Ester:”Una paradoja”

Fue criada por su primo Mordejai, un miembro del Sanhedrín, la corte superior judía. Era un hombre inteligente, sabio y valeroso. Cuando ella creció, se casaron. Era el final de un cuento de hadas para una muchacha huérfana.
Y entonces, golpeó el desastre. Ajashverosh, el rey persa, que había ejecutado a su consorte Vashti por desobedecerlo, buscaba una nueva reina. Exigió que cada mujer atractiva en el imperio fuera traída ante él para seleccionar a la más adecuada para ser su esposa.

Ester tuvo el infortunio de estar entre las candidatas. Para ella era un destino peor que la muerte. Pasó un año en el harén, esperando por su turno para ir ante el rey. Ester se negó a todos los cosméticos que le ofrecieron, porque no quería ser reina – sus sueños estaban en otra parte.

Discretamente, se las arregló para cuidar de su fe. Finalmente, estuvo ante Ajashverosh. No sólo su belleza física lo atrapó. Había una luz interior, una belleza más profunda que iluminaba su cara, y el rey quedó encantado por el aura que la envolvía. Y Ester fue coronada reina.

Ella no contó a nadie sus orígenes. Todos la imaginaban como una de su propio pueblo – y el silencio habla todos los idiomas. Y quizás, por eso fue tan querida.

Los años pasaron. Ester era una paloma encerrada en una jaula dorada, y todo lo que anhelaba era ser libre. Mordejai se detenía fuera del palacio cada día para inquirir sobre ella. Y Ester esperaba por el día en que estarían juntos de nuevo.
Siete años. Hamán subió al poder. Todos se arqueaban cuando pasaba el primer ministro, salvo Mordejai. Hamán, enfurecido, planeó matar a Mordejai y a todos los judíos…

Mordejai se puso la arpillera y se acercó al palacio así vestido. Ester le envió ropa fresca y exigió saber por qué se está lamentando. Mordejai le contó la riqueza que Hamán había prometido entregar al rey si estaba de acuerdo en matar a los judíos. Y entonces Mordejai suplicó: “¡Ve al rey y pide que salve a tu pueblo!”
“Cualquiera que entra en las cámaras del rey sin permiso puede ser decapitado. Quizás mejor esperar a ser llamada”

Pero Mordejai le dijo: “Es por esto que eres reina. No pienses que puedes escapar del destino de todos los judíos escondida en el palacio del rey. Si callas, la ayuda vendrá a los judíos de alguna otra fuente, pero tu serás olvidada entre tu pueblo”
Ester fue y aceptó su destino – dejando de lado su futuro personal. Ella iría al rey de propia voluntad, y la ley judía le prohibiría volver a su marido. Consciente de la pérdida, emitió una orden:

“Reúne a todos los judíos en Shushan. Durante tres días ayunen y oren a Di-s por el éxito de mi misión, yo ayunaré con ellos. Intentaré interceder ante el rey”

En el tercer día, Ester vistió el vestido real y las joyas de la corona. Su cara brillaba. Entró en la cámara del rey que estaba sentado en su trono. Él alzó sus ojos y la vio ante él. Ajashverosh se levantó y dijo: “Dime qué deseas, y así se hará.”

Ester invitó al rey con Hamán a una fiesta…

El final de la historia es el que todos sabemos. ¿Y Ester? Quizás más duro que esos primeros años en el palacio fueron los años que les siguieron. Inicialmente, se pudo haber confortado pensando que había sido coronada para salvar a los judíos. Pero sabiendo que nunca podría salir, y que relegaba para siempre una existencia entre extraños era muy doloroso. Sólo pidió que se celebre Purim cada año, y que su historia se recuerde por siempre. Que se la recuerde – en nuestras mentes y corazones – como quien realmente era – no la reina de Persia, sino la muchacha huérfana judía que dio su vida por su pueblo.

Adaptación libre de Meguilat Ester y Midrash Ester Raba por Jana Silverstein, Alef, Chabad Ithica

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