¡Dayenu! ¡Hubiera bastado!

Durante el Seder de Pesaj, recitamos una serie de pasajes comúnmente referidos como “Dayenu”. Estos pasajes comienzan con la declaración: “¡Cuántas son las Buenas Cosas que el Altísimo Ha derramado sobre nosotros!”, y continúa enumerando 14 Bondades que Di-s ha vertido sobre el pueblo Judío. Al final de cada declaración, nosotros decimos “Dayenu, ¡Hubiera sido suficiente!”
El Rebe de Lubavitch Anterior, Rabí Iosef Itzjak Schneerson, solía parar bastante seguido durante el recitado de la Hagadá en su Seder de Pesaj para poder ofrecer explicaciones en diferentes pasajes, y especialmente para poder compartir enseñanzas Jasídicas. Cuando llegaba a la parte de “Dayenu”, el Rebe Anterior ponía énfasis en leer la sección entera sin parar. Él explicaba el párrafo o antes de comenzar “Cuántas son las Cosas Buenas…” o al finalizar las 14 Bondades.

¿Qué era lo que el Rebe Anterior intentaba mostrar al no interrumpir el “Dayenu” con explicaciones?
El Baal Shem Tov solía compartir una historia que nos puede llevar a una respuesta para nuestra pregunta.
“Había una vez un Rey que tenía un hermoso palacio con muchas recámaras, una dentro de la otra. Numerosos guardias prevenían a la gente de entrar o salir sin el permiso del Rey”.
“Entre aquellos que deseaban entrar a la recámara interna del Rey, habían diferentes tipos de personas. Un grupo, el de la clase baja, inmediatamente se aterrorizaba por los guardias del Rey y se escapaba de ellos. Ellos no son los que Di-s desea”.
“Un segundo grupo no tenía miedo a los guardias exteriores, porque había planeado sobornar a los guardias con dinero, como aquellos que dan una moneda de caridad antes de las plegarias. Ellos pasaban delante de esos guardias, pero otra cosa los retenía de llegar a la recámara del rey y ver la cara del rey. Cuando entraban al palacio y veían toda la colección privada del Rey…sentían tanto placer por lo que veían que se perdían ahí, malgastando la gran oportunidad de ver al Rey mismo, en todo su esplendor”.
“El grupo más excepcional, no estaba interesado en sus propios placeres, y deseaban sólo ver al Rey en su recámara. Así que incluso si sus ojos festejaban con todas las cosas increíbles…era totalmente insignificante para ellos en comparación a su deseo y anhelo de ver la gloria del Rey mismo”.
Muchas veces, nos atascamos en cierto nivel de observancia de la Torá, como el segundo grupo de la historia del Baal Shem Tov, y no traemos la idea de una conexión completa con Di-s a la práctica. En cierto punto, decimos, “¡Dayenu! ¡Esto es suficiente para mi!” He venido por todo este largo camino; he enfrentado muchos obstáculos…para llegar a donde estoy ahora. Realmente “dejé Egipto” en el sentido que la espiritualidad es importante para mi todos los días de mi vida. Pero ya he tenido suficiente…inspiración para mi Judaísmo, así que no estoy muy dispuesto en llegar a un nivel más alto…”
Esta reacción es muy natural, ya que todos nosotros tenemos limitaciones naturalezas y manantiales de crecimiento (físicos o espirituales) pueden llegar a ser muy cansadores. Pero, el Baal Shem Tov enseña que incluso cuando sentimos que vamos más allá de nuestro límite, podemos cavar un poco más profundo en nosotros y encontrar la fuerza y el coraje para seguir adelante.
Al recitar el “Dayenu” completo sin interrupción, el Rebe Anterior nos está diciendo que no paremos, incluso cuando sentimos que queremos gritar “Dayenu” y tomarnos un respiro en nuestro crecimiento espiritual. Incluso cuando estamos contentos en donde estamos, siempre podemos llegar más alto ya que Di-s nos creó para que siempre deseemos acercarnos más y más a El.
Este año, cuando recitemos el “Dayenu” en nuestro Seder de Pesaj, que podamos cada uno aprovechar nuestras fuerzas internas y combatir el deseo de decir “Dayenu” en nuestro camino de elevación y apegamiento a Di-s. En el mérito de nuestra renovada energía y compromiso por llegar más alto, que Di-s nos responda con la última “Cosa Buena”, la redención final y reunificación de todos los judíos con Di-s a través de la inmediata llegada del Mashíaj.

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