¡Siga el baile, siga el baile!

Se ha dicho que el rostro es el espejo del corazón…

Sentimientos tales como el placer, la dicha, la ira, la sorpresa, el despecho y similares, poseen su inequívoca expresión facial.
Estas manifestaciones son espontáneas e involuntarias, difíciles de reprimir o controlar.
Cuando las emociones son más fuertes, invocan manifestaciones adicionales, como emisiones vocales o batir las palmas.
En los casos de alegría intensa incluso los pies se ven estimulados. La gente “baila de alegría”. De modo que bailar de alegría es la más suprema manifestación de la emoción de la alegría más intensa e interior, una sensación que permean todo el cuerpo, desde la cabeza hasta los pies.
El baile jasídico, es decir, el baile tal cual se define en la terminología y el concepto jasídicos, es la manifestación exterior de una muy intensa sensación interior de júbilo religioso y éxtasis.
El baile no es una “invención” del jasidismo. En la Torá hallamos numerosas referencias al baile. La profetisa Míriam bailó y entonó cánticos de alabanza a Di-s luego del milagroso cruce del Mar Rojo y el rey David danzó y saltó ante el Arca de la Alianza. La mayoría de las Festividades, especialmente Sucot, “Época de Nuestra Alegría”, fueron acompañadas por danzas desde tiempos inmemoriales. Precisamente la palabra hebrea para “Festividad”,Jag, significa danza en círculo, y resulta significativo que la Festividad más alegre de todas -Sucot-, es llamada simplemente Hajag.
En hebreo hay dos términos que se emplean con frecuencia para “baile”: majol y rikud. El primero significa ´baile en ronda circular´en tanto que el segundo significa “saltar” o “brincar”, hacia arriba y hacia abajo. La danza jasídica incluye ambas variantes; cada una de ellas tiene su significado propio. Si bien la danza en ronda puede incluir también los saltos, el rikud es genérico e incluye a todas las variedades del baile jasídico.
La danza jasídica en ronda es realizado en un círculo cerrado, con una mano o ambas descansando sobre los hombros de la persona precedente. No hay límites en el número de participantes.
No hay un esquema preestablecido para los movimientos del cuerpo en los casos solitarios o duales, si bien en este último hay un movimiento de “acercamiento y retroceso”, así como tomarse de brazos y soltarse.
El baile transcurre acorde el ritmo de una melodía jasídica alegre o una tonada. Algunas tonadas y melodías son particularmente populares para determinadas ocasiones y festividades. Tanto las tonadas (sin palabras) como las melodías (con palabras), son importantes, no sólo en el ritmo y los movimientos que evocan, sino también en su variedad de inspiración. Usualmente, una animada tonada jasídica sin palabras estimulará un grado mayor de éxtasis. Las tonadas sin palabras son consideradas por el jasidismo como de un plano de expresión religiosa superior, por cuanto las palabras, en esencia, limitan. (La persona dominada por sus emociones pierde el habla). Algunas tonadas pueden inspirar teshuvá, otras el anhelo apasionado por la unión mística entre el alma y su Fuente.
La danza Jasídica es usualmente acompañada con palmadas por parte de los observadores, quienes también se suman a la entonación.
La danza jasídica se practica (al menos entre jasidim, de Jabad) en ocasiones especiales de encuentros jasídicos.
En la vasta literatura de Jabad, que abarca cada aspecto de la conducta humana y trata de lo esotérico como de lo exotérico, el significado de la danza jasídica también recibe atención.
De hecho, se relaciona con algunos de los aspectos más elementales del jasidismo propiamente dicho.
En la filosofía de Jabad se explica que todo lo que se encuentra en el mundo físico tiene su contrapartida en el plano espiritual.
En la danza se mueve todo el cuerpo. Todo él, desde la cabeza hasta los pies, es absorbido por la alegría y exultación de la danza. Pero son los pies por supuesto, los que juegan el papel fundamental. Ahora bien, los conceptos de “cabeza”y “pies” se encuentran no solamente en el cuerpo físico, sino también en el alma. Lo que es más, este concepto se aplica a todo el pueblo judío, e incluso a la Shejiná, la Presencia Divina.
En el cuerpo físico, la cabeza es suprema tanto en posición como en cualidad, en tanto los pies son lo más inferior del cuerpo. Pero hay una superioridad en los pies por sobre la cabeza: ellos sirven de sostén para todo el cuerpo y lo llevan de un lugar a otro.
La misma analogía aplicada al alma, consiste en que ésta también posee una cabeza y pies.
La cabeza del alma es aquel aspecto suyo que tiene que ver con las cualidades intelectuales, mientras que los pies se representan mediante la cualidad del alma que es fuente de la fe simple. Ésta última hace de sostén de toda la vida espiritual del judío.

En lo que a la danza propiamente dicha respecta, bástenos con declarar en esta ocasión que la Unidad de Di-s se representa simbólicamente por el círculo, que carece de punto inicial y punto final, pero del que podemos hablar en términos de “parte superior”del círculo y “parte inferior” del mismo.
El “ciclo místico” también evoca el famoso dicho del fundador del jasidismo de Jabad: “Di-s convierte lo espiritual en material, mientras que el servicio a Di-s hace de la materia algo espiritual.
La característica de “avance y retroceso” de la danza jasídica, es por supuesto, simbólica del aspecto fundamental del servicio Divino de Ratzó y Shov, una bien conocida doctrina elemental del jasidismo, así como de la Kabalá, y se elabora extensamente en sus escritos.
El ritmo de la danza al que ésta se adapta, también encierra su particular significancia al enfatizar la pulsante vitalidad que debe animar el servicio a Di-s.
A pesar de que las ocasiones para la danza son pocas y bastantes espaciadas en el curso del año, su efecto inspirador es perdurable, y su influencia se deja sentir en la vida cotidiana del jasid a lo largo de todo el año.

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