La neurología del Tiempo

Un segundo sigue al otro, una hora sigue a la otra, el lunes sigue al domingo… “Todo esta en la cabeza” y “Rosh Hashaná es la cabeza del año”… un centro “neurológico” que genera, procesa y controla los estímulos y las experiencias del cuerpo temporal que dirige.¿Se lo aclaro un poquito?

“Es todo en la cabeza”, es una descripción bastante precisa de la realidad de cada hombre. Si maltratas el dedo de tu pie, el suceso tiene importancia sólo para ti porque ha sido detectado por tu cerebro; si gritas de dolor, es sólo porque tu cerebro así ha elegido reaccionar a la experiencia.
Todo lo que percibes, sabes y sientes, se relaciona con el universo que está entre tus orejas. Cualquier acción que emprendes para extender tu ser e influir en el mundo “exterior” es primero concebida, considerada y ejecutada dentro de la cabeza.
‘I’odo lo que se haga al cerebro tiene un profundo efecto sobre la persona exterior. La alteración de su constitución química afecta la función y el comportamiento del cuerpo entero. Si una cierta porción del cerebro está dañada, Di-s libre, la facultad correspondiente queda inhibida, aunque la extremidad u órgano externo (el ojo, el brazo, las cuerdas vocales, etc.) esté sano y sea adecuado.
Los neurólogos incluso han aprendido a evocar ciertas respuestas externas, o mejorar la función de cierta facultad, estimulando la correspondiente área del cerebro.
Lo que es cierto del ser humano también es cierto de otra de las creaciones de Di-s: el tiempo.
El tiempo, también, tiene un cuerpo y un cerebro, una persona y una mente.
Cada semana, mes, año, etc., tiene su “cabeza” – un centro “neurológico” que genera, procesa y controla los estímulos y las experiencias del cuerpo temporal que dirige.

Nosotros estamos acostumbrados a considerar el tiempo como una serie de segmentos: un segundo sigue al otro, una hora sigue a la otra, el lunes sigue al domingo. Los días especiales -Shabat, Rosh Hashaná, Pesaj- tienen, cada uno, su lugar en la secuencia de días y meses retratados por nuestro calendario, siguiendo, y siendo seguidos, por los días “ordinarios” que los separan.
Esta, sin embargo, es lina percepción harto superficial del tiempo, tal como tina descripción dcl cuerpo humano en términos puramente físicos -pelo, piel, huesos, sangre, carne, tejido muscular y cerebral clasificados únicamente por su yuxtaposición espacial uno con el otro – es una visión harto superficial del hombre.

El tiempo es un organismo complejo, cuyas facultades y órganos diversos operan recíprocamente uno con el otro, cumpliendo cada uno su función individual e impartiendo su efecto sobre el conjunto.
Di-s creó la totalidad del tiempo – cada era, milenio, siglo, año y segundo de él- como un cuerpo singular, multifacético; sólo que nosotros, como criaturas finitas y temporales que somos, encontramos sus células de una a una, considerando el pasado como “pasado” porque nosotros hemos pasado por él, y el futuro todavía por ser porque nosotros aun no lo hemos experienciado.
Pero si aprendemos a ser sensibles a su estructura, podemos trascender la superficial línea del tiempo “secuencial” de nuestras vidas.
Si al entrar al componente “tiempo” que dirige un particular cuerpo temporal, lo imbuimos de una cierta cualidad y estimulamos su potencial de una manera determinada, podremos afectar profundamente los días y las experiencias de todo ese cuerpo temporal por entero, ya sea estén en nuestro “futuro” o nuestro “pasado”.

Coronación Anual
El primer día de la historia humana fue (si hemos de recurrir al verbo que empleamos para hablar del “pasado”) también la “cabeza” del tiempo.
Aunque el tiempo físico fue creado cinco días antes, su epicentro neurológico es el día de la creación del hombre, el foco y ápice de la creación de Di-s.
Lo que Adam (cuya alma englobó las almas de toda la humanidad) hizo en ese día está impreso en cada momento de los siguientes seis milenios de empeño humano.Momentos después de haber sido creado, Adam coronó a Di-s como soberano del universo1; desde entonces, el hombre ha sido facultado para incorporar las fuerzas y los recursos de su mundo en su servicio a Di-s, subyugándolos con ello a su Creador y provocando una conciencia Divina en un mundo espiritualmente mudo.
En ese mismo día Adam violó la Voluntad Divina, impartiendo a la experiencia humana su más grande infortunio (la muerte) así comotambién su más altísimo potencial (teshuvá – la capacidad de redefinir el mal como un impulso al bien).
En nuestras vidas individuales, también, nos encontramos con “cabezas” del tiempo, si bien a una escala menor.
El aniversario de la creación del hombre es Rosh Hashaná (“Cabeza del Año”) – un día que corporiza a todo un año2.
En este día, volvemos a comprometernos con nuestra misión en la vida, reiterando el coronamiento de Di-s por parte de Adam como Rey del universo.
Rosh Hashaná también abre los “Diez Días de Arrepentimiento” que culminan en Iom Kipur, días para sondear el alma y asumir nuevas iniciativas de compromiso; pues las resoluciones hechas en estos días “neurológicos” del año son mucho más efectivas: al haber estimulado el cerebro, el cuerpo sigue complaciente la corriente3.
En Rosh Hashaná también rezamos por vida, salud y sustento en el año que viene, pues éste, la cabeza del año, es el día en el que los actos del hombre son sopesados y sus necesidades para el año asignadas por el Supremo Juez y Proveedor.
Todo está en la cabeza.
En Rosh Hashaná entramos al cerebro del año; cada uno de nuestros pensamientos, palabras y acciones de este día reverbera a lo largo de todo su cuerpo.

Basado en Sijot diversas, incluyendo un maamar de Elul 18, 5739 (4)

Notas:
1.”Cuando Adam estuvo sobre sus pies, vio que todas las criaturas le temían y lo seguían como sirvientes a su amo. Entonces les dijo: ‘Vosotros y yo, juntos, vayamos, veneremos e inclinemonos, arrodillemonos ante Di-s, nuestro hacedor”‘ (Zohar 1, 221b). 2. Otras “cabezas” incluyen el Shabat – el centro neurológico del ciclo semanal, que sirve tanto como sublimador de los empeños de la semana pasada así como de dotador de fuerzas de la semana siguiente-, y la mente mensual de Rosh Jodesh (“Cabeza del Mes”), cada uno de cuyos momentos tiene una profunda influencia sobre el mes entero. 3. Estos dos aspectos de Rosh HaShana encuentran expresión en el sonar del shofar: el shofar constituye tanto la trompeta de coronación en nuestra elección de Di-s como nuestro rey, así como un llamado que nos despierta al arrepentimiento. 4. Sefer HoMaamarím Melukat, pág. 332. Véase Ateret Rosh, Shaar Rosh HaShaná.

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