Lograr unidad en mente, corazón y acción

En el primer día de Shavuot, leemos en la Tora: “En el tercer mes después del éxodo de los hijos de Israel de la tierra de Egipto, en aquel día llegaron al desierto de Sinaí… e Israel acampó allí delante de la montaña”.

Respecto de este evento que tuvo lugar justo antes (de) que la nación judía recibiera la Tora, el Mejilta comenta2: “En otra parte está escrito ‘Ellos viajaron… ellos acamparon’ [en plural]. Esto es ‘ellos viajaron’ con opiniones diferentes de cada uno. Aquí, sin embargo, [está escrito] ‘e Israel acampó’, [en (el) singular, pues] todos eran iguales – de un corazón!”.
El Mejilta de este modo resalta que, a pesar de que es enteramente natural para los miembros de una multitud tener opiniones en desacuerdo, cuando los judíos acamparon en preparación para recibir la Tora, todos eran “de un corazón”.

Este tremendo grado de unidad resultó de la capacidad de la Tora de traer paz y unidad completa, como el Rambam declara: “La Tora fue entregada a fin de traer paz al mundo”.
Por lo tanto, el acampar delante del Monte Sinaí trajo unidad y ausencia completa de discordia.

¿Qué propiedad posee la Tora que le da origen a tal paz y unidad que todos son “de un corazón”? En verdad, el argumento podría ser que la Tora fomenta desconcierto, pues está repleta de opiniones en desacuerdo y diferencias con respecto a diversos puntos de ley judía, etc.
Y mientras es cierto que una vez que es suministrado un juicio definitivo, todas las partes deben actuar estrictamente de acuerdo con la halajá, parecería que el desacuerdo intelectual privado siempre quedaría.

¿Cómo entonces puede ser dicho que la Tora causa a todos los judíos ser “de un corazón”, lo que implica que une judíos no sólo en acción sino también en entendimiento y sentimiento?
La Tora acentúa que el campamento del pueblo “con un corazón” tuvo lugar durante “el tercer mes después del Éxodo”. Evidentemente la unidad del pueblo resultó no sólo de su ubicación “delante de la montaña”, sino también del hecho que esto tuvo lugar durante el tercer mes.

¿Qué es tan especial sobre el atributo de “tres”, y cómo alienta unidad? Quizás, unidad parece más directamente relacionada al número “uno”.
La diferencia entre los números uno, dos y tres es la siguiente: “Uno” acentúa que desde el mismo principio existe solamente una cosa; “dos” es indicativo de división – la antítesis de unidad. “Tres”, sin embargo, ve una unificación de entidades desiguales – haciendo de “dos”,
‘uno”.

Este aspecto de “tres” es semejante a la declaración de nuestros Sabios que “Cuando dos pasajes bíblicos se contradicen uno al otro, el significado puede ser determinado por un tercer texto bíblico, que los reconcilia”.
Vemos aquí la cualidad notable del “tercero”. Sin el tercer versículo, los dos versículos en verdad se contradicen mutuamente. Entonces el tercero viene para reconciliar lo aparentemente irreconciliable. Además, hace así no “tomando parte”, es decir, concordando con un versículo y disintiendo con el otro, sino mostrando que los dos primeros versículos están realmente en consonancia.

Dado que la Tora está ligada al concepto de “tres”, como nuestros Sabios declaran: “Bendito es Di-s que entregó la Tora tripartita a la Nación tripartita… en el tercer mes”, es comprensible que la Tora como un todo tiene características semejantes a aquellas del número tres.
Esto se expresa a sí mismo en el hecho que aun cuando la ley de la Tora está aparentemente determinada no por un criterio reconciliador, sino por el acuerdo con una opinión y el desacuerdo con otra, aquellos inicialmente opuestos con-cuerdan no sólo con la decisión final sino también con la lógica que resultó en el veredicto: todos están pacíficamente unidos “con un corazón”.

Basado en Likutéi Sijotm Vol. XXI, págs, 108-112.

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