El mandamiento en el Sinaí

En el sexto día de Sivan del año 2448 desde la creación (1313 AEC), el pueblo entero de Israel estaba parado al pie del Monte Sinai. Allí, Di-s se reveló a nosotros y nos dio su Torá, Su “proyecto de creación”, y nuestra carta como “gente santa” y “una luz entre las naciones”. Desde ese entonces, el día ha sido marcado como la festividad de Shavuot.

La Torá funciona en muchos niveles. En el nivel más básico, es una guía para la vida en el sentido más elemental y técnico. Sus 613 preceptos (mitzvot) y sus cientos de cláusulas y leyes nos instruyen en lo “permitido” y “prohibido” de la vida, delineando lo permisible y lo prohibido, lo sagrado y lo profano, lo beneficial y lo perjudicial a nuestros cuerpos y almas.

Pero la Torá es más que un regulador de comportamiento. Fue “dada para refinar a la persona”: a depurar lo malo y cultivar lo bueno en nuestros corazones; a desarrollar nuestras mentes como vectores de verdad Divina, traer a la luz la “imagen Divina”, en donde nuestras almas han sido moldeadas.
Finalmente, la Torá es el vehículo para el más emprendedor de nuestros potenciales: “hacer este mundo físico un hogar para Di-s”, un lugar que albergue, exprese y sirva la perfección de los Divino.

Tres Nombres
La festividad en la que conmemoramos y re experimentamos la revelación en el Sinai tiene tres nombres, que corresponden a las tres áreas de la influencia diaria en nuestras vidas.
En las plegarias de Shavuot, nos referimos al día como Zman Matán Toratenu, “El tiempo del Recibimiento de nuestra Torá”.
En Deuteronomio 16:10, es llamado Jag Shavuot, “La festividad de las Semanas”. Esto, es porque la festividad viene después de una cuenta de siete semanas que comienza el segundo día de Pesaj.
Un tercer nombre para la festividad, también de origen bíblico, es Iom Habikurim, “El día de los Primeros Frutos”. En este día, los bikurim, los primeros frutos maduros de las plantaciones de los Israelitas, eran presentados al Cohén (sacerdote) en el Templo Sagrado, como ordena la Torá.

“Torá” significa “ley” e “instrucción”. El más básico significado del “Tiempo del recibimiento de Nuestra Torá” es que este era el día en el que 600.000 almas se reunieron en el Sinai y les instruyeron sobre “el camino en el que deben caminar y los actos que deben hacer”.

Pero Shavuot no es solamente “El Tiempo del Recibimiento de nuestra Torá”, es también la “Festividad de las semanas”, la culminación de un recorrido de siete semanas de auto descubrimiento y auto refinamiento. En el capítulo 23 de Levítico, la Torá instruye:
“Contarán para ustedes, desde el día siguiente a Shabat, desde el día en el que has traído el Omer, siete semanas completas. Hasta el día siguiente de la séptima semana, contarás cincuenta días; y deberás ofrecer una nueva ofrenda de comida para Di-s. Desde tus habitaciones traerás dos hogazas de pan para leudar…hechas de harina fina.. Y proclamarás este día como una festividad sagrada…”

En el segundo día de Pesaj (“el día después de Shabat”) un omer (una medida) de cebada era “levantada” y ofrecida en el Templo Sagrado en Jerusalém. Esto marcaba el comienzo de una cuenta de siete semanas “La cuenta del omer”, que era seguida por la “elevación” de los shtei halejem, una ofrenda de dos hogazas de pan, en la festividad de Shavuot.
Enseñanzas Jasídicas explican que el progreso entre el forraje animal (cebada) a comida humana (las “dos hogazas” preparadas de fina harina de trigo) significan el refinamiento del “alma animal” del hombre, su base e instintos materialistas, y su elevación al nivel humano de un alma forjada en la imagen Divina. Las siete semanas de la cuenta corresponden a las siete unidades básicas que dirigen el corazón de la persona, cada una conteniendo a las otras siete: cada semana de la cuenta es dedicada a la tarea de refinar una de estas unidades, y cada uno de los siete días de esa semana, a otro de los siete aspectos. En el día 50 llegamos a Shavuot, la Festividad de las Semanas, la perfección de todas las siete “semanas” del corazón humano.

El tercer nombre de la festividad, “Día de los Primeros Frutos”, representa al hombre que va más allá de sí mismo para desarrollar y elevar los recursos materiales de su mundo.
En Deuteronomio 26 leemos:
“Cuando entres a la tierra en la que el Señor, tu Di-s te está dando como herencia, y la heredas y te asientas en ella; deberás tomar de los primeros frutos de la tierra…ponerlos en una canasta. Y deberás ir al lugar en donde el Señor tu di-s eligió descansar Su nombre…”
Cada año, el granjero Israelita repetía el proceso, seleccionando de los primeros y más finos frutos de su campo para traerlos al Templo Sagrado en Jerusalém en la festividad de Shavuot. Al hacer esto, él proclamaba: Mis días están consumados con el trabajo de la tierra, mis noches con el pensamiento de la semilla, el suelo y el clima; pero el propósito de todo esto no es desarrollar el material para propósitos materiales, sino hacer de este mundo una morada para Di-s. “Mira, los primeros y mejores frutos de mi cosecha, las traigo aquí, al lugar elegido por Di-s para que more Su presencia”.
Semanas Disminuidas

La historia de una nación, como la historia de una vida individual, ha conocido tiempos de mayor y menor sofisticación espiritual. Así como en nuestras vidas hemos experimentado tiempos de profundo logro personal y universal así como también períodos en los que “funcionar” es meramente una pelea, así también, es con el progreso de Israel a través de las generaciones.

Si contemplamos los tres nombres de Shavuot, notamos que varían en nivel de su realización de período a período, de generación a generación.

La primera y más básica definición de la festividad es también la menos sujeta al flujo de tiempo. Cada mañana, agradecemos a Di-s por Su regalo de la verdad con las palabras; “Bendito eres Tú, Di-s, quien nos da la Torá”…”Das”, en presente, siendo que “cada día las palabras de la Torá deben ser como nuevas en tus ojos, como si la hubieras recibido hoy en el Sinai”. La instrucción Divina de la vida diaria es inafectada por las subidas y bajadas de la conciencia espiritual y del logro: Shavuot es de la misma forma “El tiempo del Recibimiento de la Torá”, en cada generación.

Este no ha sido el caso, sin embargo, con respecto a la designación de la festividad como “la Festividad de las Semanas”. El Omer puede ser ofrecido sólo en el Templo Sagrado de Jerusalém. Siendo que la Torá define la cuenta de las siete semanas desde Pesaj hasta Shavuot como el comienzo de “el día en el que traes el omer”, es la opinión de la mayoría de autoridades Halájicas que no hay obligación bíblica de conducir la “cuenta del Omer” cuando el Templo no está en pie. Hoy en día, todavía contamos los días y las semanas cada noche entre Pesaj y Shavuot, pero ésto es una institución rabínica, establecida por los sabios para conmemorar la “verdadera” cuenta que era conducida cuando la Divina presencia era una realidad manifestada en nuestras vidas. Bajo las circunstancias de hoy en día, hasta que el Templo sea reconstruido, Shavuot es “La Festividad de las semanas”, sólo en nombre, ya que no hay estado completo en la cuenta del Omer y en sus resultados.

Si solo una versión menor al “Festival de las semanas” puede actualizarse en edad de enfermedad espiritual, el “Día de los Primer frutos” está completamente ausente de nuestra observancia de la festividad hoy en día. Los Bikurim, también, requieren de la presencia de la nación de Israel en su tierra y en la Divina casa en Jerusalém; y en este caso, no hay ninguna versión “rabínica” para esta Mitzvá. En nuestra experiencia de hoy en día de Shavuot, no está incluida ninguna observancia conectada con este aspecto de la festividad.

Una Tarea, una Lucha y un Sueño
Una cosa no ha cambiado en todo el camino de la historia a través de la luz y la oscuridad de los tiempos espirituales: en todo momento, bajo cualquier circunstancia, tenemos la guía dada por nuestro Di-s para nuestro vivir diario. No importa qué luchas hayan en el interior de nuestras almas, no importa qué tan elusiva la meta de un mundo justo y armonioso sea, siempre podemos hacer lo correcto. Podemos siempre abrir la Torá que Di-s nos dio, estudiar lo que Él desea que hagamos en cierta circunstancia, y hacer que nuestro comportamiento sea acorde al deseo Divino.
En la búsqueda de auto perfección, la imagen es menos definitiva, nuestras habilidades más circunscriptas. Podemos todavía contar el omer, escalar los 49 escalones de la montaña a las siete semanas de plenitud del corazón. Pero hoy en día, nuestra “Festividad de las Semanas” no es sino uno eco de lo que era adquirible en tiempos más luminosos espiritualmente.

Con respecto al sueño de un mundo unido en servicio para Di-s, de una realidad física que revele más que oscurezca la verdad armoniosa de su Creador, sólo tenemos una memoria del tiempo en el que Shavuot era el Día de los Primeros Frutos. Todo lo que podemos hacer es recordar la dedicación de los agricultores Israelitas de la elección de sus campos para Di-s, esforzarnos en hacer lo mismo en nuestro respectivo campo de empeño, y rezar para que llegue el día en el que podamos experimentar la Divinidad en nuestras vidas y hacer verdaderamente nuestro mundo, una morada para Di-s.

Basado en las obras del Rebe, incluyendo la entrada de un reporte fechado en “Pesaj de 5701 (1941), Niza”.

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