Hablarle a una pared

El ayuno de Tishá BeAv conmemora la destrucción del Templo de Jerusalem, hace 2000 años atrás…

Nos sentamos en sillas bajas y leemos las Lamentaciones. Judíos del mundo entero rezan en el Muro Occidental, abrazan sus piedras- único remanente del esplendor del Sagrado Templo.

Las palabras y el llanto, “si te olvidare, Oh, Jerusalem”, nos mantuvo a pesar del exilio. Donde sea nos asentamos, nos dirigimos a Ierushalaim para rezar. Nuestras sinagogas apuntan al Este, y un cuadro con la palabra MIZRAJ (Este) que adorna el hogar judío, nos indica el rumbo hacia nuestro último destino.
Aunque no podamos estar allí físicamente, los estamos con nuestra mente y corazón. Ahora, en Tishá BeAv, acerquémonos mucho a estas preciosas piedras. Tratemos de esbozar, si bien sólo en el papel, nuestras esperanzas y anhelos.
“Mi Amado está parado detrás de nuestro muro, mirando a través de la ventana, observando a través de las grietas” escribió el rey Salomón en el Cantar de los Cantares. La Divina Presencia nunca abandonó el Muro Occidental.
El Kotel Hamaaravi (el Muro Occidental) no está reservado sólo para los ricos y famosos. Cada judío posee un trozo de la piedra. Ellas reflejan nuestras diferencias: grandes y pequeñas, íntegras y quebradas, lisas y toscas. Todas ellas constituyen un formidable muro, un baluarte de fe, que dura por siempre.
El Muro Occidental no es simplemente una atracción turística, o un punto arqueológico de interés. Cada piedra es como una página, cada hilera un capítulo de nuestra larga historia Judía.
Pero enfrentemos la realidad, de esta forma está incompleta. No nos conformemos con un solo muro. Si nuestro propio hogar sería devastado, con excepción de una pared- sin comedor ni dormitorio o cocina- nos sentiríamos satisfechos viviendo en el hueco de un muro?
Rezamos diariamente por la reconstrucción del Sagrado Templo, por medio de nuestro justo Mashiaj, pronto en nuestros días. Nuestra fe en su llegada es una piedra angular en el Judaísmo. “Creo con fe completa en la llegada del Mashiaj, y aunque se demore lo espero cada día” es el fundamento sobre el que nuestra convicción se apoya.
No podemos dejar ninguna piedra a la deriva. Debemos estudiar Torá, cumplir mitzvot, prepararnos y mirar hacia delante, hacia la Redención. Así como concluimos en las Lamentaciones: “Retorna a nosotros, Oh Di-s, y retornaremos a Ti. Renueva nuestros días como antaño!”
Rabi Israel Rubin, Albany, NY.

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