Perlitas A La Hora Del Seder

La noche del Seder, sus costumbres y el contenido de la Hagadá, han merecido incontables interpretaciones por parte de los sabios de todas las épocas. Nuestros sabios declaran que: “Todo el que se extiende en la narración de (todo lo relacionado con) el Exodo de Egipto, alabado es”, es por ello que todos los participantes de la mesa del Seder, desean contribuir con su aporte de explicaciones, para deleite de todos los presentes. A continuación presentamos una selección de comentarios de distintos autores, esperando contribuir a dar más esplendor a las mesas del Seder de cada hogar judío.

“Este es el pan de la pobreza…”
La diáspora actual ha sido más prolongada, y en muchos aspectos incluso más amarga que la de Egipto. ¿Cómo podemos hoy, entonces, regocijarnos con aquella salvación?
Pues en aquella instancia el lapso de su duración estaba preestipulado. Di-s ya le había dicho a Abraham (Gen. 15:13) que duraría 400 años. Nada podían hacer los judíos para apresurar su redención. De esta diáspora, sin embargo, se ha dicho: “Si fueron meritorios, apresuraré (la redención)” (Talmud, Sanhedrin 98ª.). Estamos agradecidos por el Exodo de Egipto pues gracias a él está en nuestras manos nuestro destino y podemos apresurar la conclusión de nuestra diáspora mediante nuestras acciones meritorias (Jatam Sofer).
“…quienquiera esté hambriento, que venga y coma…”
¿Qué relación hay entre esta generosa invitación y la sobria descripción de la Matzá que encabeza este párrafo inicial de la Hagadá?
El Midrash Eijá brinda dos motivos por los cuales Israel mereció el exilio, basándose en el versículo: “Repatriado fue Iehuda por oni” (Eijá 1:3). ‘Oni?, dice el Midrash, representa a dos preceptos que reciben ese nombre y cuyo incumplimiento significó el exilio para Israel: fueron negligentes en el precepto de Matzá –llamada ‘lejem oni’ (pan de la pobreza)-, y en el de ayudar a los pobres (‘ani’).
El Seder que no sólo conmemora la redención del pasado sino que siembra la semilla para la del futuro, pretende remediar ambos aspectos: mostramos públicamente la Matzá e invitamos a los pobres a nuestra mesa (Jidá).
“…el año que viene, en la Tierra de Israel…”
¿Qué relación guarda la descripción de la Matzá como ‘pan de la pobreza’ y la plegaria de que el año que viene estemos en Israel?
Jovat Halevavot explica (en Shaar Hapeirush) que hay tres tipos de abstinencia, de las cuales sólo una es encomiable: 1) El pobre evita los lujos porque no puede pagarlos, 2) el avaro prefiere guardar su dinero antes de disfrutarlo, y 3) el hombre piadoso puede permitirse la indulgencia, pero elige no hacerlo para no caer en la tentación y apartarse del camino de Di-s.
En la mesa del Seder, la ley judía requiere el uso de los utensilios más costosos que uno disponga, incluso como adorno de la mesa, en señal de abundancia y libertad. Por el otro lado, sin embargo, la cena consiste primariamente en pan ázimo (matzá) y hierbas amargas (maror), elementos humildes. La abstinencia de esta noche no se debe a la falta de medios –la elegancia de la mesa lo prueba. No es cuestión de avaricia –la invitación abierta a todos lo demuestra. Se debe al deseo de servir a Di-s de mejor manera.
En Deuteronomio (8:12-14; 32:15), Di-s advierte al pueblo judío de no dejarse llevar por la abundancia excesiva de la Tierra de Israel, no sea que Lo olviden. Se desprende, pues que la habilidad de no dejarse dominar por las riquezas, y en cambio controlarlas para el bien, es un pre-requisito para la posesión eterna de la Tierra (Ktav Sofer).
Ma Nishtana-las cuatro preguntas:
El “Ma Nishtaná…” es simbólico de la preeminencia otorgada a los niños en las costumbres y observancias del Seder. Ellos fueron particularmente perseguidos por el Faraón y es por eso que ahora se les dispensa esta atención.
· El Faraón ordenó a las parteras judías ejecutar a los varones. (Ex 1:16)
· Todos los niños varones debían, por orden real, ser arrojados al Nilo (Ex.1:22)
· Cuando el Faraón enfermó de lepra, ordenó degollar a niños judíos para bañarse en su sangre (Midrash)
· Niños judíos eran quemados en los hornos egipcios (Ibid.)
· Si los esclavos judíos no cumplían con su cuota de ladrillos, en lugar de ellos ponían a niños judíos (Ibid.)
· Incluso cuando el Faraón acordó el permiso para que los judíos vayan al desierto para el servicio a Di-s, durante tres días, no permitió a los niños que acompañasemn a sus padres (Ex. 10:10)
· Cabalísticamente, la palabra ma alude al Tetragramaton (el Nombre de la esencia Divina). Cuando cada una de las cuatro letras es llamada por su nombre completo, y se suma el valor numérico de sus nombres, el total es 45, igual a ma. Así, el Zohar Jadash (Tikunim 112) declara: “Beleil shimurím…la noche en que Di-s nos cuida…la noche de la redención de la Shejiná, se halla iluminada por ma, EL Nombre Divino en su pronunciación total. En ese momento el niño pregunta a su padre: Ma nishtaná…”

“¿Por qué es diferente esta noche…sumergimos dos veces…solamente matzá, maror…todos reclinados?”
Una de las interpretaciones que se da a estas cuatro preguntas es la siguiente: a primera vista, hay aquí una contradicción de ritual. Comemos Matzá, ‘pan de la aflicción’, y Maror, hierbas amargas, ambos reminiscencias de esclavitud y padecimientos. Por el otro lado, sumergimos nuestro alimento en salsa, y comemos reclinados, ambas costumbres de riqueza y lujos. Al niño le parece extraño y pregunta.
La respuesta será de que no hay aquí inconsistencia alguna. En esta noche rememoramos las dos condicioens por las que pasaron nuestros ancestros en aquel primer Pesaj de la historia: comenzaron la noche como esclavos, pero a la medianoche se convirtieron en hombres libres (Abravanel).
*El Klei lakar interpreta el Ma Nishtaná de un modo homiléticamente novedoso: ¿Por qué esta noche -alegoría del oscuro exilio diaspórico- es diferente de todas las demás ‘noches’, los otros exilios? ¿Por qué es éste tan prolongado y sin fin aparente, en tanto que los anteriores fueron por un delimitado lapso de duración?
A ello hay cuatro respuestas:
1-En los exilios anteriores, aún cuando había un cierto grado de discordia y rivalidad entre judíos, también había un considerable estado de armonía y paz interior. En este exilio, la armonía ha sido sumergida por la discusión permanente. “Jametz” es símbolo de discusión, de agitación, de fermento que pone a una persona por encima de otra. “Matzá”, harina y agua en su esgtado pristino y humilde, es representativa de la paz y la armonía. Así, proclamamos por respuesta: en exilios pasados, teníamos ‘jametz’ y ‘matzá’ –rivalidad y armonía. Ahora, sin embargo, sólo tenemos matzá –utilizando este término como un eufemismo-.
2- En los otros exilios no éramos tan asiduos perseguidores de riquezas anteriales y lujos. Nos bastaba vualquier ‘hierba’. Hoy, hemos descendido a un excesivo y apasionado anhelo por Maror, un amor por la riqueza, causante de amargura.
3- En los otros exilios no incitábamos nuestra glotonería con exóticas salsas para remojar nuestros alimentos y sentidos. En éste, ‘remojamos dos veces’, repetidamente azuzamos nuestros sentidos en la búsqueda de placeres mundanos.
4- En exilios anteriores fuimos a veces arrogantes –reclinados- y a veces humildes –sentados-. En éste, nos hemos tornado arrogantes, consumidos por la sensación de nuestra propia riqueza, sabiduría y poderío. Son ellos los responsables de la situación a la que hemos arribado”.
“…sumergimos dos veces…”
Los comentaristas señalan que fueron dos actos de sumergir los que se relacionan con el cautiverio de Egipto y la liberación del mismo. Los hermanos de Iosef, luego de venderlo como esclavo, sumergieron su camisa en sangre par convencer a Iaacov de que una fiera lo había matado (aGen. 37:31). Iosef llegó a Egipto, se convirtió en Virrey, trajo a su familia y comenzó la esclavitud. En Egipto, se ordenó a los judíos pintar los marcos de sus casas con un atado de hisopo sumergido en la sangre del cordero Pascual, para que sus hogares quedaran protegidos de la Plaga de los Primogénitos (Ex.12:22:23), la que permitió su salida de allí.
“Esclavos fuimos del Faraón en Egipto…aún estaríamos esclavizados al Faraón”
Obviamente, no se está refiriendo aquí al Faraón de la época de Moisés, sino que era una costumbre egipcia llamar a todos sus monarcas bajo el nombre genérico de “Faraón”. Sin duda, en la época de la Hagadá esta costumbre ya había cesado. Empero, podría decirse que en virtud del Exodo es que la costumbre desapareció.

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