Sin pan

Es interesante el carácter paradójico de nuestra relación con el pan:
Por un lado, durante ocho días cada año, lo erradicamos. Pero por otro lado, el resto del año lo consumimos y hasta lo celebramos.

Pan es vida. Hay otros componentes en la dieta humana, y técnicamente podemos subsistir de otros alimentos. Pero hay algo sobre el pan que lo marca como la comida esencial, y como metáfora de todo lo que alimenta nuestra existencia. Por ocho días y noches, cada primavera, la casa Judía es transformada en una zona libre de pan. Durante la festividad de Pesaj, no ingerimos ni siquiera una miga de pan Por supuesto que no es el pan mismo que eliminamos de nuestras vidas, sino Jametz o levadura. Pesaj tiene su propia versión de pan: Matzá. La Matzá se hace mezclando harina y agua y cociéndola en un horno. La diferencia es, que en vez de dejarlo fermentar y leudar antes de hornearlo, la Matzá se realiza en un proceso más rápido que produce un tipo de galleta chata. La Matzá es un pan sin cuerpo, sin esponjosidad, sin sabor. Dicho de otra forma, es pan sin todos los elementos que lo hacen “pan”.

Las enseñanzas Jasídicas nos enseñan que el pan leudado representa el ego, mientras que la Matzá, humildad. La Matzá es llamada “Pan de fe” y “Pan de la curación”. Una persona que está lleno de egoísmo, no deja lugar para una verdad más elevada en su vida. Por otro lado, el alma humilde, es un alma receptiva a la fe, y la humildad es la fuerza de curación que restaura la salud espiritual.
El Talmud nos cuenta una historia de cómo los Sabios de Israel, identificando el ego como fuente de toda maldad, decide aniquilar la inclinación al egoísmo en el corazón del hombre, hasta que se dieron cuenta de que si tenían éxito en esto, el mundo quedaría literalmente paralizado. De aquí el carácter paradójico de nuestra relación con el pan: Por un lado, durante ocho días cada año, lo erradicamos, pero por otro lado, el resto del año lo consumimos y hasta lo celebramos.

Cuando el ego y el egoísmo son la base de nuestra vida, entonces todo lo construido sobre esa base será defectuoso, insostenible, y en última instancia, corruptor. La vida debe basarse en el reconocimiento de que existimos para Servir a algo que es más grande que nosotros. Una vez que la fundación está en su lugar, debemos erigir en él un edificio que incluya una apreciación de nuestra propia importancia, una confianza en nuestras capacidades, la convicción de que podemos hacer una diferencia en nuestro mundo, y la alegría y satisfacción que viene con una vida de logros y propósito.
La base debe ser plana como la Matzá, pero la estructura construida sobre este fundamento, debe ser tan robusta y sabrosa como el pan más rico.
Pesaj marca nuestro nacimiento como pueblo, la base de nuestra existencia. Es la fiesta de la Matzá, un momento para celebrar nuestra humilde fe en nuestro Creador y nuestro compromiso de Servirle.
Sobre esa base viene el resto del año, cuando el pan de la vida alcanza su cuerpo y consistencia.

Autor: Yanki Tauber

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