David el surgimiento de un nuevo líder

D-os encomendó a Shmuel llenar una vasija de cuerno con aceite de oliva y ungir a un nuevo rey de entre los hijos de Ishai. Como Shmuel temía incurrir en la ira de Shaúl, que podría por ello intentar asesinarlo, enmascaró sus verdaderas intenciones invitando a Ishai y a su familia a un banquete. Cuando todos ellos llegaron a la fiesta, Shmuel pensó que Eliav, el hijo mayor, alto y de porte real, era el reservado por Hashem para ocupar el trono. Di-s, sin embargo, le dijo que no debía dejarse llevar por la apariencia. Shmuel se dio cuenta de que aquél, en quien Di-s había pensado, no se hallaba presente y preguntó si estaba allí toda la familia. Le contestaron que David, el menor, estaba ocupado cuidando el rebaño. Shmuel explicó que no podía sentarse a disfrutar del banquete a menos que lo trajeran. En cuanto Shmuel vio a David, se dio cuenta de que éste era el elegido y obedeciendo la orden Divina, lo ungió.

No juzgar un libro por sus cubiertas
Originalmente, Shmuel pensó que Eliav, el hijo mayor, era el elegido por Hashem para ser el nuevo rey. Su hermosura y majestuosidad habían engañado a Shmuel induciéndolo a creer que sería el nuevo monarca. Y por el contrario, al ver a David, lo sorprendió su rostro rubicundo y no pudo imaginar que fuese él el elegido de Di-s.
De aquí se puede extractar una importante lección. No se debe juzgar a una persona por su apariencia. Y este concepto queda bellamente ejemplificado en la siguiente historia:
La hija de un emperador se acercó una vez a un Sabio de Tora de fea apariencia y le dijo:
-¿Cómo colocó Di-s tanta sabiduría en un receptáculo tan desagradable?
El Sabio le contestó con una pregunta.
-¿Dónde guardas el vino?
-En recipientes de barro -fue la respuesta.
-¿Por qué no guardarlos en vasijas de oro como sería más apropiado?
La princesa lo meditó y decidió que era una buena idea. Al regresar a su casa volcó todo el vino de las bodegas reales a recipientes de oro. Dos semanas después dio una fiesta y ordenó a los mayordomos traer los nuevos y relucientes envases que contenían el vino. No obstante, al primer sorbo, todos los invitados arribaron a la misma conclusión: el vino se había vuelto agrio. Los envases lucían espléndidos, pero habían provisto escasa protección al vino. Al día siguiente la princesa se encaminó a la casa del Sabio a pedirle una explicación sobre lo ocurrido.
-Lo que acabas de aprender -replicó el Sabio- es cuan poco importante es la apariencia exterior.
El recipiente de barro puede haberte parecido ordinario, pero podía conservar el sabor dulce del vino, lo que no podía hacer la vasija de oro reluciente, con todo su esplendor.
Ocurre lo mismo con el aspecto de los seres humanos. Algunos parecen ser hermosos pero esto no significa que lo sean por dentro. En realidad, su preocupación por el aspecto físico los puede volver sólo interesados en sí mismos. Por el contrario, alguien feo puede resultar repulsivo, pero puede ser un ser bondadoso, sabio y hermoso interiormente. Las apariencias engañan. En consecuencia, no asumas que alguien de aspecto poco interesante es necesariamente inferior. A veces, el objeto o la persona de apariencia más insignificante encierra dentro de sí el tesoro más apreciado.
Luego de que la Providencia Divina lo abandonara, Shaúl cayó en depresión. Sus sirvientes lo notaron y sugirieron que se debía pedir a alguien que ejecutara el arpa en su presencia, con lo cual, quizás se aliviaría su depresión. Shaúl accedió. El elegido fue el hijo menor de Ishai pues, además de eximio arpista, era un joven bondadoso y valiente, un guerrero cauto que sentía amor a Di-s. Al ser traído frente al rey causó excelente impresión, fue designado portador de armas y su música contribuyó a aliviar el estado depresivo. Nuevamente los filisteos se habían armado contra Israel y Shaúl alistó a su gente para enfrentarlos. Los bandos en pugna estaban sólo divididos por un valle. Un día, Goliat, un enorme y poderoso guerrero perteneciente al ejército enemigo, comenzó a burlarse de los judíos preguntando cínicamente dónde estaba la protección divina con que contaban. Luego los desafió conminándolos a enviar a alguien a pelear con él. Si salía victorioso, los judíos serían esclavos de los filisteos, si su oponente ganaba, los filisteos serían los esclavos.
El pánico se apoderó de los judíos ante la vista de semejante gigante en el valle. Durante cuarenta días la situación estuvo en punto muerto, pues nadie aceptaba el desafío. David tenía tres hermanos mayores, Eliav, Avinadav y Shamá, quienes servían en el ejército de Shaúl. Ishai proveyó a David de comida para sus hermanos y le encomendó que averiguara qué novedades había en el campo de batalla. David así lo hizo dejando su rebaño al cuidado de otro. Allí vio que Goliat nuevamente formulaba su reto. Nadie del bando judío respondía. Se ofrecía una recompensa a aquél que aceptara enfrentarse con él: además de riquezas, el rey Shaúl le entre garfa a su hija en matrimonio.
David se mostró interesado e hizo varias preguntas a los soldados. Cuando llegó a oídos del rey Shaúl que quería confrontar a Goliat, el rey intentó disuadirlo manifestando que era demasiado joven, pero la insistencia fue tal que finalmente accedió y le dio su armadura y su casco. David, sin embargo, no estaba acostumbrado a usar armadura y se la quitó antes de entrar al campo de batalla. Solamente llevó consigo su cayado de pastor, una honda y cinco pequeñas piedras.
Cuando Goliat lo vio llegar, expresó su desdén por el joven. -¿Soy un perro que vienes a mí con palos? -rugió- ¡Acércate! ¡Y daré tu carne a las aves del cielo! -Tú vienes con tu lanza y tu jabalina -respondió David- pero yo vengo provisto del Nombre del Señor, mi Di-s, Quien te entregará a mí. Entonces todos sabrán que el Señor es el Di-s de los judíos. Di-s no necesita armas para depositarte en nuestras manos.
Como Goliat se iba acercando, David colocó una piedra en su onda, la disparó a la frente del filisteo y lo mató sin tener siquiera una espada en su mano. Corrió a apoderarse de la espada del filisteo y con ella le cortó la cabeza. Esto aterrorizó a los enemigos que huyeron presas del pánico. David llevó a Jerusalem la cabeza y las armas arrancadas al gigante. Luego de la victoria, David fue traído al palacio donde trabó fuerte amistad con lonatán, hijo de Shaúl.

La perseverancia es recompensada
En este punto del relato cabe mencionar que Goliat era biznieto de Orpa, la nuera de Naomi, que había retornado a su hogar moavita. David era biznieto de Ruth, la piadosa nuera de Naomi. Es interesante notar que ambas nueras habían querido retornar con Naomi a Israel y que Orpa había comenzado a dar cuarenta pasos hacia allí con ella. No obstante, Naomi intentó disuadir a ambas de conformidad con la ley referente a los gentiles que desean convertirse al judaismo y que establece que al principio se debe tratar de disuadirlos. Orpa retornó entonces a su primitivo hogar en Moav y a su cultura pagana. Fue Goliat, su bisnieto, quien se mofó del ejército de los judíos durante cuarenta días, en los cuales no fue atacado en recompensa por los cuarenta pasos que dio Orpa acompañando a Naomi.
Ruth, por el contrario, insistió en permanecer con Naomi, y con el tiempo se convirtió al judaismo, a pesar de que Naomi hizo todo lo posible por disuadirla. Ruth entendió las dificultades que debería enfrentar, y con todo anhelaba ser judía. En recompensa a su gran perseverancia, llegó a convertirse en bisabuela de David Ha-Melej y progenitura del Mesías. ¡Imaginemos! Dos personas en la misma encrucijada y enfrentando la misma dificultosa decisión: una perseveró hasta convertirse al judaismo y la otra no.

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