Un milagro de Rosh Hashaná

Todos han experimentado eventos que han pasado precisamente en el momento correcto. Pero muy pocas personas le dan tanto significado o las reconocen como milagros.
Sara y Joseph han pasado por las circunstancias más desafiantes en la vida. Sin embargo, han buscado el significado, y la mano Divina que guiaba sus vidas.
Mientras Joseph esperaba el tren para ir al trabajo en Manhattan cada mañana, trataba de entender el dolor que él y su esposa estaban teniendo. “Tiene que haber una razón para esto”, se decía a sí mismo.
El y Sara habían estado casados por varios años y querían tener un hijo, pero eran incapaces de concebir.
Sara miraba con envidia a las madres que empujaban los cochecitos en los parques y shoppings. “No tienen idea de lo afortunadas que son”, le decía a Joseph. Los amigos y familiares le decían con buena intención que va a llegar en el debido momento. Pero ese momento parecía que nunca llegaba.
Desde que se casaron y se mudaron a su acogedor hogar, Joseph soñaba con ser papá. Cuando hacía Kidush los viernes de noche, se imaginaba una mesa llena de niños cantando y diciendo palabras de Torá.
El sabía que Sara sería una mamá ideal. Era paciente por naturaleza y muy juguetona con sus sobrinos. Los hijos de sus amigas la adoraban. Joseph también era el preferido de los niños en la sinagoga, en donde repartía chupetines en las festividades. Entonces se preguntaban por qué no podían tener su propio hijo. Quizás Hashem quería algo diferente para ellos, ¿pero qué?
Cansados de decepciones, intentaron tratamientos de fecundación in vitro. El primer tratamiento no tuvo éxito. Pero siguieron teniendo fe e insistieron que la próxima vez iba a funcionar. Después de seis meses intentaron nuevamente, pero tampoco funcionó.

Una noche, mientras estaban preparando la cena, Joseph se preguntó si deberían tomar otro camino. “Quizás Hashem no quiere que tengamos un hijo de esta forma” dijo mientras los ojos de su esposa se llenaban de lágrimas. “Quizás deberíamos adoptar”.
Sará había soñado con quedar embarazada y dar a luz, y no quería darse por vencida. Pero tampoco quería entristecer a su marido. Quizás adoptar era la respuesta, y aceptó. Comenzaron a buscar en internet y librerías.
Una noche, cuando Joseph y Sara estaban leyendo en el estudio, Sara remarcó que en China, miles de niñas bebés eran abandonadas porque las parejas esperaban varones. “Eso es terrible” dijo José. “Más gente debería ir a China y tratar de adoptarlas”.
Sara estuvo de acuerdo que sería una Mitzvá adoptar a una de las niñas. Al día siguiente, llenaron los papeles para comenzar con el proceso de adopción.
A pesar de haber enviado los papeles a la agencia de adopción, una parte de ella no pudo abandonar la idea de tener su propio hijo, por lo que continuó con los tratamientos de fecundación in vitro.
Luego del tercer tratamiento, recibieron una noticia emocionante. Sara estaba embarazada de mellizos. Su alegría no tenía barreras, y muy pronto la mayoría de sus amigos y familiares supieron de la buena noticia.
A pesar de su alegría, Sara comenzó a cuestionarse preguntas incómodas. Se preguntó si podría manejarse con mellizos recién nacidos y una bebé adoptada al mismo tiempo. Estaba nerviosa por ello. Quería ser la mejor madre que podría ser. Pero seguía pensando en la niña de China que seguro estaba esperando que unos padres la rescataran. Ella le contó a Joseph sobre sus dudas, y estuvieron de acuerdo que tres niños de una vez, sería muy difícil.
Dolidos llamaron a la agencia para que abandonaran el proceso de adopción. “Dos niños serían suficiente para cuidar por el momento”, se dijo a sí misma. Así que dejaron por ahora la idea de adopción.
En unos meses, Sara reveló su embarazo. Hablaba emocionada con sus amigos sobre cómo sería una casa con hijos.
Pero después, una tragedia ocurrió. Sara había perdido a uno de los bebés. La pareja estaba devastada.
En Marzo, Sara dio a luz a una sana bebé, la cual llamaron Miriam. Todos estaban contentos por ellos, pero para Joseph y Sara, la celebración tenía una mezcla de tristeza por el bebé que habían perdido.
Después de unos meses, Joseph comenzó a pensar nuevamente sobre la adopción. Sara también estaba contemplando otro bebé, y como su esposo, no podía dejar de pensar sobre las niñas chinas que necesitaban una familia.

Una mañana, cuando Joseph se estaba yendo al trabajo, ella le dijo: “Quizás perdimos el bebé para que sepamos que debemos tener dos hijos, pero uno de ellos es la niña de China”
Joseph estaba sorprendido. “¡Que coincidencia!”, le dijo. Eso era exactamente lo que estaba pensando.
Llamaron a la agencia de adopción para continuar con el proceso que habían dejado cuando había quedado embarazada.
La mayoría de los papeles ya estaban completos. Lo único que les quedaba por hacer era ir al doctor para demostrar que estaban físicamente aptos para ser padres.
El turno de Sara con el doctor fue de rutina. El médico le dijo que estaba en perfecto estado y firmó los papeles.
Joseph fue unos días más tarde. Luego de algunos exámenes de rutina, el doctor firmó los papeles de adopción y los envió.
Pero después, el doctor pidió unos exámenes adicionales. A pesar de que la mayoría de los doctores nunca piden tantas pruebas, le explicó a Joseph que él es un poco anticuado y por eso siempre los requiere. José trató de no ponerse impaciente. Los papeles ya habían sido enviados. ¿Por qué molestaría con más pruebas?
Pero después de su radiografía de tórax, el médico lo llamó para discutir los resultados. “Noté algo en las radiografías que me molestó”, dijo. “Es probablemente una arteria obstruida. Tiene que verlo”. Le pidió a Joseph una tomografía. Los resultados lo sacudieron: Tenía una rara forma de cáncer.
El tumor era lo suficientemente grande para ser visible, pero era temprano para curarlo, le dijo el doctor. “Es un milagro que haya venido ahora”, le dijo a Joseph. “Si hubieras venido antes nunca lo habríamos detectado, y en unos meses más, sería demasiado grande para poder hacer algo”.
Tenía 38 años, había sido papá por primera vez, iba a adoptar a un niño, y ¿ahora tenía un tumor?

Pero por el hecho de haber ido al doctor en el momento preciso, se pudo recuperar. ¿Puede ser que su decisión de adoptar había salvado su vida?
Cuando Joseph le contó a Sara, sus ojos se llenaron de lágrimas. De pronto todo se aclaró para ella. “Es por eso que pasamos por todo esto”, dijo con una voz ahogada. “Es porque Di-s quiso que vayas al médico en el momento correcto. Quizás esa la razón por la que nos tardó tanto tiempo hasta que quedé embarazada, y que perdimos al bebé y decidimos adoptar. Fue todo para salvar tu vida”.
Joseph pasó por quimioterapia y su tumor se fue. Cuando se recuperó, los papeles habían sido procesados. Les llegó una foto por correo de una bebé con unos ojos color chocolate y pelo negro.
Joseph miró la foto y comenzó a decir nombres en Hebreo. De alguna forma Sara sabía y sentía que incluso a miles de kilómetros de distancia, ella debía ser su mamá.
Después de unas semanas, justo antes de Rosh Hashaná, se encontraban en una pequeña ciudad de China con su nueva bebé.
Pasaron el Año Nuevo Judío en Jabad de Guangzhou. Fue allí donde Joseph y Sará marcaron un nuevo comienzo con su segunda hija, quién la llamaron “Eliana”, que significa “Di-s me respondió”.
Joseph y Sara habían salvado a Eliana, dándole una segunda oportunidad teniéndola junto a ellos y educándola como Judía. Y ella había salvado la vida de su padre y respondido a sus más fervientes oraciones.

Por: Deena Yellin

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