Sonido Expresivo

Todos tenemos momentos en los que sentimos más de lo que podemos expresar, cuando nos faltan las palabras…

Aquel que experimenta genuinos amor y temor bien sabe cómo las emociones a veces suelen ser de tan poderosa intensidad que impiden ser restringidos en el grado necesario para expresarse en pensamientos estructurados.
En el núcleo de todas nuestras emociones está Di-s.
Todo amor no es sino una refracción de nuestro amor por El. Todo temor no es más que una sombra de la reverencia que El nos inspira, y toda belleza empalidece ante Su resplandor.
El nombre Rosh HaShaná no significa “año nuevo”, ni “principio del año”, sino “cabeza del año”, el tiempo en el que todas las cosas, nuestros sentimientos, nuestras fortunas y nuestro destino, se magnifican y son vigorizados con nueva vida.
Todos sienten algo especial en las Altas Solemnidades. Estas sensaciones que experimentamos son la respuesta natural de nuestras almas al excelso clima espiritual de estos tiempos.
La Torá ordena que demos expresión al torrente de estos sentimientos, que clamemos de las profundidades de nuestra alma encendiendo la chispa esencial Divina que se alberga en el corazón de nuestro ser.
Sin palabras, por encima del pensamiento, este llamado retumba en el penetrante sonido del shofar.
“Despertad, vosotros soñolientos”, declara Maimónides, nos está diciendo el shofar.
“Vosotros que dormitáis… y olvidáis la verdad en las vanidades del tiempo, ¡mirad hacia vuestras almas!”
“Cuando el shofar resuena en la ciudad, ¿la gente no temblará?”, nos dicen las Escrituras.
Pues el shofar es un llamado hacia nosotros, y un llamado de nosotros. Sus tonos simples despiertan y estimulan nuestras cuerdas sentimentales espirituales, fundamentales, y les dan expresión.
El estímulo de los sentimientos espirituales del judío no debe constituir una experiencia privada. En cambio, el despertar encendido dentro de nuestras almas deber iniciar una reacción en cadena en el mundo que nos circunda, afectando no solamente a otra gente, sino a todos los elementos de nuestro entorno. Hasta al simple cuerno de carnero, el shofar.

El Gran Shofar

El Talmud señala otro mensaje comunicado por el shofar la aceptación de Di-s como Rey.
Nuestros Sabios expresan que es como si en Rosh HaShaná Di-s Se aproximara a la humanidad y le dijera: “Hacedme Rey sobre vosotros… ¿Cómo? Mediante el shofar”.
Tal como la coronación de un rey mortal es marcada por los estruendos de trompetas, nosotros expresamos nuestra coronación de Di-s como rey a través de hacer sonar el shofar.
El homenaje al rey expresa un compromiso que lo abarca todo; el súbdito se transforma en un “hombre del rey”, viendo su propia identidad personal consumida por su devoción al soberano.
Durante centurias, reyes gobernaron el mundo y este ejemplo era fácilmente comprensible. Hoy, ante la ausencia de una monarquía genuina, es nuestra relación con Di-s lo que se comprende mejor que la analogía misma, el sometimiento de la individualidad de un hombre a otro mortal.
Cuando se trata de conceptos espirituales, la analogía no es un mero dispositivo literario o una técnica pedagógica. Todo lo existente en el mundo de la materia es una expresión de la superior realidad espiritual. Había monarquía en el mundo, porque reinado (maljut es uno de los atributos de Di-s).
¿Cuándo se revelará Su reinado? Cuando “en ese día, un gran shofar se hará sonar. Y quienes están perdidos… y quienes están desterrados… vendrán y se inclinarán ante Di-s en la santa montaña, en Jerusalén”. En la Era de la Redención, “Di-s será Rey sobre toda la tierra Di-s será Uno, y Su nombre uno”.
En Rosh HaShaná, nuestra aceptación de Di-s como Rey debe portar en su núcleo un anhelo por aquel atesorado momento en el que Di-s “reinará sobre el mundo entero en Su gloria…, y Se revelará en la majestad de Su glorioso poderío sobre todos sus habitantes”.
Que nuestro compromiso de Rosh HaShaná evoque Sus bendiciones de bien abundante y evidente para toda la humanidad, un año de maravilloso bienestar en todos los aspectos, incluyendo el máximo y más absoluto bien universal, la venida del Mashíaj.

Extraído de El Rebe Enseña Editorial Lubavitch Sudamericana

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