Pureza y unidad

En la festividad de Sucot, todos judíos se unen armónicamente para satisfacer la voluntad Divina con sinceridad y amor. Cada una de las cuatro especies que utilizamos en Sucot tienen un significado especial, y juntas simbolizan a todo el pueblo judío.

Todo aquel que cumple la mitzvá de las cuatro especies tal como está prescripto y con las intenciones requeridas, tiene el privilegio de establecer paz y armonía entre sus semejantes judíos, introduce en su corazón un profundo amor hacia todos los de su pueblo, se coloca a sí mismo y a toda la nación al amparo de la Presencia Divina, enaltece a la Shejiná y glorifica el Nombre de Di-s.
Nuestros Sabios expusieron lo siguiente (Vaikrá Rabá 30):
E/ fruto de/ hermoso árbol Se refiere a [el pueblo de] Israel; pues tal como el etrog tiene aroma y sabor, del mismo modo hay judíos une poseen conocimientos de Torá y buenas acciones.
Rama de palmeras: Se refiere a [el pueblo de Israel; pues tal como el lu/av tiene sabor [dátiles] pero carece de aroma, del mismo modo existen judíos que poseen conocimientos de Torá pero carecen de buenas acciones.
Ramas de árboles frondosos [mirto]: Se refiere a [el pueblo de] Israel; pues tal como el hadás (mirto) tiene aroma pero carece de sabor, del mismo modo existen judíos que poseen buenas acciones pero carecen de conocimientos de Torá.
Sauces de/ arroyo: Se refiere a [el pueblo de] Israel; pues tal como la aravá (sauce) carece de sabor y aroma, del mismo modo existen judíos que carecen tanto de conocimientos de Torá como de buenas acciones.
¿Qué hace Di-s con ellos? Destruirlos es inconcebible. Más bien, Di-s dice: “¡Unidlos en un solo atado, y ellos expiarán unos por otros!”

PUREZA Y UNIDAD
El profeta alaba al pueblo judío por la intensidad de su espíritu de sacrificio, su disposición abnegada en aras de su amor a Di-s. También el Altísimo les recuerda permanentemente este mérito, diciendo: Recuerdo para ti /a devoción de tu juventud, e/ amor de tus días nupciales, cuando fuiste detrás de Mí en e/ desierto, en un tierra sin cultivar (Jeremías 2:2).

Si no fuera que esta característica está implantada en el corazón judío siempre, en cada generación, no se le evocaría constantemente aquello que lograra en una ocasión particular. Di-s, sin embargo, lo recuerda en todo momento porque es inherente a Israel. Pero Israel tiene el privilegio de revelar este abnegado amor a Di-s sólo cuando el individuo se fusiona con el resto de la comunidad, el amor de tus días nupciales, al estilo de lo expresado respecto de la preparación para la entrega de la Torá en Sinaí: E Israel acampó (en singular) allí, frente a/ Monte (Exodo 19:2) – como un solo hombre, con un único corazón (intención).

En verdad, este amor de un judío a otro siempre late en su corazón. Es la transgresión la que erige un muro entre el judío y Di-s, y entre el judío y su semejante. El pecado es la raíz de la discordia en el seno de Israel. Por lo tanto, una vez transcurrido Iom Kipur, purificadas y disculpadas sus faltas, el judío puede volver a ser uno con sus semejantes, disfrutar de auténtica armonía sin muros ni cortinas que se interpongan entre él y los demás.
Llegan entonces los días de Sucot. El pueblo de Israel se siente atraído a Di-s, deseoso de marchar tras El, entrar en Su Sucá. ¿En mérito a qué? En mérito a “el amor de tus días nupciales”, cuando todos los tipos de judíos se unen armónicamente para satisfacer la voluntad Divina con sinceridad y amor.

De NOSOTROS EN EL TIEMPO de Editorial Bnei Sholem

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