Salvados por el nombre

Las razones por las cuales los judíos fuimos dignos de la redención en Egipto…

¿Qué importancia tiene el que la gente haya seguido llamándose Jana o Reuben en territorio de Mitzraim y no haya adoptado los nombres locales? Implica necesariamente que el pueblo judío no quería alterar su historia.

La Cábala señala que cuando una persona se cambia el nombre puede “torcer” su destino, de ahí se deriva la tradición de renombrar al moribundo para alterar de esa manera el fátum, pues al añadir un nombre con diferente guematria se modifica la vibración numérica del alma de la persona.

Según Elaine y Benyamín Blech, en su libro Your name is your blessing (Tu nombre es una bendición) la tradición mística del judaísmo considera que cada nombre cuenta una historia, como un libro; de hecho la palabra shem(nombre tiene el mismo valor numérico de sefer (libro), lo cual quiere decir que el primero indica cuál es la misión de cada ser humano en su tránsito por esta vida.

Al permanecer fieles a sus nombres hebreos, nuestros antepasados se mantuvieron fieles a sí mismos y a la misión que les fue encomendada cuando aun vivían en Canaán antes de asentarse en las tierras de Goshem, y que se revelaría después de la larga esclavitud en tierras egipcias cuando Di-s nos sacó de allí a través del mar.

Es importante tomar en cuenta que imponer un nombre a un niño no es un acto de identificación sino de creación. Di-s creó a través de la palabra: “Hágase or y hubo ]luz. Según señalan los Blech, cuando el Altísimo le asignó a cada cosa un nombre, las letras que componen la palabra definen la estructura atómica. Por eso, cuando un padre escoge el nombre de sus vástagos determina también el futuro de ese ser humano. Al optar por uno judío, marcará con él su pertenencia a nuestro pueblo.

En nuestro medio galútico se han impuesto modas para llamar a nuestros niños. Muchos deciden darle nombres gentiles a sus hijos, lo que según el Talmud está prohibido porque de esta forma “se está atrasando la llegada del Mashiaj (Meharshan, Vol. 6, Cap 10). En primer lugar hay quienes siguen la tradición de imponerle un nombre judío al recién nacido pero no en su forma original sino castellanizado: Moshé — Moisés; Yaacov — Jacob; o en otro idioma Mijael — Mike, Shmuel— Sam. Mucho más interesante es la costumbre de asimilar ciertos nombres de origen gentil y darles equivalencias de nombre judíos, y el mecanismo se hace por el sonido: Shalom — Charles —Carlos; Abraham — Alberto, Guila —Gisela; Moshé — Morris — Mauricio; o por el significado: Netanel (dado por Di-s) por Teodoro (el equivalente en griego) o Deodato (en latín). Cojava – Estrella; Zehava— Oro; Mazaltov — Fortuna; Israel—Luis (de Ludwig, que en teutón significa guerrero; o Pesaj—Pascual. En estos casos el nombre gentil es sólo una prótesis o un disfraz del judío, que es el que vale pues con él será llamado el recién nacido en los momentos más significativos de su vida: el brit o fada; en el bar o bat mitzvá, el día de su matrimonio, cuando se ruegue por él o ella en caso de enfermedad. También ha de permanecer sobre su tumba. Según los Responsa Tzofnas Panieach
275, esta costumbre está permitida en virtud de las circunstancias en las que vivieron los judíos en el exilio. Dicen nuestros sabios dicen que sólo si se pone en peligro la integridad del judío en el exilio, entonces se le puede traducir el nombre.

Ahora bien, ¿no será ésta una forma de alterar el futuro del niño? La respuesta es sí; así como se le altera la vibración del alma del niño cuando en vez de llamarlo por su nombre verdadero, se lo hace con un diminutivo o un sobrenombre. Hay quienes piensan que se puede buscar equivalentes a los nombres a través de la guematria, al buscar otros nombres que tengan el mismo valor numérico.

También hay quienes escogen un nombre eufórico (o sea, que suena bien) para el niño y “sentimentalmente ese nombre representa el del abuelo fallecido. En ese caso es mejor nombrarlo con el verdadero nombre porque así continua formando parte de la cadena de sus antepasados judíos.


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