Meditaciones de Shofar x 3

¿SABER O HACER SONAR?
El santo Rabi Jaim Abraham, hijo del primer Rebe, Rabi Shneur Zalman de Liadi, siempre acudía- aun cuando era muy anciano- a lo del tercer Rebe, Rabi Menajem Mendl de Lubavitch-el Tzemaj Tzedek, para oír el Shofar, aunque esto le causaba una gran molestia a su edad. Una vez, el Rebe le preguntó por qué se importunaba tanto; después de todo, podría organizar su propio minián (quórum para rezar). Rabi Jaim Abraham contestó: “Está escrito: Dichoso es el pueblo que conoce la teruá- sonido del shofar”, no dice: quién sopla el Shofar, sino “quién sabe la teruá.”

EL HACHA
El Baal Shem Tov le dijo una vez a su discípulo Rabi Wolf Kitzis que estudiara las reflexiones Cabalísticas que se meditan mientras se hace sonar el Shofar. Rabi Wolf estudió la importancia mística de los Nombres Divinos asociados con esta Mitzvá y tomó notas de ellos en una hoja de papel que guardó en un bolsillo, para poder leerlos mientras haría sonar el Shofar. El Baal Shem Tov no estaba contento con el hecho que estos secretos fueran escritos; el papel se resbaló de su bolsillo y se perdió.
El solemne momento llegó. Rabi Wolf buscó en sus bolsillos en vano, y se vio obligado a hacer sonar el Shofar sin saber en qué secretos Divinos debía meditar. Esto lo afligió a tal extremo, que lloró con su corazón desgarrado.
Después de las Plegarias, el Baal Shem Tov le dijo: “En el palacio de un rey hay muchas cámaras, y cada puerta tiene su propia llave. Pero hay un instrumento que puede abrir todas las puertas, y ése es el hacha.
Las meditaciones Cabalísticas son las llaves de las puertas en el Mundo Superno, cada verja requiere su propia meditación particular, pero un corazón quebrado y sumiso puede hacer estallar y abrir todas las puertas y todos los palacios celestiales”

EL TRATO
Un año, Rabi Levi Itzjak de Berditchev pasó un largo tiempo en busca de un hombre que fuera digno de hacer sonar el Shofar en su Sinagoga. Rosh Hashaná se aproximaba y aunque muchos virtuosos se postularon para el privilegio, rivalizando entre sí y demostrando su especialización en los impenetrables secretos Cabalísticos asociados con el Shofar, ninguno de ellos logró el puesto.
Un día, vino un nuevo postulante, y Rabí Levi Itzjak le preguntó en qué misterios meditaría mientras realizaría tan solemne Mitzvá.
“Rebe” dijo el recién llegado “soy sólo un judío simple; No entiendo demasiado sobre los temas ocultos de la Torá. Pero tengo cuatro hijas en edad de casarse, y cuando haga sonar el Shofar, esto es lo que tendré en mente: ¡Amo del Universo! Ahora mismo estoy llevando a cabo Tu mandamiento. Estoy cumpliendo Tu Mitzvá y estoy haciendo sonar el Shofar. Tú también Haz lo que yo quiero, y ayúdame a casar a mis hijas”.
“Amigo” dijo Rabi Levi Itzjak, “¡usted tocará el Shofar para nosotros!”

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