La Metáfora del Espejo

Rosh HaShaná es un día de contrastes: un día de temblor y regocijo, de temor y festejo…

espejosRosh HaShaná es un día de contrastes: un día de temblor y regocijo, de temor y festejo. Por un lado, es el día en el que “todos los habitantes de la tierra pasan delante de El cual rebaño de ovejas”1, el día en que nos paramos trémulos ante el Rey Supremo y aceptamos el “yugo de Su soberanía” sobre nosotros. Por el otro, es una festividad, celebrada en medio de banquetes y regocijo. Como dijo Ezra (el líder judío que condujo el retorno a Israel del exilio babilónico) al pueblo en un Rosh HaSbaná hace unos 24 siglos: “Comed alimentos suntuosos, bebed bebidas dulces, y enviad porciones para quien nada tiene preparado, pues el día es santo para nuestro Señor; no estéis afligidos, pues el regocijo del Señor es vuestra fortaleza”2
Para explicar este fenómeno, la enseñanza jasídica cita el dictamen talmúdico de que “la soberanía terrenal es similar a la soberanía Celestial”3: examinando la manera en que un rey humano gobierna y se relaciona con sus súbditos, podemos comprender algo de la naturaleza de la soberanía de Di-s sobre la creación.
Rosh HaShaná es el día en que “coronamos” a Di-s como rey del universo; el día en que expresamos nuestro deseo de someternos a El y dedicar nuestras vidas a concretar Su propósito en la creación. Y tal como en la coronación de un rey mortal, cuando, pese a la naturaleza solemne e imponente de la ocasión, ésta es acompañada por agasajos y celebración gozosa, así sucede con nuestra “coronación” del Supremo Rey en Rosh HaShaná.
¿Por qué, en verdad, debe la soberanía de Di-s seguir el modelo humano? ¿Di-s precisa ser proclamado Rey? Y si un rey elegido por los humanos disfruta de la fanfarria y la festividad en su coronación, acompañada por la reverencia de la nación y el temor a su poder, ¿por qué debería esto determinar los “gustos” de Di-s?
Para responder a estas preguntas, debemos comprender antes el concepto mismo de la “metáfota” en la Torá. Pues lo mismo podría preguntarse de las muchas metáforas y parábolas que la Torá ofrece para explicar cómo Se relaciona Di-s con nuestra existencia, comenzando por la máxima metáfora para Di-s, el ser humano propiamente dicho. Iyov dijo: “De mi carne percibo a Di-s”4; en las palabras del Talmud: “De la misma manera en que el alma llena al cuerpo, Di-s llena al mundo”5. Las enseñanzas de la Cabalá y el jasidismo aplican este principio de centenares de maneras, mostrando cómo el complejo “microuniverso” que es el hombre refleja la manera en que el Omnipotente crea, sostiene, e interactúa con la Creación. ¿Por qué debería cualquier cosa en la naturaleza o experiencia del hombre “probar”, o siquiera indicar, cómo son las cosas en la realidad Divina?
Entre las 613 mitzvot de la Torá está el precepto de conocer a Di-s:
“Sabe hoy, y lleva a tu corazón, que Di-s es el Señor en los cielos arriba y en la tierra debajo; no hay ningún otro”6 y “Conoce al Di-s de tu padre, y sirvele con corazón integro”7. No basta con creer; la mera creencia por sí sola no te llevará a amarlo y temerle (“lleva a tu corazon ) ni hará que Su realidad permee cada aspecto dec tu vida (“sírvele con corazón integro”). Debes conocer a Di-s, comprender y apreciar aquellos aspectos dc Su realidad que pueden ser captados por el intelecto humano.
¿Cómo puede aprender la mente humana algo que, por definición, se encuentra más allá de sus parámetros finitos? Di-s creó la lógica y sus leyes; obviamente, ellas no pueden regir o definir Su existencia. De modo que nuestras herramientas lógicas ordinarias son totalmente inútiles aquí. Con todo, Di-s quiso que nuestra razón accediera a Su verdad. Por lo que “creó al hombre a Su imagen”5, diseñando nuestra realidad de modo que reflejara la Suya (en hebreo, la misma palabra adam “hombre”, se refiere al hecho dc que “adamé laElión”, ’soy parecido al Supremo’). Así, “de nuestra carne percibimos a Di-s” no porque contenga una verdad que se aplica también a El; por el contrario: porque ésta es la manera en que El es, y porque El eligió modelar nuestra realidad tras la Suya, podemos recurrir a ejemplos de nuestra experiencia en nuestro empeño por comprenderlo.
Además, Di-s no solamente “plantó” dentro de nuestras experiencias metáforas diseñadas para explicar ciertas cosas acerca de El. Hizo más que eso: eligió investir Sus propias “cualidades” en Su creación, análogamente como la naturaleza y los sentimientos de un artista pueden reconocerse en los matices de su obra.
Así, cuando decimos que el concepto humano de “reinado” es una metáfora para el reinado de Di-s, ello no significa apenas que Di-s nos dió una alusión en la historia y naturaleza humana para ayudarnos en nuestro estudio de “la soberanía del Cielo”. Significa que el Creador desplegó la existencia misma de la soberanía terrenal a partir de la así llamada “soberanía” que El Mismo posee. En consecuencia, su utilidad como metáfora no es circunstancial – no se da la “casualidad” de que sea algo similar sino que es intrínseca a su esencia como la huella mortal de una verdad Divina.
Ahora bien, ¿qué puede decirnos la experiencia humana de “coronación” acerca de Rosh HaShaná y nuestra coronación de Di-s como “Rey” del universo?
La soberanía en su sentido más auténtico, a diferencia del mero gobienro, es más que poder y dominio; involucra la sumision intencional de un pueblo a aquél que reconoce como su soberano. Uno no puede ser rey sobre bestias o esclavos compelidos, sino sólo sobre una nacion que elige libremente someterse. De modo que la verdadera relación rey-nación se logra sólo con una coronacion”, una expresión comunal del deseo de un pueblo de elegir, y someterse, a su rey. En consecuencia, la coronación incluye tanto una muestra de reverencia y temor por parte de la nación transmitiendo su sumisión al rey, como también el regocijo y la exuberancia que testimonia que esta sumisión no es la dcl gobierno por coerción, sino la voltintad libre y el deseo del pueblo.
Como todopoderoso creador y sostenedor de toda la existencia, Di-s es obviamente su regente supremo y exclusivo; pero sólo cl ser humano puede hacerlo “rey”. Unico entre las creaciones de Di-s, sólo al hombre se le ha otorgado libertad de elección y albedrío.
Así, durante los primeros cinco días de la creación, Di-s gobernó el universo. Su “coronación” como rey se produjo sólo al sexto día, cuando el primer humano abrió los ojos y reconoció a su Creador. En el primer Rosh HaShaná, Adam eligió a Di-s como su rey, y proelamó a toda la creación: “Venid, veneremos e inclinémonos, arrodillémonos ante Di-s, nuestro Hacedor”‘. Desde entonces y para siempre, el cumpleaños del hombre es marcado como la festividad en la que reafirmamos nuestro deseo de que Di-s asuma el reinado sobre nosotros.
El sonar del shofar en Rosh HaShaná se hace eco del resonar de las trompetas en la coronación, el suceso que, de hecho, crea la relación rey-nación al expresar la lealtad y el regocijo de una nación.
Basado en una Sijá de Rosh HaShaná.

Notas:
1.Talmud, Rosh HaShaná 2a. 2. Nejemia 8:10.3. Talmud, Berajot 58a. 4.
Iyov 19:26.5. Talmud, Berajot 10a. 6. Deuteronomio 4:39.7.1 Crónicas 28:9. 8.Génesis 1:27.9. Salmos 95:6.

Extraido de EL REBE ENSEÑA
Editorial Kehot

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