Conquistando nuestra naturaleza

En la semana antes de Rosh Hashaná, es costumbre levantarse muy temprano y decir Selijot, oraciones que piden perdón de Di-s. Al pedir perdón, tenemos no sólo que recordar las cosas malas que hicimos, sino también las cosas buenas que no hicimos. Es fácil entender por qué necesitamos del perdón por las cosas que hicimos mal. Sin embargo, no siempre reconocemos las implicaciones de largo alcance de una oportunidad perdida. El no actuar, no siempre produce una pérdida visible. De hecho, la magnitud de lo que perdemos cuando desaprovechamos una oportunidad es difícil de medir. Eso es porque la auto- evaluación requerida puede ser difícil e incluso dolorosa. No alcanza, en esta semana antes de Rosh Hashaná, antes del comienzo de un nuevo año, antes del Día del Juicio, hacer una valoración general de nuestra conducta. No es suficiente tomar resoluciones generales para mejorar.

Un jugador de golf no mejora diciendo que no pegó a la pelota demasiado fuerte; un ajedrecista no mejora diciendo que es débil en el jaque mate; un vendedor no mejora diciendo que carece de la habilidad para vender; y un estudiante no mejora diciendo que no es bueno en matemática. En cada caso, la debilidad específica tiene que ser analizada.

Después sigue la resolución, el acto de voluntad, mejorar. Y las acciones para mejorar.

Primero, el jugador de golf tiene que entender que es un jugador de golf, el ajedrecista reconoce que es un ajedrecista.

Así también, nosotros – al analizarnos, debemos reconocer primero quiénes somos, o más bien, por qué estamos. Sólo entonces podemos evaluar nuestras limitaciones y tomar las resoluciones y planear la mejora.

Adám, el primer hombre, difiere de todas las otras criaturas. Di-s puso en él un espíritu Divino; el hombre se creó a la imagen de Di-s. Di-s le dijo al hombre qué habilidades tenía y cuál era su misión específica: “poblar la tierra y conquistar y gobernar a todas las criaturas”.

El hombre, que posee un alma que es una parte de Di-s, reconoció a su Creador. El hombre, creado a imagen de Di-s, reflejaba lo Divino. Debía conquistar y gobernar el mundo para que cada aspecto de la creación también reconociera – y expresara – la Presencia Divina.

Pero, antes de que podamos gobernar el mundo, tenemos que conquistarnos, transformar la “tierra” y “animales” que hay dentro de nuestra propia naturaleza. Y así como el jugador de golf, el ajedrecista, el vendedor y el estudiante necesitan instrucciones específicas, nosotros tenemos las instrucciones específicas de cómo conquistar nuestro interior. La Torá es el manual de instrucciones, para impulsar e iluminar la existencia física con la luz de la Unidad de Di-s.

Di-s creó al hombre solo, para que cada individuo comprenda que debe cumplir su tarea como si no existiera otro ser humano. Y si no desempeñamos esa labor, si no usamos nuestras habilidades proporcionadas por Di-s para transformar nuestra naturaleza interna y la naturaleza exterior, no sólo que perdemos,  sino que nuestra falta de acción afecta al mundo entero.

Adaptado del Le’Chaim

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