Shabat Teshuvá – El Contador Judío

Reflexione este Shabat: “En el mundo que vivimos, más es menos y menos es más. ¿Cuánto invertimos en cosas significativas?”

[El siguiente es un extracto traducido libremente de una carta pública escrita por el Rebe de Lubavitch en los días de cierre del año judío 5716].

A medida que nos acercamos al cierre del viejo año y al inicio del nuevo, todo individuo de reflexión seria realiza un balance del año pasado, sobre el cual habrá de basar sus resoluciones para el año venidero.
A fin de que la auditoría sea precisa y se tomen resoluciones correctas, es menester cuidarse de no sobreestimar las propias virtudes y logros.
Pero no es menos importante, sin embargo, no exagerar las propias deficiencias y fracasos. Pues el sentimiento de desaliento —y quién habla ya de desesperanza, Di-s libre— es uno de los más grandes obstáculos en el empeño de la persona por mejorarse a sí misma.
Desafortunadamente, es posible que, aun cuando uno no exagere sus propias fallas, una contabilidad honesta muestre el lado negativo de la propia balanza moral y espiritual como bastante formidable. Quizás, incluso, como superando al propio lado positivo. Pero también en ese caso, la persona no tiene motivos para desesperar.
Pues (además del profundo remordimiento por el pasado y la firme resolución de cambio futuro que la evaluación debe devengar) se debe recordar siempre que todo lo bueno y santo es eterno e indestructible —dado que emana del alma, la chispa de Divinidad que hay dentro del hombre— mientras que los actos negativos son sólo temporarios, y pueden rectificarse y erradicarse a través de una genuina y apropiada teshuvá (arrepentimiento).
La apreciación de la mencionada verdad debe evocar en cada individuo, sin tomar en cuenta qué muestra su balance del año precedente, un sentimiento de aliento y esperanza para el futuro —a sabiendas de que sólo sus actos de bien son eternos, y han iluminado su propia vida, la de su familia, y la de todo Israel (pues “todos los judíos son responsables uno por el otro”’, unidos unos a otros como una entidad singular).
De esto resulta obvio también que aun si uno ve señales de una decadencia general —que la humanidad, como un entero, no logra volverse más sabia o más virtuosa— en verdad, el bien en el mundo crece y se fortalece más cada año, cada día, y cada momento. Pues los actos de bien de cada momento se añaden al bien acumulado en el mundo.
De modo que aun cuando el no-bien parece estar predominando, esto sólo puede ser temporario. En última instancia, el bien tomará la delantera y lo negativo se anulará totalmente.
Pues el Creador y Gobernante del universo ha decretado que, finalmente, todos harán teshuvá, y que El aceptará su teshuvá, de manera que “ninguno será olvidado”.

Basado en Likutei Sijot, Vol. IX, págs. 417-419

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