Sium HaTorá

Nuestro Maestro, Moshé, estableció que la Tora fuera leída todos los Shabatot. Autoridades posteriores especificaron qué secciones \sidrot o parshiot} de la Tora debían ser leídas en cada uno, y cuándo debía comenzar y concluir el ciclo de lectura. La costumbre prevaleciente en el pueblo de Israel es completar la lectura de la Tora en el curso de un año, dividiendo las secciones en 54 sidrot—correspondientes al número de Shabatot que contiene un año hebreo de 13 meses—. En un año regular —de 50 o 51 Shabatot—, se combinan dospars/iiot&n varios de ellos y se leen juntas, como una. Aun en los años de 13 meses, hay veces que se lee más de una sección, pues muchos de los días Festivos coinciden con Shabat y sus respectivas parshiot reemplazan la lectura semanal regular de la Tora.
La sidra Bereshit (Génesis 1:1-6:8), la primera, es leída el primer Shabat luego de Simjat Tora; la última, Vezof ffaBera/a (Deuterono-mio 33:1-34:12) se lee en Simjat Tora. Entonces se celebra una comida festiva, para marcar el término de su lectura, acompañada de alegría, cantos, bailes y alabanzas en honor a la Tora.
Con respecto al Rey Salomón, la Tora expresa: Se despertó Shlomó y he aquí un sueño [o sea, el espíritu de santidad se posó sobre él]; vino a Jerusalén y permaneció de pie frente al Arca de la Alianza de Di-s; ofreció holocaustos y ofrendas de paz, y preparó un banquete para todos sus sirvientes (I Reyes 3:15). De esto se deduce, señalan nuestros Sabios, que se debe celebrar un banquete y estar alegre por haber concluido la Tora (Midrash Kohelet 1).
Los Sabios posteriores explicaron el significado de la celebración de Simjat Tora en Sheminí Atzeret [en Israel; en la Diáspora, es al día siguiente, el segundo día de Sheminí Atzeret]:
Durante los siete días de Sucot el pueblo se regocijaba con las mitzvot especiales de la Festividad: la Suca, las cuatro especies, la libación de agua, y \-A.araváque tomaban al caminaren torno del altar. Al llegar Sheminí Atzeret, declaraban ante Di-s: “Hoy no contamos con la Suca, con las cuatro especies, con la libación de agua, ni con la aravá. Todo lo que tenemos es la Tora, con la cual nos regocijamos”. Esta alegría es mayor que cualquier otra, pues es constante y nunca será abolida. Aunque el Gran Templo fue destruido, Jerusalén quedó desolada y el pueblo de Israel exiliado de su Tierra y sometido a las naciones, su regocijo en la Tora nunca cesó y jamás disminuyó. Así dijeron nuestros Sabios: “Desde el día en que se destruyó el Beit HaMikdash, lo único que Di-s posee son los cuatro codos [amot] de la Halajá [o sea, el estudio las leyes de la Tora por parte de Su pueblo]”
(Talmud, Berajot 8a).
Luego de la destrucción del Gran Templo, el mundo quedó sumido en una terrible desolación, pues este hecho afectó todas las esferas de la vida, incluyendo el poder y la fuerza de las mitzvot. Sin embargo, la Tora y los “cuatro codos de la Halajá” permanecieron intactos; allí, la alegría continúa siendo tan perfecta e íntegra como antes, y por lo tanto es el único ámbito en donde la Shejiná (Presencia Divina) reside y se alegra junto a Israel en Simjat Tora.

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