Birkat Kohanim

En las Festividades tenemos la imperdible oportunidad de presenciar la Bendición Sacerdotal…

EL RITUAL

Si ha ido alguna vez a la sinagoga durante la Bendición Sacerdotal, sabe que es una experiencia celestial. El Kohen se quita sus zapatos1 y se acerca al podio, y oculta su rostro bajo su Talit (mantón para la Oración). Extiende sus manos hacia la congregación; los dedos separados y las palmas estiradas hacia arriba, espera, en anticipación del sagrado momento. La congregación gira sus caras o las esconden en sus propios mantones para evitar mirar directamente al Kohen, pues la Presencia Divina descansa sobre el Kohen durante este momento.2
Estimulado por el jazán, el Kohen entona sobriamente las sagradas palabras de la bendición (Números; 6:24-26): “Que Di-s te bendiga y te cuide. Haga Di-s resplandecer Su semblante sobre ti y te muestre gracia. Que Di-s alce Su semblante hacia ti y te conceda paz”.
Cuando la Bendición Sacerdotal concluye, un embelesamiento envuelve a la congregación. De algún modo nos damos cuenta de que hemos sido especialmente benditos por Di-s. Nos sentimos eufóricos, elevados a un plano más alto, casi como si Di-s hubiese descendido de su Trono Celestial, nos hubiese abrazado y alzado.
¿Qué hay en la Bendición Sacerdotal que provoca tal euforia? ¿Por qué tiene ese poder? ¿en qué difiere esta bendición de otras?

DOS FORMAS DE DEMANDA

Mi hijo ama jugar a la pelota en el patio. Me pide a menudo que juegue con él, y yo disfruto cada minuto. ¡Cómo deseo poder conceder su demanda siempre!. Desgraciadamente, mis obligaciones provocan que lo deje de lado debido a los compromisos y el escaso tiempo.
Mi hijo sabe cuánto disfruto de su compañía y siente compasión por mí. Hay momentos en que realmente sugiere que juguemos por mi bien. En lugar de decir: “¿Puedes jugar conmigo, Papá?,” dice, “¡Cómo te gustaría tomar un descanso, papá, y así podría jugar contigo!”
Cuando lo expresa de esta manera, encuentro casi imposible resistirme. Aquí está mi pequeño hijo que en lugar de preocuparse por su propia diversión, está ávido de proporcionarme el goce de su compañía. Sólo un pensamiento brota de mi mente en ese momento: Amo a este pequeño niño y nada es más importante para mí que el tiempo que paso con él.
Cuando lo expresa que esta manera, todas las otras consideraciones se marchitan y las demás tareas pierden su importancia. En ese momento sólo un pensamiento consume mi mente: mi hijo me ama y yo lo amo.

DOS FORMAS DE PLEGARIA

Típicamente, nos acercamos a Di-s en la Plegaria para pedir algo. Contemplamos nuestras vidas y necesidades y procedemos a hacer nuestras demandas. Di-s escucha cuidadosamente. Él escucha nuestras palabras pero lee nuestros corazones. “ Tienes necesidades que quieres que Yo cumpla,” Di-s medita, “pero tengo deseos que Yo quiero que cumplas. Veamos qué atento estás a Mis deseos. Entonces decidiré cómo atenderé al tuyo”.
Un Kohen se acerca a Di-s de forma diferente. Él vierte su corazón en la Tefilá y dice: “Estimado Di-s, sé cuánto amas a Tus hijos y cuánto disfrutas manteniéndolos. Alegremente, puedo ofrecerte una oportunidad. Esto es lo que a Tus hijos les falta y aquí es que puedes comprometerte en Tu pasatiempo favorito de ampararlos.”
El Kohen, un descendiente de Aharón, hereda las cualidades espirituales de Aharón. Aharón era famoso por su amoroso carácter. De hecho, el nombre hebreo Aharón es una abreviación de dos palabras hebreas: ahava raba –“gran amor”. Aharón amó a Di-s y amó a sus criaturas. Cuando oraba por los hijos de Israel, se reflejaba en los dos objetos de su amor. Por un lado, pensaba en la gente y sus necesidades. Por otro lado, pensaba en el amor de Di-s por las personas y de cuánto
Di-s disfruta dando.
Aharón oraba sin picardía, con devoción absoluta y amor. Su entrañable fervor, a su vez, despertaba el amor de Di-s. Di-s escuchaba atentamente y decía: “Tu deseas proveerme y Yo deseo mantenerlos”. El Kohen que hereda esta cualidad de Aharón es dotado de la habilidad de hacer lo mismo.3

LAS PALMAS EXTENDIDAS

Esto explica por qué el Kohen extiende sus palmas hacia la congregación en lugar de la postura tradicional para la Oración, mirando hacia Di-s. Con su palma, el Kohen forma un recipiente en el que Di-s coloca una bendición a raudales. Una palma extendida hacia arriba forma un recipiente para que podamos beber. Una palma extendida forma un recipiente a través del que Di-s encauza su bendición.
El Kohen en este momento no es un suplicante sino una canalización. Él no pide por nuestra causa sino por la causa de Di-s. Él no pide para que podamos recoger sino para que Di-s pueda dar. Es pedirle lo que Di-s más ama y produce una respuesta acelerada de Arriba que es imperturbable a cualquier obstáculo.4

ENAMORADO

Esto es por qué el Kohen introduce su bendición con las palabras, “para bendecir a Tu Pueblo Israel con amor”. Él habla del amor entre Di-s y los iehudim. También habla del amor entre los judíos, pues cuando los hijos de Di-s están unidos, el recipiente es perfecto y cumple su función apropiadamente.
Nuestros Sabios escribieron que el mejor “recipiente” para sostener la bendición es la unidad.5 Sin unidad, el recipiente se fractura.. La palabra hebrea para recipiente es: “kli”, que es la sigla de las tres niveles que comprenden la congregación judía- Kohanim, Levitas e Israelitas. Cuando los judíos se aman, los tres componentes del “kli” están unidos y nuestro recipiente es fuerte, permitiéndole al Kohen encauzar la bendición de
Di-s con éxito a la comunidad.6

1. Éxodo 3:5 “Quita tus zapatos de tus pies, pues el lugar en que está parado es tierra santa.” 2. Las leyes de estas bendiciones pueden encontrarse en el Código de Leyes Judío, Oraj Jaim. El Talmud trae que se prohibía mirar fijamente a un Kohen durante el recitado de la bendición (Jagiga 16a). Rashi explica que esto es porque la Shejina (la Presencia de Di-s) reposa en el Kohen en este momento, sobre todo en sus manos extendidas, dedos y nudillos.
3. Ver Leikutei Torá Bamidbar 55b.
4. Ver Kedushat Levi en Números 6:23.
5. Mishna, Tratado de Uktzin, Cap. 3.
6. Ver Comentario de Ktav Sofer en Números 6:23.

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