La sucá del zapatero

En vísperas de Sucot entró a su casa un zapatero y pidió al Rabino maderas…

El rabino estaba acostumbrado a preparar madera y todo tipo de materiales para su sucá desde antes de Yom Kipur y al terminar dicha festividad comenzaba ya a construirla.

Peor no sólo se preocupaba por sí mismo, sino también por los humildes; pedía al leñador que le trajera muchas maderas para luego repartirlas. Enseguida después de Yom Kipur, venían los pobres a su casa, donde entregaba a cada uno las maderas necesarias y los bendecía.

Cierta vez, en vísperas de Sucot, entró a su casa un zapatero, y pidió al Rabino maderas; pero ya era muy tarde y había repartido todas.

El zapatero se fue muy triste y pensando que quizás pudiera encontrar algunas, fue casa por casa a pedirlas.

El día era muy destemplado, grises nubes tapizaban el cielo y las primeras gotas de lluvia comenzaban a caer.

Era difícil caminar bajo la lluvia, pero el pobre zapatero no se daba por vencido; estaba acostumbrado a construir su sucá y no a estar en la de otros. Todos los años construía una gran sucá y sus vecinos, pobre como él, venían a la suya.

También ese año quería conseguir maderas y construirla, pero era imposible; ya había recorrido toda la ciudad sin encontrar una sóla madera. De todos los hombres del lugar, solo el Rabino se dio cuenta de su gran pena; desde que salió de su casa con las manos vacías.

El Rabino levantó los ojos al cielo y dijo:

“¡Dueño del Universo! mira a tu pueblo, es único; mira cómo un precepto fácil es tan querido; un pobre zapatero, camina bajo la lluvia, va de casa en casa, y todo ¿por qué? Porque quiere hacer lo que ordenaste: habitar siete días en la sucá; ayúdalo, y bendice a todo el pueblo de Israel”.

Después de decir esto, el Rabino subió al altillo, y buscando en todos los rincones encontró unas maderas, que por equivocación no había visto hasta ese momento.

De inmediato llamó a su ayudante a le ordenó que buscara al zapatero. Cuando llegó, le entregó las maderas y se disculpó por haberle ocasionado tantos inconvenientes; además pidió a su ayudante que lo ayudaste a construirla, pues ya era tarde.

Cuando comenzaron a construir la sucá, cesó de llover y apareció el sol, lo que puso al zapatero mas que contento; pero el trabajo era mucho y eran sólo dos para hacerlo. El ayudante del Rabino se fue pues tenía que preparase para la festividad y así, el zapatero quedó solo, sin poder terminar aún la sucá; faltaban pocos minutos para Yom-Tov.

De pronto pasó un anciano, con una gran bolsa y le preguntó: -¿Qué hace un judío a esta hora? ¿construye una sucá? ¡Bendito sea! Se quitó la bolsa de la espalda y comenzó a ayudar al zapatero; el anciano era muy activo y en pocos minutos la sucá estuvo concluída, antes de que el sol se ocultara.

Dentro de la sucá había hermosos adornos y flores; sólo esperaba a su dueño para que habitara en ella y la bendijera ¿adivinan quién es el anciano?

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