Trágicas consecuencias de los espías

Di-s vio una debilidad de compromiso y una inclinación a la ingratitud…

A pesar de todos los milagros realizados por Hashem, los judíos continuaban ocasionalmente desviándose del rumbo correcto. Carecían de fe total y absoluta en Di-s y se queja­ban de la falta de agua en el desierto, afirmando que hubie­ran preferido morir en Egipto que morir allí de sed.

Sin embargo, su mayor pecado fue la total falta de confian­za en la capacidad de Di-s de llevarlos a la Tierra Prometida. Habían llegado a Kadesh en el desierto de Parán, cerca de la entrada a la Tierra Prometida. Doce representantes, uno por cada tribu, fueron enviados por Moshé a explorar la tierra de Canaán e informar sobre quiénes la habitaban, lugares de asentamiento y calidad del suelo. Este grupo de meraglim (espías) contaba entre sus miembros a lehoshúa y Kalev.

Luego de cuarenta días de exploración, retornaron al desier­to trayendo con ellos bellos frutos como evidencia de la fer­tilidad de la tierra. Sin embargo diez de ellos sostuvieron que sería imposible conquistar Canaán, pues las ciudades se ha­llaban fuertemente fortificadas y los habitantes eran dema­siado poderosos. Pero Kalev y lehoshúa desoyeron este infor­me tan pesimista y aconsejaron su conquista. La gente, sin embargo, se alió con la mayoría y, demostrando falta de co­raje, desistió. Desataron una rebelión y propusieron la elec­ción de un nuevo líder para conducirlos nuevamente a Egip­to. Se negaron a escuchar los renovados argumentos de Ka­lev y lehoshúa y amenazaron con apedrearlos.

A pesar de todos los milagros que Hashem había realizado para ellos, los judíos habían perdido toda fe en Él y preferían retornar a Egipto antes que arriesgar sus vidas.

Di-s vio en esto una debilidad de compromiso y una inclina­ción a la ingratitud. Expresó gran disgusto por ello y declaró Su intención de destruir ese pueblo y formar una nueva na­ción compuesta exclusivamente por los descendientes de Moshé. Nuevamente intercedió Moshé en nombre de los ju­díos y nuevamente tuvo éxito. Pero, si bien se evitó su des­trucción, los judíos deberían vagar por el desierto cuarenta años, uno por cada día que los espías habían explorado la tierra, hasta que todos los hombres mayores de veinte años, a excepción de Kalev y lehoshúa, murieran. Entonces, una nueva generación pisaría la Tierra Prometida para testimo­niar el cumplimiento de la promesa de Di-s.

Los diez espías que habían traído el informe negativo murie­ron súbitamente a causa de una plaga. Algunos se habían

dado cuenta tardíamente de su error e intentaron ir por sí mismos a la Tierra de Israel. Pero, ignorando la advertencia de Moshé de que Di-s no los acompañaría, fueron totalmen­te derrotados por las tribus de Amalek y Canaán que pobla­ban la zona.

El severo castigo de Di-s

¿Cuál fue el castigo para aquellos que pecaron por escuchar a los espías? No solamente los espías hallaron la muerte sino que la gente fue condenada a vagar por el desierto durante cua­renta años. Este fatal error fue en Tishá Be Av (el noveno día del mes hebreo de Ay) que se convirtió en un día trágico para Israel durante generaciones.

En efecto, la destrucción de los dos Templos Sagrados, así co­mo la caída de la gran ciudad de Beitar y la expulsión de los ju­díos de España ocurrieron en esa fecha. También comenzó ese día la primera guerra mundial que desarraigó a la mayor parte de las comunidades judías de Europa.

Para comprender mejor esto debemos entender que hasta ese momento, los israelitas habían adoptado la actitud de “Naasé ve­nishmá” (“Haremos y escucharemos”; esa fue su declaración antes de recibir los Diez Mandamientos al pie del Sinaí). Esto demostraba una fe clara y total en el Todopoderoso y Sus man­damientos. Habían aceptado el liderazgo de Di-s sin ninguna duda u objeción. Sin embargo, ante el informe de los espías, su visión cambió. A pesar de que Di-s les había garantizado su pro­tección, comenzaron a dudar. Habían esencialmente perdido la fe, la creencia indisputable en Di-s y ya no aceptaban Su palabra sin una prueba. Fue la falta de fe la que ocasionó tan indecibles sufrimientos y las tragedias que tuvieron lugar posteriormente.

En tiempos de crisis —y los judíos han conocido muchas de ellas a través de la historia- ha sido su fe indestructible en el To­dopoderoso, la que los sostuvo en su voluntad y capacidad para resistir. Sin ella, hubieran sucumbido a la presión y la desespe­ración hace largo tiempo. Cuando perdemos la fe en la capaci­dad que tiene Di-s de socorrernos, entonces estamos verdadera­mente perdidos.

Extraído de Ayer, hoy y siempre Editorial Bnei Sholem

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