El objetivo: Trascender…

Cuatro caballos tiraban de un carro, pero el cochero se negó a colgar la bolsa de comida alrededor de su cuello… De esta forma les era imposible comer, como usualmente hacen los caballos, mientras avanzan por el camino….


Al principio estaban intrigados, pero entonces uno de ellos dijo: “Quizás no somos caballos, después de todo. Quizás somos seres humanos, y seremos alimentados, como es usual, al arribar”. Cuando llegaron, avanzaron en dirección a la cocina como lo hacen las personas, pero para su sorpresa, fueron llevados al establo. Ahora estaban muy hambrientos. Esperaron y esperaron, pero el alimento no llegó. “Bueno” dijeron. “Evidentemente no somos personas. Debemos ser ángeles que no necesitan comer”
Pasaron las horas y desfallecían de hambre. Los caballos se esforzaron en creer que eran realmente ángeles. Pero al rato llegó el cochero, con un gran saco de avena y lo volcó delante de los animales. Los equinos se agolparon frente al cubo de comida, y mientras masticaban, uno de ellos dijo: “Supongo que, después de todo, somos caballos”.
A pesar del hecho de que un caballo es un caballo, cada creación del mundo debe tratar de elevar su condición, de trascender. Todo elemento del mundo pertenece a uno de los cuatro grupos: Silencioso- domem- minerales, piedras, agua, etc. Vegetal- Tzomeaj- plantas, flores, árboles. Animal-Jai- los animales. Parlantes-medaber- los humanos.
Cierta vez, un judío manifestó al Rebe de Lubavitch que tenía todo lo que necesitaba, estaba satisfecho con su vida, familia, etc. y no tenía necesidad de estudiar la Torá y observar las Mitzvot. El Rebe le respondió que cada cosa en el mundo tiene un propósito, y no sentirá verdadera satisfacción hasta que no lo complete. Por ejemplo, un diamante en bruto no está usando su potencial. Sólo cuando el minero lo extrae, lo vende al joyero- quien lo corta, pule y talla creando una alhaja preciosa, el diamante, sólo entonces, se ha liberado. Ahora es “feliz”. Pues mientras estaba en la tierra no había alcanzado su objetivo. Si la semilla permanece del mismo tamaño, sin crecer, cual un mineral (domem) no se sentirá liberada. No le molestará permanecer en su lugar, pero será “feliz” si se convierte en árbol. Si permitimos que el animal crezca pero le indicamos que permanezca en el mismo sitio cual un árbol, le causaremos un sufrimiento. El animal debe moverse libremente para sentirse “feliz”. El ser humano que vive libre como el animal, aunque viva confortablemente, nunca será feliz. Pues está viviendo cual el animal, alcanzando únicamente sus necesidades físicas y no las espirituales. Él ha construido su prisión, es el prisionero, el guardián, sin permitirse liberarse. Cada persona necesita trascender su existencia y ayudar a otro. El Rebe le explicó que el judío tiene un propósito más elevado aún. No le basta con sólo ayudar a otros. El iehudí debe alimentar su Neshamá para sentirse satisfecho y feliz. Y el estudio de la Torá y el cumplimiento de las Mitzvot son el alimento indicado.
En Rosh Hashaná tomamos un cuerno de carnero y lo hacemos sonar. Emerge un sonido simple, el sonido del dolor y el arrepentimiento que nos conduce a la Teshuvá. Pero además cuando hacemos sonar el Shofar, coronamos a Hashem como Rey del Universo, aceptando sobre nosotros el yugo Divino. Sólo a través de servir a Di-s la persona trasciende, alcanzando su realización absoluta.
(Adaptado del Neshei Chabad Newsletter, Elul 5763)

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