Libertad en una galleta

En la noche del Seder somos todos reyes. Vestimos nuestra ropa más fina y nos sentamos alrededor de mesas engalanadas con nuestra vajilla más impresionante. Vertemos cuatro copas de vino chispeante que bebemos reclinados. Y claro, ¿para celebrar Pesaj, “la Fiesta de Nuestra Liberación” compartimos la Matzá, el pan de… la pobreza?

Pues así la Torá describe la Matzá: “Siete días comerán Maztá, el pan de la pobreza…” ¿Cómo este pan pobre se disputa el centro en nuestra fiesta de la liberación, el tiempo de nuestro nacimiento nacional y nuestra adquisición de la más grande de las fortunas -nuestra libertad?

A Abraham, en “el Convenio de las Partes” se le predijo las tres fases de la futura saga egipcia que ocurriría a sus descendientes. Di-s primero informó a Abraham de la esclavitud: “Ellos los esclavizarán y los afligirán”. Segundo, le contó el castigo de sus atormentadores y su destrucción: “Yo traeré los juicios a la nación que los aflige”. En tercer lugar, se le garantizó el Éxodo de Egipto: “Después de eso ellos saldrán…” (Génesis 12:12-14).

Nuestros Sabios explican que las tres comidas que nos ordenan que consumamos en Pesaj corresponden a estas mismas tres fases. Las hierbas amargas reflejan el sufrimiento de nuestros antepasados, el cordero pascual fue ofrecido para conmemorar la protección de  Di-s cuando Él castigó a nuestros amos egipcios, y la Matzá representa nuestra salida apresurada y total de la tierra de Egipto- nuestra libertad.

¿Así que por qué la Torá describe a este pan de libertad como el “el pan de la pobreza“?

De hecho, escribe al Maharal de Praga (Rabi Iehuda Lowe, 1525-1609), que la Torá está resaltando hábilmente el verdadero significado de la libertad. Libertad significa liberación de la dependencia en materias o fuerzas que son externas a nuestro verdadero ser y metas. La verdadera libertad permite al ser poder brillar.

Un pan gourmet que contiene aceite o miel, un pastel con nueces y frutas, o una Jalá con huevos y semillas de amapola, no puede representar la libertad. Ellos se condimentan con ingredientes externos que atropellan sus materiales básicos. La Matzá, que carece de tales ingredientes extra, simboliza el más puro y verdadero ser, un ser no esclavizado por las influencias extrañas.

Los judíos en Egipto habían sido amoldados en la esclavitud, con la mentalidad y todo el resto que acompañan doscientos diez años de destierro y labor áspera. Habían absorbido igualmente y se habían vuelto parte de la cultura egipcia y su práctica. Para ser libres, volverse una nación dentro de sí mismos, tenían que deshacerse de su dependencia, mentalidad y costumbres de la nación del Faraón. Volver a su básica harina y agua.

La Matzá era un mensaje de que los últimos doscientos años de conducta y dependencia eran de verdad la esclavitud. Para volverse hombres libres, los judíos tenían que ser independientes de la cultura extranjera y servidumbre. Su única dependencia era de Di-s a quien pertenecen el fuego de sus propias almas- y por consiguiente su verdadero ser- eran llamas reales.

Este mensaje suena verdadero a lo largo de la historia, y nos guía hoy. En un nivel personal una persona que logra abandonar su televisión en sábado no se esclaviza a ella. Puede parecer que está consumiendo el pan de “la pobreza” privándose de ciertos “extras” pero realmente ha encontrado el pan de la libertad.

La persona que puede superar las presiones sociales o interiores negativas y puede encuadrar su vida con el propósito de su alma, ha librado y ha dado expresión a su verdadero ser.

Cada año, tenemos una fiesta de verdadera libertad, para investigar y rechazar las influencias negativas y externas, y para refrescar nuestro sentido de quiénes somos de verdad.

Por Yaakov Paley

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