De Elul hasta Iom Kipur

Nuestros Sabios nos cuentan que una las causas que ocasionó la destrucción de nuestro Beit Hamikdash -Templo de Jerusalem- fue que los judíos se comportasen de acuerdo a la Torá.

Elul y siluetaA simple vista, estas palabras suenan extrañas. ¿Qué más espera el Creador, de Su pueblo elegido que comportarse de acuerdo con Sus enseñanzas?
Sin embargo, a la luz del Midrash, las palabras de nuestros sabios adquieren el verdadero matiz que éstos quisieron darles.
El Midrash nos cuenta que cuando el Creador se dispuso a crear al hombre, pidió el consejo de Sus servidores.
Llamó a la Torá y le dijo:
-Crearé un hombre. Pero si este pecara contra Mí ¿qué he de hacer?
A lo que la Torá respondió:
- Que traiga una ofrenda de expiación y su falta le será perdonada.
Preguntaron a su vez a Di-s:
- ¿Si el hombre pecara, que será de él? Y Di-s respondió:
-Que se arrepienta y retorne a Mí, ofrezca un sacrificio de expiación y será perdonado.
De este modo las palabras de nuestros sabios se tornan comprensibles. Los judíos fueron desterrados de su tierra tras la trágica destrucción del Beit Hamikdash, como castigo por que observaban tan sólo el consejo de la Torá.
Ofrendaban el sacrificio expiatorio sobre el altar, pero carecían del sincero arre-pentimiento.
Tras el mes de Av, mes en el que año tras año recordamos dicha terrible época, con la finalidad de derivar, de su conme-moración, las conclusiones correctas, le sigue a continuación el mes de Elul con su propio mensaje.
El mensaje de Teshuvá – el retorno adquiere un carácter especial, en este mes.
Como muestra de Su amor hacia Su pueblo, es que Di~s, en Su magnífica bondad, se auto impuso aceptar la Teshuvá del judío, en cualquier oportunidad que éste decida abandonar la senda del pecado.
Y a pesar de que la Teshuvá es oportuna en cualquier ocasión del año, sin embargo los días del mes de Elul, los últimos del año, se hacen mas propicios a tal efecto.
Rabí Shneur Zalman de Liadí -fundador del movimiento Jabad-Lubavitch- da un ejemplo muy esclarecedor al respecto, en su libro “Likutei Torá”.
Todo el año, aquel que desea ser recibido en una audiencia especial con el Rey, debe primero pasar por guardias, secretarios, jefes de cámara, consejeros, en fin, toda la maquinaria burocrática que reglamenta la conducta dentro del palacio real. Cada una de estas personas deberá entender la causa del especial pedido de
audiencia, y autorizarla como causa válida, dificultándose a cada paso la posibilidad de llegar a la ansiada audiencia real.
Sin embargo, el Rey, en su afán de hacer el bien para con su querido pueblo, no se contenta con el periodo establecido para las audiencias, sino que, en una época del año, sale de su palacio hacia el campo y se encuentra cara a cara con sus súbditos, recibiéndolos con beneplácito y sonrisas, atendiendo sus pedidos, concediéndolos.
Del mismo modo -dice Rabí Shneur Zalman- eligió Di-s al mes de Elul, a pesar de que la Teshubá es aceptada en todo el año, como mes dedicado especialmente a este fin.
Durante el mismo, el acceso a los Portones Celestiales se facilita, dándole a cada judío la posibilidad de penetrar por ellos.
¿Por qué precisamente, el mes de Elul fue el elegido para esta “época de gracia”?
Cuando el pueblo judío se encontraba en el desierto, cincuenta días después de la salida de Egipto, el 6 de Siván, Di-s se reveló ante ellos, dándoles Su Torá.
Al día siguiente Moshé ascendió al Monte Sinaí, por un periodo de cuarenta días. Los judíos erraron el cálculo de estos cuarenta días y pecaron con el “Becerro de oro” pensando que Moshé no retornaría.
Cuando Moshé descendió del Monte Sinaí, el 17 de Tamuz, encontró a su pueblo sumido en la más aberrante idolatría. La espiritualidad de las Tablas de la Ley, su Divina Escritura, chocó contra tamaña demostración idólatra y éstas cayeron de manos de Moshé, rompiéndose.
Después de que Di-s diera su consenti-miento a entregar unas segundas tablas, Moshé ascendió nuevamente al Monte Sinaí, por cuarenta días. Era el primer día del Mes de Elul.
Para evitar que el pueblo incurriera nuevamente en su error anterior, Moshé ordenó que se hiciera sonar el Shofar todos los días, hasta su regreso.
Cuarenta días después, el 10 de Tishrei -Iom Kipur- Moshé descendió del Monte portando las nuevas Tablas y la noticia de que sus ruegos habían sido aceptados por el Creador, Quien le dijo: “Salajti kid-vareja” -’Perdoné, de acuerdo a tus pala-bras’- (Números 14:20).
Desde ese momento, quedaron fijados estos días como días de retorno. Días en que cada judío pide perdón al Creador por las faltas y transgresiones que ha co metido durante el año entero y es aceptado plenamente.
El clímax de este ambiente de “perdón” se alcanza el 10 de Tishrei, Iom Kipur, el día en que Di-s había perdonado a nuestros antepasados.
Rosh Hashana, climax de Tishrei, es el día en que Di-s juzga a todos los miembros de la Creación, especialmente al hombre.
En ese día establece si va a ser rico o pobre, sano o enfermo, si va a vivir o no, qué será de él en este año nuevo que se inicia.
Y por ello es que el momento propicio para el retorno y la enmienda de toda falta son los días que anteceden al juicio, el mes de Elul.
Durante estos treinta días, el judío habrá de examinar sus obras del año que culmina. Hará un balance minucioso de su conducta para ver si está en acorde con la voluntad expresada en la Torá. Ha de tomar en cuenta hasta el más mínimo detalle, tal como lo haría cualquiera que debe comparecer ante un juzgado terrenal y pretende salir victorioso en su juicio.
Y frente al Juicio Celestial no hay cosas ocultas. De ahí la imperiosa necesi-dad de enmendar hasta los más ínfimos detalles, que no pasan desapercibidos ante el Rey de los Reyes.
Nuestros sabios nos explican de qué modo debe hacerse esa preparación para
que resulte efectiva, garantizándonos un año de abundancia y paz, física y espiritual.

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