Época de llanto para todas las generaciones

“Vosotros llorasteis sin motivo alguno, por eso Yo fijaré [este día como] uno de llanto en el curso de las generaciones futuras” (Talmud, Taanit 29b).
¿Es que acaso Di-s actúa por venganza, envidia o enojo? Además, como expresa el versículo: Si los padres comieron uvas agrias, ¿los hijos sufrirán dentera? (Jeremías 31:29); es decir, ¿por qué deben cargar las generaciones subsiguientes con el pecado de aquella primera generación? ¿Acaso no es suficiente con el castigo que sufrieron los hijos de los de aquella generación, demorados en el desierto durante cuarenta años hasta que sus pecadores padres murieran?

Asimismo, el destierro de que fue víctima el pueblo en generaciones posteriores a causa de sus propios pecados, ¿qué relación hay entre esta desgracia y los pecados de sus antepasados, como para que tuviera que acontecer precisamente el mismo día en que estos pecaron, en Tishá beAv [fecha en que fueron destruidos el primer y el segundo , y con ello sobrevino el Exilio] ? La explicación de todo ello es la siguiente:
Como castigo por el llanto sin sentido Di-s decretó: En este desierto morirán (Números 14:29), solamente en cuanto a los padres. Los hijos, que no habían pecado, entraron en la tierra y la heredaron. Aunque estos no manifestaban la misma ingratitud de sus padres, un vestigio de ella formaba no obstante parte de su carácter innato, hereditario, y pese a que, de hecho, los hijos no son castigados por los pecados de los padres, Di-s consideró adecuado purificarlos y erradicar de ellos este factor heredado. Dado que los padres habían despreciado la preciada tierra con su llanto sin razón, declarando (ibíd. 14:4) volvamos a Egipto, Di-s decretó que también en las generaciones posteriores hubiera “llanto” en esta fecha. El llanto de muchas generaciones de hijos en todas las tierras de su dispersión serviría para rectificar el llanto sin sentido que constituyó el pecado de la primera generación.

Incluso en épocas de sosiego y prosperidad, recordarían la tierra y derramarían lágrimas, ansiando regresar y reconstruir su suelo desolado, diciendo: “¡Cuan grato me sería caminar descalzo sobre las ruinas desoladas que constituían Tu palacio!”
Vemos, por lo tanto, que Di-s actuó caritativamente con Israel al fijar la fecha para los exilios futuros en el mismo día en que había pecado la generación del desierto. De este modo, las lágrimas de muchas generaciones subsiguientes rectificarían aquello que los padres habían malogrado con sus lágrimas sin razón. Así, las naciones del mundo los observarían y declararían: “Sólo ellos son los verdaderos hijos de Tzión; todo otro que la conquiste y la destruya es extraño para la tierra y será expulsado de ella a fin de que sus hijos retornen nuevamente a sus fronteras”.

Se cuenta de Napoleón que cierta vez pasó delante de la entrada de una sinagoga de París en Tishá beAv, y al ver a los judíos sentados en el piso, llorando y lamentándose por la destrucción de los dos Templos y [la pérdida de] la tierra como si hubiera sucedido apenas ayer, se detuvo asombrado y dijo: “Juro que este pueblo tendrá un futuro exitoso en su propia tierra. ¡¿Dónde hemos visto alguna otra nación en el mundo que haya guardado luto por casi dos mil años, sin nunca perder la esperanza de su salvación?!”

Extraído de “Nosotros en el Tiempo” de Editorial Kehot

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