Descubrir los milagros

Todo el mes de Adar es un período de alegría. La razón de la misma, que llega a su máxima expresión en Purim y Shushan Purim, es el milagro de la salvación de los judíos en la época del rey Asuero. Sin embargo, a lo largo de la historia del pueblo judío encontramos muchas milagrosas redenciones, pero ninguna nos otorgó una festividad que concentre tanta alegría.
En realidad, existen dos tipos de milagros: los que rompen las leyes de la naturaleza (como la apertura del mar, o las plagas en Egipto), y aquellos en los que no sucede nada sobre natural, y sin embargo en ese caso, el milagro es mayor.
El Jasidut explica que el milagro de Purim es más grande que el de Janucá y Pesaj (donde sí se rompieron las leyes naturales). El milagro de Purim es la “suma de diferentes hechos” que juntos revelan la maravillosa mano de Di-s, que conduce cada movimiento.
El milagro que sucede envestido en la naturaleza demuestra que la misma no es otra cosa que un instrumento del Creador. Es decir que, todos los sucesos mundiales, las decisiones de los jefes de Estado, los acontecimientos militares y políticos- son en realidad la manifestación de la mano de Di-s. Purim nos enseña que la “unión de los hechos” no es otra cosa que una máscara que oculta la Supervisión Divina, la que provoca que se vean simplemente como casualidades. Sin embargo, de ellas surge la salvación.
Debido a ello, la alegría de esta fiesta es generada por el reconocimiento de la presencia de Di-s en todo lugar y momento y de que Su Supervisión nos acompaña constantemente. Por eso, recitamos en la Plegaria -tres veces al día- “por Tus milagros que están con nosotros diariamente” Si alguien se enfermó y luego sanó, nos parece simplemente natural. Sin embargo, sabemos que debemos agradecer a Di-s. La conducta de Mordejai demostró que él sabía que el decreto de Hamán se debía cuestiones espirituales. Por eso actuó en ese terreno: decretó un ayuno, estudió Torá con los niños, pidió que se hiciera Teshuvá. Mordejai entendió que una vez corregida la falla espiritual, la salvación llegaría de una u otra forma.
Si nos proponemos estar fuertes en nuestra fe en Di-s y nuestro apego a Su Torá, tendremos el mérito de “ver” los milagros que nos acompañan cada día, a cada instante.
(Adaptado del Sijat Hashavua)

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