La parábola de la vestimenta

La porción de la Tora de Devarím se lee siempre en el Shabat precedente al ayuno del Nueve de Av, el que conmemora la destrucción del Primer y Segundo Templo. Este Shabat es también conocido como Shabat Jazón, el “Shabat de la Visión”.
El ilustre Rabí Leví Itzjak de Berditchev explica que el día es así llamado porque en este Shabat, “a cada judío se le muestra desde una distancia una visión del futuro Beit Ha-Mikdash”.
Por supuesto, la razón simple para el nombre Shabat Jazón es que, como es el Shabat más cercano al ayuno del Nueve de Av, nosotros (entonces) leemos la Haftará que comienza con las palabras “Jazón leshaiahu”, la “Visión de Ieshaiahu” – la última de las tres “Haftarot de Castigo”, versando sobre la destrucción de los Templos y los subsiguientes exilios judíos.
Comprensiblemente, más cerca este Shabat cae del Nueve de Av, más grande el sentido de castigo; cuando precede inmediatamente al Nueve de Av, o realmente cae el Nueve de Av (con el ayuno siendo relegado para el día siguiente), entonces la sensación de castigo está presente hasta un grado aún más grande.
Por supuesto, lo inverso es también cierto: A causa de su proximidad al ayuno del Nueve de Av, la visión del futuro Beit HaMikdash mostrada a nosotros en Shabat Jazón es revelada hasta un grado aún más grande cuando el Nueve de Av realmente cae en Shabat.

¿Cuál es la razón para esta visión del futuro Beit HaMikdash?
Rabí Leví Itzjak de Berditchev explica esto con una parábola de un padre que hizo coser una preciada prenda de vestir para su hijo, quien prontamente la desgarró hasta jirones. El padre hizo hacer una segunda prenda de vestir para él, pero el niño desgarró ésta también. El padre hizo coser aún una tercera prenda de vestir para su hijo, pero esta vez, sin embargo, él no permitió a su hijo vestirla. Él sólo lo autorizó a contemplarla en tiempos asignados, diciéndole que cuando comenzara a conducirse apropiadamente él le permitiría vestirla.
De este modo el padre disciplinó a su hijo para actuar de una cierta manera que finalmente se volviera tan arraigada dentro del niño y así se convirtiera en su segunda naturaleza. En este punto el padre obsequió a él la prenda de vestir y le permitió vestirla.
Todas las parábolas de la Tora, como parte de la “Tora de la Verdad”, son exactas en todos sus detalles. Esto debe ser seguramente así respecto de una parábola ofrecida por el santo Rabí de Berditchev.
En conformidad, debemos entender por qué Rabí Leví Itzjak asemeja los dos Santos Templos a prendas de vestir, cuando la naturaleza de una prenda de vestir es temporaria, mientras la cualidad innata de los dos Templos – si no fuera por las iniquidades del pueblo judío – fue aquella de permanencia. Esto es aún más intrigante dado que la parábola podía haber sido inferida usando moradas en vez de vestimenta.
Debemos concluir que, no obstante su naturaleza que no es permanente, una prenda de vestir contiene una cualidad de la que una casa carece, una cualidad que la hace una metáfora más apta para el Beit HaMíkdash que una morada.
Una prenda de vestir sigue estrechamente las proporciones del que la lleva, mientras una casa es mucho más grande que su habitante. La relación de una prenda de vestir con el que la lleva es así mucho más precisa que una casa con su habitante. Por lo tanto, uno puede decir mucho más sobre los atributos físicos de una persona por su ropa que por su casa, la que nos dice sólo sí el propietario es rico o pobre, etc.
Es éste el por qué la parábola se refiere a vestimenta antes que a casas: El Beit HaMikdash comprendía diferentes grados de santidad: el Patio, el Santo, el Sancto Sanctórum, etc. Esto es similar a diversas ropas, cada una de las cuales conforme con las dimensiones del que la lleva.
Esto también se considera cierto con respecto al servicio espiritual de un niño y el hecho de disciplinarlo a no desgarrar la vestimenta que se le da. En la analogía, esto significa que no sólo una persona se dedica a Di-s en un sentido general, sino que todos los aspectos particulares de un judío se vuelven tan armonizados con la voluntad de Di-s que él se vuelve incapaz de arruinar la “prenda de vestir” que se le da.
El niño entonces, recibe la tercera prenda de vestir – el Tercer Beit HaMikdash – no meramente en una visión en Shabat Jazón, sino en la realidad y para siempre.

Basado en Likutéi Sijot, Vol. XXIX, págs. 18-25.

Extraído de “Días solemnes de regocijo” de editorial Bnei Sholem

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