El quinto hijo

Cuando uno piensa en Pesaj, las imágenes de la comida tradicional, el Seder, nos vienen a la mente inmediatamente. Un seder es de verdad un tiempo de unión para la familia judía. Juntos, recontamos el nacimiento milagroso del pueblo judío…

Volvemos a visitar a Di-s redimiendo Su gente de las profundidades de si desesperación y transformando una nación de esclavos en los beneficiarios de la experiencia del Sinai y los destinatarios de Su Torá.

El seder es más que recontar la historia de los judíos. Es una vibrante experiencia de aprendizaje en la que se utilizan todos los sentidos. Esto nos permite literalmente “digerir” el mensaje del Judaísmo. La mayoría de nosotros somos afortunados de tener recuerdos entrañables de los seders del pasado.

Durante el seder discutimos los “Cuatro Hijos” y las preguntas que proponen, desde el “Hijo Sabio” que quiere saber todos los detalles de Pesaj, al “Hijo Malo” quien desafía y se burla de ellos. Hay un “Hijo Simple” quien simplemente pregunta “¿Qué es esto?”. Hay inclusive un hijo cuya sóla forma de participar es estar simplemente allí. Con todo lo que pasa alrededor de él, ni una sola pregunta ocupa su mente.

La sociedad moderna ha tenido un impacto en los judíos: hoy tenemos un hijo más. El hijo que ni siquiera asiste a un seder.

Sí, es verdad. Hay muchos judíos allá afuera quienes no van a asistir a ningún seder este Pesaj. Pueden ubicarse en tres categorías básicas: 1) ellos no tienen ningún lugar donde ir. 2) no les importa asistir. 3) no conocen Pesaj o su seder.

Así como hay respuestas para los Cuatro Hijos, debe haber respuestas también para este quinto hijo.

¡Para aquéllos que no tienen ningún lugar a donde asistir, debemos agresivamente promocionar la invitación que se encuentra dentro de la Hagadá: “Todos aquéllos que tienen hambre, permítanles venir y comer! ¡Quienquiera esté en necesidad, permítanle venir y compartir Pesaj!”

Para aquéllos que no les importa asistir, debemos reforzar positivamente su identidad judía y mostrarles la belleza de la Torá, en general, y del seder en particular. Más específicamente, comunicarnos con ellos en un idioma que puedan entender e identificarse.

Aquéllos que no saben lo que es Pesaj o que existe tal cosa como un seder son quizás los más aprensivos de los grupos. Lo más probable, que no tengan los recuerdos entrañables sedarim del pasado. De hecho, ellos están en peligro de perder totalmente su identidad judía, Di-s no lo permita. Como judíos, somos todos responsables por el bienestar de cada uno. Por consiguiente, tenemos el deber de presentarles su gran herencia, la Torá, la grandeza de su Judaísmo. Si vemos una persona ahogándose, sin titubear debemos zambullirnos a salvarla. ¡Sin perder tiempo debemos rescatar a aquellos que nos necesitan!

Permitámonos agresivamente buscar al Quinto Hijo, dondequiera que estén, quienquiera que sean. Cada judío perdido que devolvemos a la familia puede compararse al descubrimiento de un tesoro perdido de valor incalculable.

No es simplemente dejar un lugar extra en la mesa del seder. Debemos llenar el lugar extra con un cálido cuerpo. Entonces podemos llenar ese cálido cuerpo con la calidez del Judaísmo.

Basado en un llamamiento emitido por el Rebe de Lubavitch poco antes Pesaj de 1957.

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