El no intencional intencional pecado

Nos encontramos actualmente en los días más oscuros del calendario Judío, conocidos como las “Tres Semanas”. Evitamos celebraciones, música, fiestas, y nos enfocamos en la destrucción de los Templos Sagrados y en nuestro estado actual de exilio.

Rabí Iosef Itzjak Schneerson, el sexto Rebe de Lubavitch, diría: “Una acción es más valiosa que mil suspiros”. Como tal,
durante este período, no nos podemos satisfacer con sufrir y lamentarnos; es más importante, y nos concierne más intentar corregir los errores que originalmente causaron esta tragedia nacional de dos milenios. Fijémonos en las palabras de nuestros Sabios para intentar descubrir la causa de este aparentemente interminable exilio.

El Talmud explica por qué el exilio Babilónico, que fue seguido de la destrucción del primer Templo, duró sólo setenta años, mientras que nosotros todavía padecemos de este exilio por muchos años más, sin una fecha de finalización: “Los primeros, cuyos pecados eran sabidos, el fin de su exilio también era sabido. Los últimos, cuyos pecados no son sabidos, su fin también es desconocido”.
“Esta frase aparentemente contradice otra frase citada en la misma página del Talmud: “¿Por qué el primer Templo fue destruido? Por los tres pecados que los judíos eran culpables: idolatría, relaciones prohibidas y asesinato. El Segundo Templo, cuando los judíos estaban involucrados en la Torá, mitzvot y actos de bondad, ¿por qué fue destruido? Porque los judíos eran culpables de albergar odio sin fundamentos uno contra el otro!”.

El odio sin sentido es muy notorio. ¿Cómo puede el Talmud decir esto en relación a una sociedad cuyo comportamiento era desenfrenado, tanto que “sus pecados eran desconocidos”?.
El Rebe explica que ésta es la única naturaleza del odio y de la pelea: es el “pecado desconocido”. En promedio, un idólatra, adúltero o asesino es conciente de su pecado. La gente cae víctima de la tentación, pero el arrepentimiento es alcanzable porque la persona misma es conciente de sus pecados. Sin embargo, una persona que es culpable de participar en peleas y en odios, raramente cree que está cometiendo un error. Según él, la otra parte merece todo el abuso y la crítica que se le está dando. Por eso, aunque el odio sin sentido es quizá el pecado más evidente, muy pocos reconocen su falta.

Esto es cierto tanto en nuestras relaciones interpersonales y en la tendencia lamentable de nuestra nación de estar tan preocupados con las disputas internas. De derecha, de Izquierda, del Centro. Conservadores, ortodoxos y Reformistas. Jasidim, Sionistas, y Anti Sionistas. Y la lista sigue…
Es muy fácil culparlos a “ellos” por su divisibilidad; es mucho más difícil encontrar las faltas dentro de nosotros. Pero la Redención vendrá cuando finalmente reconozcamos que, aunque de hecho: “Yo esté en lo cierto y él no”, nunca hay una razón válida para odiar a otro judío.

Por Naftali Silberberg

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