Y el Mashiaj… ¿dónde está?

Los días de Pesaj, que acaban de terminar, incrementan esa añoranza y espera…

El mes de Nisán es el mes de la Gueulá- Redención- un momento especial. Los días de Pesaj, que acaban de terminar, incrementan esa añoranza y espera. Encontramos que todos los Rebes de Jabad mencionaban insistentemente el tema en esta época del año.

Rabi Shneur Zalman, el primer Rebe de Jabad, acostumbraba a decir al concluir el Seder de Pesaj: “Amo del Universo: He cumplido con Tu Voluntad y he llevado a cabo el Seder como debe ser. ¡Ahora, por favor, Haz Tú mi voluntad- “Le Shaná Habaá B’Irushalaim! (“¡El año próximo en Jerusalem!”)”

También Rabi Shneur Zalman, que confeccionó el texto de la Hagadá de Pesaj de acuerdo al rito Jabad, omitió la última frase que figura en todas las Hagadot y que versa: “Jasal sidur Pesaj…” (“Ha concluido el Seder de Pesaj…”). La omisión tiene una explicación: Las enseñanzas del Seder de Pesaj deben acompañarnos a lo largo de todo el año.

Por supuesto que cada uno de nosotros lleva consigo infinidad de detalles que reforzarán nuestro servicio a Hashem para todos los días que restan hasta el próximo Pesaj, pero quiero relatarles un pequeño episodio que me ha dejado un fuerte mensaje.
“Sucedió en la noche del segundo Seder. Junto a nosotros, se encontraban otras dos familias festejando Pesaj. Una de ellas acostumbra a acompañarnos casi todos los años y disfrutamos juntos de esta especial velada. La segunda familia vivía por primera vez la experiencia del Pesaj. Todo era nuevo y atractivo. Durante la primer parte mi esposo relató la Hagadá y nuestros hijos se dedicaron a salpicar con interesantes comentarios la atractiva narración. Después, la cena festiva, en la que nos deleitamos no sólo con los manjares de Pesaj, sino con divertidas historias y canciones. Y finalmente llegó uno de mis momentos preferidos. La copa del Profeta Eliahu se llenó y enviamos a los niños en compañía de un mayor a la puerta a recibirlo. Mi esposo explicó quién era Eliahu Hanaví y por qué nos visitaba. No pude contenerme y fui a observar la escena de los niños. Cuando regresé, la pareja que vivía esto por primera vez, preguntó al unísono, un poco en serio, un poco en broma: “ Y Eliahu, ¿ya llegó?” Los miré y dije seriamente: “¡Eliahu ya está aquí!” Ambos se pusieron serios, y nuevamente al unísono asintieron y dijeron: ¡Ya está aquí!” Pude ver en sus ojos toda la fe del pueblo judío. Me impresioné profundamente, y gracias a ellos sentí yo también que Eliahu se hallaba con nosotros. Luego me inundó un profundo regocijo, al corroborar que la fe del pueblo de Israel sigue intacta, impecable. Nada le ha hecho mella. Por eso, aprendí que si con la misma seguridad, contamos a todos los iehudim del mundo que, así como nos explicó el Rebe de Lubavitch, el Mashiaj ya está prácticamente entre nosotros, y sólo debemos pedirlo con todas nuestras fuerzas, seguramente ellos creerán, con esa fe inmaculada, que nos ha sido heredada por nuestros ancestros y que permanece en su estado puro, sin ninguna alteración. Y a través de ese pedido sincero, seremos meritorios de recibirlo ya, con toda alegría, ¡Amén!

Miriam Kapeluschnik

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