maravillosas] y cuatro no las sé”— debe encerrar un significado más profundo, uno que hace al sentido interior de las Cuatro Especies tomadas en Sucot.

Cuatro Especies de Hombres

Las Cuatro Especies, dice el Midrash, corresponden a cuatro tipos de personas.
La misión -de vida del hombre consiste de dos desafíos básicos:
estudiar y hacer. La Torá es el vehículo mediante el cual logramos el conocimiento de nuestro Creador y el discernimiento acerca de la esencia de la vida; las mitzvot, los mandamientos Divinos, son los medios a través de los cuales construimos un mundo mejor y más santo, desarrollando la creación física para convertirla en un “hogar para Di-s”.
Estos dos empeños definen las cuatro personalidades representadas en las “Cuatro Especies”.
El etrog, que tiene tanto un sabor delicioso como un aroma placentero, representa al individuo perfecto que tanto estudia como logra. El lulav, siendo la rama de la palmera datilera, produce frutos que poseen sabor pero no aroma; éste es el retrato del erudito ermitaño que crece en sabiduría pero evita el mundo de la acción. El oloroso pero insípido mirto es el activista cuya profusión de buenas acciones consume todo su tiempo y energía. Finalmente, el insípido e inodoro sauce representa a la persona que no estudia ni hace, sin llevar a concreción su potencial intelectual ni su capacidad para mejorar el mundo.

En Sucot, concluye el Midrash, estas “Cuatro Especies” son “atadas todas juntas en un fardo”, siendo cada una parte integral de la comunidad de Di-s”.

La Fruta Atormentada
En vista de esto, podemos comprender las cuatro cosas que fascinaron al más sabio de los hombres.
Si la “fruta espléndida” en las Cuatro Especies representa la armonía de estudio y realización, ¿por qué es ésta la fruta que “mora en su árbol todo el año”? Uno esperaría semejante perfección en una fruta madurando en la serenidad, en un clima singularmente armonizado con su naturaleza y necesidades; no de una cuyo desarrollo se ve agitado por condiciones siempre cambiantes. Y aún así, una y otra vez nos encontramos con que las más grandes vidas son aquellas cercadas por las vicisitudes y el desafío; que las personalidades más equilibradas son forjadas por la necesidad de tratar con circunstancias cambiantes y de adaptarse constantemente a ambientes y climas nuevos.

Este, para el Rey Salomón, era uno de los mayores misterios de la vida. ¿Cómo nutre la vacilación el crecimiento? ¿Por qué es que el individuo que disfruta de una existencia serena no es, ni por asomo, tan “fragante” y “delicioso” como aquel golpeado por las vicisitudes de la vida?

Hojas Prensadas

Tampoco el lulav dio sosiego al Rey Salomón. ¿No es la naturaleza misma del discurso intelectual lo que produce opiniones y conclusiones variadas? En las palabras del Talmud: “Los eruditos de la Torá se sientan en grupos numerosos y estudian la Torá. Un grupo considera una cosa impura, y otro la considera pura; un grupo prohíbe un acto y otro lo permite; uno descalifica algo y otro lo considera apto”.

De modo que cuando el versículo habla de “ramas de dátiles”, somos proclives a comprender estas palabras en su sentido literal y plural. Pues si la segunda de las Cuatro Especies alude al erudito de Torá, a la mente humana entregada a asimilar la sabiduría Divina, ¿no debería consistir de dos ramas de palmera, acorde a la naturaleza plural del intelecto? ¿No deberían estar sus hojas abiertas y extendidas, señalando las diversas direcciones a las que el examen racional de un concepto conducirá cuando la mente se embarque en ello?

Sin embargo, el lulav dispuesto por la Torá es una única rama cerrada, con sus hojas fusionadas en una varilla única apuntando a una única dirección. Como concluye el arriba citado pasaje talmúdico:
“Si una persona preguntara entonces: ¿Cómo, pues, puedo estudiar Torá? Es que todo fue recibido de un único pastor”.
Este era el segundo de los misterios que cautivaron al Rey Salomón. ¿Cómo se relacionan la tropilla de opiniones y perspectivas de la Torá con su “único pastor”?

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