Vos sí que te fuiste…

Alegrate y bailá con la Torá. Es toda tuya. Para que nadie pueda decirte, ni decirle a tus hijos: “Vos sí que te fuiste…”

Hace algunas semanas, mientras charlábamos cómodamente después de encender las velas de Shabat, una de las hijas de nuestros amigos, que estudia aquí en Buenos Aires, ( y a la que llamaremos Solange) me relató una interesante anécdota: Durante un fin de semana largo había viajado a su ciudad natal para estar con sus padres. El sábado a la noche se reunió con un grupo de amigas de la infancia, y una de ellas se interesó en lo que Solange estaba haciendo últimamente. Ella le contó que además de estudiar en la Facultad, asistía a los cursos de Torá del Majón Or Jaia para jóvenes judías, observaba el Shabat, el cashrut, y en general asumía una vida plena de Torá y Mitzvot. Cuando terminó de relatar estos detalles, la amiga- que estaba boquiabierta- le dijo: “¡Ay! Solange vos sí que te fuiste de mambo” Solange optó por responder con otra pregunta: “Y decime vos, Romina, ¿en qué andás?” La joven relató que entre sus diversiones, a veces tomaba demasiado. Es más, el fin de semana anterior había tomado tanto que se descompuso, perdió la noción de dónde estaba y sus amigos la dejaron en casa. Y al otro día la resaca era terrible” En ese momento Solange no pudo contenerse y le dijo: “¡Me parece Romina que la que se fue de mambo sos vos!”
Estamos festejando Simjat Torá- la alegría de la Torá. Celebramos el haber concluido con su lectura a lo largo del año y el comenzar a leerla nuevamente. Nuestros Sabios Z”L nos enseñan que a través de los bailes en Simjat Torá, podemos alcanzar una elevación mayor que en Rosh Hashaná. Pero después de todo, ¿por qué tanta alegría? ¡Es la misma Torá que tenemos desde hace 3315 años! ¡Sí! La que nos guía a lo largo de toda nuestra vida, la que nos enseña a ser mejores seres humanos, la que ayuda a que nuestros hijos crezcan saludables y seguros, la que proporciona luz a nuestros hogares, la misma por la que ‘se jugaron’ nuestros antepasados, incluso entregando la vida, aquella que cuando un judío decide vivir de acuerdo a ella, lo acompaña lo enaltece y no lo defrauda. Esa Torá que nos sorprende a cada instante pues es la Sabiduría Infinita de Di-s. Es la que hace que la mirada de los jóvenes sea limpia, clara, llena de idealismo y pasión. Y la que logra que ese mismo brillo permanezca en nosotros aún en la madurez y ancianidad. Es la única que nos asegura para que no nos desviemos y perdamos la noción de quienes somos y para qué estamos aquí y ahora. La Torá es nuestra vida y a ella estamos unidos desde la esencia de nuestra alma. Es la que Solange descubrió y la que Romina aún no conoce. Vení vos también. Acercate este Shmini Atzeret y Simjat Torá. Alegrate y bailá con la Torá. Es toda tuya. Para que nadie pueda decirte, ni decirle a tus hijos: “Vos sí que te fuiste…”

Miriam Kapeluschnik

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