La teshuva de Rabí Saadiá Gaon

Rezaba fervientemente, con los ojos llenos de lágrimas, como si fuese un gran pecador arrepentido. Sus discípulos, conocedores de su santidad y pureza, no acertaban a explicarse esa conducta. Finalmente se atrevieron a interrogarlo y el Maestro respondió:

-No quisiera que piensen que he profanado la ley de la Torá, Di-s lo prohiba, pero aún así, tengo razón para arrepentirme y rogar a Di-s que me perdone. Le debo esta enseñanza a un judío sencillo, un hotelero.
En cierta ocasión, durante uno de mis viajes, pasé unos días en un pequeño pueblo, albergándome en la posada de un judío. El posadero no me conocía, pero me recibió con calidez y su atención fue excelente. A los pocos días, alguien me reconoció.
La noticia de mi llegada se divulgó en el pueblo y toda la comunidad se hizo presente en el hotel para darme la bienvenida y homenajearme. El hotelero, al enterarse de quién era su huésped, comenzó a honrarme y servirme con gran devoción y respeto, buscando desesperadamente nuevas y mejores maneras de atenderme.
Llegado el día de mi partida, el pueblo se congregó a mi alrededor nuevamente; esta vez para despedirme.
De pronto, abriéndose paso entre la multitud, apareció el hotelero con los ojos llenos de lágrimas. Se arrojó a mis pies, y, entre sollozos, me rogó que lo perdonara.
-Pero si hiciste todo lo posible por atenderme, aún más de lo necesario -protesté, y el hotelero se explicó:
-Yo suplico al Rabí que me perdone por los primeros días, cuando no sabía quién era y qué gran sabio se hospedaba en mi casa; cuando no supe servirlo como sé hacerlo ahora.
“Si un hombre puede servir a un semejante -carne y hueso- con tanta humildad y devoción, cuánto más amor y respeto debemos tener en nuestro servicio al Todopoderoso. Cada día aprendo más y más sobre el Creador y me avergüenzo de mi conducta del día anterior, cuando mi amor y devoción no eran tan grandes como hoy. Mi llanto y arrepentimiento no se deben a la transgresión de algún precepto -Di-s libre- sino a no haber servido a Di-s durante el año que pasó, de acuerdo a su Grandeza y Magnificencia, que ahora conozco mejor.

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