Morando en un mundo

El Talmud nos enseña que durante Sucot, el Todopoderoso juzga las aguas del mundo. El octavo día de la festividad, el comienzo del segmento final del mismo, se ofrecen plegarias especiales, implorando al Cielo que nos provea de lluvia y suficiente agua. Se pide por lluvia desde ese día hasta la festividad de Pesaj.
Como resultado de este juicio, el Talmud nos enseña (Rosh Hashana 16a) que se le pidió al pueblo Judío que agregara una libación de agua al Altar en el Templo Sagrado en cada uno de los siete días de Sucot.
El agua era traída del manantial de Shiloaj en Jerusalem, la noche anterior y se hacía con gran fanfarria. Había celebraciones, cantos y bailes cada noche de Sucot, y duraban hasta el amanecer.
La celebración llamada “Beit HaShoeva”, dice el Talmud, que era el evento más alegre de todos. “Quien no vio la alegría de Beit Hashoeva” dice el Talmud, “no ha experimentado alegría en su vida”

¿Es posible que toda esta celebración fuera sobre el juicio del agua? ¿Y cuál es exactamente la conexión entre el juicio del agua y la festividad de Sucot?
Una visión más cercana del agua nos dará la respuesta. El agua presenta una interesante dicotomía. Por un lado, es ubicua. Hacemos todo con ella. Es esencial para la vida, y por eso debe estar accesible siempre y en todos lados en donde se encuentre un ser viviente. El agua es, por lo tanto, el epítome de la estabilidad y permanencia.
Por otro lado, el agua es una comodidad temporaria e inestable. La gota de agua que cae del río ahora, puede desaparecer para siempre en un segundo. Se convierte en “agua bajo el puente”, de donde nunca vuelve.
Cuando las olas se alejan hacia la fuente del océano, sus aguas se mezclan con el final del mar, alejándose de nuestros ojos para siempre.
El agua por lo tanto, parece estar dando un mensaje: a pesar de la constancia y omnipresencia que exhibimos, también somos algo que constantemente cambia y se mueve, y a pesar de los cambios constantes, estamos constantemente allí.
Una dicotomía similar se puede encontrar en la festividad de Sucot. Por un lado, la Sucá es designada para que sea un “lugar de morada”
La Torá le ordena al Pueblo Judío “en cabañas deben morar” (Levítico 23:42). El mandamiento es realizar todas las actividades de “morar” en la cabaña. Debe ser un lugar en el que el judío resida durante los siete días de la festividad.

Por el otro lado, toda esta edificación está diseñada para que dure siete días. Vivir en un lugar por una semana, es como estar en una casa en la playa, hotel o la casa de un familiar. Hay poco tiempo para desempacar.
Más aún, el techo de esta cabaña en donde debemos vivir, está construida de ramas y hojas. Esto es un recordatorio constante en qué tan rápido esta cabaña puede ceder, y que pasará si cae lluvia.
Dentro de las tantas reflexiones y mensajes de la festividad de Sucot está la de la dicotomía del permanente cambio.
Luego de las Altas Fiestas, en donde uno se descubre y se entona con el fenómeno más permanente posible -su unión con el Padre del Cielo- el mismo Padre anima a su Pueblo en la transición hacia una semana de morada en la estructura más temporaria.
Parece ser entonces, que Sucot es la vida real: Rebosante de vida, como el agua que corre, y nunca permaneciendo en el mismo lugar. Constantemente moviéndonos, y constantemente cambiando, temporalmente permanente y permanentemente temporario.
Por eso nos regocijamos cuando traemos el agua en esta Festividad. Se nos recuerda lo afortunados y bendecidos que somos de celebrar la vida con el foco: nunca estar demasiado atrapados en las subidas y bajadas de la vida.

La vida es como una gran rueda: se mueve para este lado y para el otro. A veces se queda en esta baldosa o en la otra, pero nunca en el mismo lugar por mucho tiempo. Lo que viene hoy se va mañana, y lo que viene mañana puede quedarse por más tiempo o menos tiempo, pero nunca para siempre.
Preocuparse por la situación actual no nos lleva a ningún lugar. Nos encontramos en nuestra mejor situación cuando nos acordamos del agua y la cabaña y contamos las bendiciones que tenemos. Debemos concentrarnos en la extraordinaria bendición de salud, hijos, techo sobre nuestras cabezas, amigos, comunidades y todas las maravillosas cosas que sabemos que tenemos.
Si Di-s quiere, la rueda está por ir hacia arriba, llevándonos hacia el próximo ciclo de constante cambio, el cual seguramente traerá más cosas por el cual estar contentos y alegres.

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