Carta del Rebe – Dias de Slijot

MENSAJE DEL REBE DE LUBAVITCH A LA JUDEIDAD MUNDIAL
EDITADO PARA ROSH HASHANA 5778
VERSION LIBRE

Baruj Hashem, Días de Slijot, 5729 Brooklyn, N.Y.
A los hijos e hijas de Israel En cada uno de sus lugares Hashem esté sobre ellos –tengan vida! Shalom y bendición! Se remarcó ya en numerosas oportunidades, que todos los asuntos de la Torá –el término Torá en su sentido de “horaá”, instrucción-, cumplen con la función de indicar la conducta a seguir en la vida cotidiana. Las festividades incluyen, se entiende, enseñanzas globales, y de especial importancia, cada festividad de acuerdo a su contenido particular. La fiesta de Pesaj, Tiempo de Nuestra Libertad, nos instruye sobre el verdadero sentido de la libertad. La fiesta de Shavuot, Tiempo de la Entrega de Nuestra Torá, nos indica principalmente, qué es la Torá. La fiesta de Sucot, Tiempo de Nuestra Alegría, nos transmite el profundo sentir y comprensión de qué significa la alegría. Rosh Hashaná –que marca el tiempo de la creación del mundo “Este1 es el día del comienzo de Tu acción, recuerdo del primer día” –nos brinda una enseñanza global sobre el génesis y sobre el objetivo de la creación toda.
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Algunos preguntan sobre esto que Rosh Hashaná esté definido como “este es el día del principio de Tu acción” –siendo que, esencialmente, Rosh Hashaná es el sexto día del Génesis.

La explicación de ello la dan nuestros Sabios2 , Zijronám Librajá: siendo que el hombre constituye el objetivo y la intención interior subyacente de la creación en todos sus componentes, resulta que con la creación del hombre se completó toda la creación3 , y ésta alcanzó su integridad. Por ende es como que el hombre representa a la creación toda, y previo a que él fuera creado es como que no hay existencia alguna.

Pero se presenta aquí el interrogante: ¿Cómo es posible afirmar esto cuando efectivamente sí existe un mundo de semejante magnitud más allá del hombre? Como está dicho4 : “Cuan cuantiosas son Tus obras Hashem”, “Cuan grandiosas son Tus obras Hashem”. Y por el contrario: observando a la creación toda, incluyendo al hombre, se ve que el “reino parlante” (el hombre), es menos numeroso que el animal, y mucho menos que el vegetal, y menos aún que el mineral 2 .
La respuesta es –y con ello se expresa una5 de las enseñanzas principales de Rosh Hashaná en relación a toda la creación: De acuerdo al esquema del mundo, lo que hay en mayor cantidad es el mineral, le sigue el vegetal, luego el animal, y sólo a continuación– el hombre. Esto todo cuando tomamos en consideración la cantidad. Pero desde la perspectiva de la calidad6 el orden es a la inversa: el mineral, que carece de señales de vida y crecimiento, ocupa el nivel más bajo. Por encima de él se encuentra el vegetal, que posee la capacidad de crecimiento, pero carece de las características de vitalidad y movimiento del animal. Por encima del vegetal está el animal, que a su vez está en una categoría inferior al hombre. Por eso carece de la inteligencia del hombre, la superior de todas las criaturas. A pesar de que también el animal fue dotado de cierta inteligencia7 , el intelecto del animal no posee valor propio sino que es un instrumento al servicio de las necesidades naturales del animal. Mientras que la inteligencia humana –si éste se conduce como un hombre y no como un animal- no es para servir a sus necesidades naturales, como comer, beber y similares, sino que el intelecto constituye un objetivo en sí mismo. Más aun: el objetivo y la perfección del intelecto se alcanza, no sólo cuando no consiste en ser sólo un instrumento para llenar las necesidades físicas, sino cuando, al contrario del animal, todos los temas, como comer, beber y similares, son instrumentales para el intelecto, para que el hombre pueda avanzar en los temas de sabiduría y espiritualidad, cada vez más y más alto.

Sin embargo, ésta no es aún la verdadera perfección del hombre. La perfección verdadera8 se alcanza, cuando la sabiduría lleva al hombre a reconocer que existe Quien está por encima del intelecto, hasta que el intelecto se anula frente a aquello superior a la razón lógica.
De manera más clara: la perfección del hombre se alcanza cuando su intelecto reconoce que el hombre, y con él el mundo entero, deben aspirar a anularse (subordinarse), y efectivamente se anulan (subordinan) concretamente frente al Altísimo, al Creador del mundo entero, Quien dirige a todo lo que hay en él. En el primer Rosh Hashaná se alcanzó esta perfección por medio del primer hombre, Adam. El llamó9 a la totalidad del mundo en su derredor (y logró el): “Venid, arrodillémonos e inclinémonos, prosternémonos frente a Hashem, nuestro Hacedor”.
Esta visión y sentir es actual y debe permear nuestra vida cotidiana. Lo vemos del hecho de que fue instituido como “Cantico del día”, cada semana durante todo el año. El sexto día de la semana [el viernes, n.d.t. ] (el día de la creación de Adam, el primer hombre), se recita el cántico: “Hashem se constituyó en Rey, se vistió con fastuosidad”, puesto que este fue el logro de Adam, que reconoció de inmediato el dominio de la Divinidad, y se elevó a sí mismo y a la creación toda a la anulación frente a “Hashem nuestro Hacedor”, el Rey de toda la Tierra.

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La lección general que nos llevamos de lo antedicho es, en síntesis:
Cuando el hombre reflexiona11 , observa que la mayoría de su vida y sus asuntos está dirigida hacia asuntos, que a primera vista, son materiales y mundanos, como la comida, la bebida, el sueño y similares, con sus preparativos correspondientes. Ve, que en el reino parlante, el humano, el número de personas “terrenales” es muy superior al de las “espirituales”. En general, ve alrededor suyo un gran mundo físico y material, inmerso en asuntos materiales. Todo esto puede llevar a la duda, a un pensamiento engañoso, que puede que los temas materiales y físicos sean lo más importante en el mundo.

Viene Rosh Hashaná y nos enseña, que la verdad es totalmente opuesta: efectivamente transcurrieron cinco de los días del Génesis y parte12 del sexto día, y sirvieron para la creación de diferentes criaturas. Sin embargo, el hombre específicamente, quien cuantitativamente, en tiempo y en espacio, es una parte ínfima de la creación, es él el principal y el objetivo de la creación toda. Y en el propio hombre no es el cuerpo13 , “polvo14 de la tierra”, lo principal, sino el alma, que el Altísimo inyectó en él en un instante (“Y sopló en sus narices un alma de vida”), una parte de D´s de Lo Alto, literalmente15 . Sólo a partir de que fue creado el hombre, con la chispa Divina que hay en él, adquirió la creación toda valor y perfección. De manera que el hombre es descripto justificadamente como “el principio” de la creación, de todos los componentes de la existencia, “este es el día del comienzo de Tu acción”.

De aquí surge una indicación más cercana a la práctica: cuando se habla con un judío sobre la imperiosa necesidad de estudiar Torá y observar los preceptos, mitzvot, en la vida diaria, de acuerdo al mandato del Altísimo, el Creador del mundo, Quien supervisa a cada hombre y mujer, en todo lugar y en todo instante, hay algunos que preguntan: si en verdad es éste el objetivo de la creación ¿cómo es que el número de observantes de la Torá y los preceptos en todos sus detalles no constituye aún el número mayoritario? ¿Y cómo es que el pueblo judío en general es una pequeña minoría entre los pueblos? Viene Rosh Hashaná y enseña y enfatiza: “Este es el día del principio de Tu acción”. Lo principal no es la cantidad, sino la calidad. Todo hombre16 tiene la capacidad de influir sobre su radio de acción en el mundo, al punto de que un único hombre tiene la capacidad de elevar al mundo entero, en una medida donde no sólo él, sino todo en su derredor, sienta el “Hashem se constituyó en Rey, se vistió con fastuosidad”, la coronación del Altísimo como rey sobre el mundo entero. Y en realidad, este es el primer17 asunto de lo que significa tocar el shofar: es la expresión de la “coronación” del Creador como Rey de todo el mundo.

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Sea la Voluntad Divina, que cada hombre y mujer en el seno de la Congregación de Israel, lleve a cabo lo antedicho, en su parte de influencia en el mundo, y de manera que por medio de juntar todas las partes18 , el mundo todo reconozca la Soberanía Divina, y que se materialice y cumpla realmente pronto, junto a todas nuestras plegarias, el pedido de: “Reina sobre el mundo todo… y que sepa cada criatura19 que Tú la Has creado…. Y que diga todo aquel que posee alma en su nariz: Hashem el D´s de Israel 20 es el Rey y Su reino gobierna sobre todo”. Con bendición para una inscripción y sellado bueno para un año bueno y dulce,

/Fdo. Menajem Schneerson/

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