La verdadera “estrella”

Cuando ella hace su entrada magistral todos se ponen de pie y tratan de tocarla…

Ella avanza majestuosamente entre el público, su figura esplendorosa no pasa desapercibida. Incluso las mujeres
y los niños la saludan con infinito cariño. Cuando llega a su lugar se acomoda con delicadeza, y desde ese momento, mientras ella está presente, un respetuoso
silencio reina en el lugar. Nadie quiere perder siquiera una palabra, de lo que ella tiene para decir. Y cuando finalmente se retira, nuevamente todos, sin excepción, se paran, los hombres corren para saludarla y los niños la besan con infinito cariño, las mujeres le tiran cálidos besos. Nuevamente rutilante avanza entre la gente, fuertemente custodiada, y con toda la elegancia, se retira del salón. Todos la observan mientras marcha lentamente, hay un poco de melancolía en la mirada. Ya todos esperan su próxima aparición.
Quizás creyeron que estaba describiendo la entrada de una estrella de Hollywood, pero no. Nada más lejano. Esta imagen corresponde a la triunfal entrada de la TORÁ.

Cada Shabat a la mañana esta escena se repite y cada semana no puedo evitar emocionarme. Cuando el Arón Hakodesh (el Arca) se abre, un improvisado coro comienza a darle la bienvenida, con emoción. Con todo cariño, la persona en turno la toma entre sus brazos, con tanto cuidado. Siempre parece la primera vez. Quienes son llamados a la Torá cada semana sienten una alegría especial. No importa cuántas veces al año les toque estar cerca de ella. Cada vez es estimulante. Cuando de pronto la Lectura de la Torá concluye, y uno de los presentes es invitado a alzarla, todos al unísono, de pie, la miran con admiración y respeto, asegurando, sin duda alguna que: “¡¡¡Esta es la Torá que Moshé puso ante los hijos de Israel!!!” Y después agregan convencidos, entre otras frases: “Es un árbol de la vida para quienes se aferran a ella, y quienes la apoyan son dichosos”
Cuando la Torá vuelve a su lugar, todos corren a besarla, no importa la edad, el nivel económico, social o intelectual. Todos le demuestran infinito cariño. Los padres acercan a sus bebés para que la besen, y los niños lo hacen con inconmensurable alegría. Aquellos que quedaron rezagados corren, y cuando la alcanzan esbozan una enorme sonrisa. Esta es la escena es a la que me refería. Es la misma que cada Shabat provoca que mis ojos se llenen de lágrimas. Lágrimas de alegría, de esperanza, de tranquilidad, porque sé que la Torá nunca nos abandonará y nosotros jamás la dejaremos ir. Y así el futuro del pueblo judío está absolutamente asegurado.
Aproveche la oportunidad para bailar con la Torá. Shminí Atzeret y Simjat Torá, nos permiten expresar esa gran alegría y el infinito agradecimiento a Di-s, por habernos hecho acreedores de tan maravilloso regalo. No deje de asistir a la Sinagoga o Beit Jabad más cercano, y alégrese con la alegría de una verdadera estrella: la TORÁ.

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