El alejamiento íntimo

Cuando los paganos entraron al Templo Sagrado, vieron los Keruvim hendiéndose entre ellos. Los llevaron a la calle y dijeron: “Estos judíos… ¿de esto se ocupan?” Con esto, degradaron al pueblo judío, como está escrito: “Todo el que la ha honrado la ha menospreciado, porque han visto su desnudez”
Talmud, Yoma 54b

Los profetas comparan el lazo entre Di-s e Israel a la relación que existe entre marido y mujer. El profeta Jeremías describe cómo recuerda Di-s al Éxodo, como “la bondad de tu niñez, tu amor nupcial, tu Seguirme al desierto hacia una tierra que no ha sido sembrada”. El Rey Salomón se refiere al pacto en el Monte Sinaí como “el día de Su compromiso” para la Torá, que resume nuestros deberes como gente de Di-s y Su eterno pacto con nosotros, como un contrato matrimonial (ketuvá) entre nosotros y Di-s. Cuando violamos los mandamientos de la Torá, los profetas nos retaron como si fuésemos una esposa caprichosa que ha engañado a su marido; el galut resultante (la destrucción de los Templos y nuestro exilio), es referido como un período de lejanía y “separación” en el matrimonio; la redención mesiánica es la promesa de la restauración de la relación a su estado original, generando un lazo de amor aún más profundo entre la novia Israel y su Supremo Novio.
En la recámara más íntima del Templo Sagrado, el “Sancto sanctórum”, estaba el Arca dorada, conteniendo dentro de ella las Tablas de la Ley en las que estaban escritas los Diez Mandamientos y el Rollo de Torá original escrito por Moisés. Arriba del Arca, en su tapa, estaban los Keruvim, dos figuras aladas, una masculina y otra femenina, recubiertas de oro puro. Los Keruvim representan la relación entre Di-s y Su pueblo: el Talmud nos cuenta que cuando el pueblo de Israel se rebelaban contra la voluntad Divina, los Keruvim se volteaban; cuando Israel era fiel a Di-s, entonces se volvían a enfrentar; en los momentos en el que el amor entre Di-s y su Novia estaban en el cenit, esto era reflejado en el abrazo de los Keruvim “como un hombre abraza a su mujer”.
El Talmud relata que cuando los enemigos de Israel invadieron el Templo, entraron al Sancto sanctórum, el lugar más sagrado, en el que sólo se permitía un individuo, el Sumo Sacerdote entrar, y solamente en Iom Kipur el día más sagrado del año. Vieron a los Keruvim abrazándose. Los sacaron afuera del Templo a la calle, los pervirtieron y se burlaron de su sagrado significado.

La Paradoja
En nuestras plegarias nos hacemos recordar que “Por nuestros pecados, fuimos exiliados de nuestra tierra…y no podemos volver a ascender ni prosternarnos frente a Tí….en Tu casa elegida, en la gran y sagrada casa en la que Tu Nombre es pronunciado”
Durante 830 años, Di-s moró en un edificio físico en la cima de una montaña en Jerusalém, otorgándonos la táctil experiencia de Su presencia en nuestras vidas. Pero no fuimos merecedores de tanta cercanía e intimidad con la Divina Presencia. Se nos quitó el Templo Sagrado, y fuimos tirados al galut (un estado de existencia en el que la faz Divina está oculta y el amor de Di-s también), de modo que el vacío de nuestras vidas debería traer el arrepentimiento por nuestras acciones y la reparación del daño de nuestro matrimonio, infligido por nuestras malas acciones.
Pero si el galut es un momento de lejanía entre Di-s e Israel, ¿Por qué los Keruvim estaban abrazándose en el momento de la destrucción del Templo? ¿No es la destrucción del Templo acaso, una ruptura de nuestra relación con el Altísimo? Qué gran paradoja: el Novio Divino está destruyendo Su domicilio conyugal, permitiendo que Su recámara nupcial sea violada y Su novia sea llevada por los enemigos, ¡mientras que el barómetro de su matrimonio indica la máxima unión e intimidad!

Tres y Siete
Cada Shabat, después de la lectura semanal de la Torá, se lee una lectura semanal de los Profetas, llamada Haftará. Generalmente, el contenido de la Haftará corresponde a la porción semanal de la Torá. Sin embargo, hay semanas en la que la Haftará refleja los eventos conectados con ese período del año. Este es el caso de las diez Haftarot que se leen durante las últimas diez semanas del año, llamadas “Tres de reproche y Siete de Consuelo”.
Las “Tres de Reproche” son leídas en las “Tres Semanas” entre el 17 de Tamuz y el 9 de Av, durante las cuales recordamos y nos lamentamos por la destrucción del Templo.
El 17 de Tamuz del año 3829 de la creación (69 EC), las murallas de Jerusalém fueron destruidas por el ejército enemigo de Roma. Luego de tres semanas de lucha, las cuales los romanos avanzaron con gran dificultad a la ciudad, pudieron llegar al Templo, y el 9 de Av lo prendieron en llamas. Estos dos días son observados, hasta hoy en día, como días de ayuno, y el período entre ellos, como tiempo de lamento. Durante las Tres Semanas, la Haftará consiste de una selección de los Profetas en la que el profeta reprocha a Israel por sus crímenes y su engaño en el pacto con Di-s.
“Las Tres de Reproche” son seguidas por “Siete de Consuelo”. Durante siete semanas, empezando desde el Shabat después de 9 de Av, la Haftará que se lee consiste de profecías que describen la consolación de Di-s a su pueblo y la reconstrucción de la relación entre ellos. Cada año, re experimentamos el proceso de reproche y condolencia, destrucción y reconstrucción, lejanía y unión.
Pero, ¿por qué, específicamente, es un proceso de diez semanas? ¿Y cuál es el significado de su división en tres frases de retirada y siete niveles de reconciliación? El sabio Jasídico, Rabí Hilel de Paritch explica que los “Tres de reproche” y los “Siete de consuelo”, corresponden a los diez atributos del alma, que son divididos equitativamente en sets de tres y siete: el alma del hombre posee tres facultades intelectuales básicas (conceptualismo, comprensión y aplicación), y siete inclinaciones básicas emocionales (amor, severidad, armonía, ambición, devoción, unión y recepción). Ya que es la interrelación entre la mente y el corazón que nos permite entender la verdadera naturaleza de la “lejanía” del Galut.

Mente y Corazón
La mente, por naturaleza y necesidad, es distante y desconectada. Para captar un concepto, debe asumir una distancia objetiva, despojándose de toda conexión y afinidad con el sujeto y adoptando un reservado, e incluso cierto desinterés con la entidad estudiada. Solo así, puede analizarla y comprenderla exactamente y completamente.
El corazón, por el otro lado, se une, es gloriosamente subjetivo. El corazón se relaciona con los afectos de su objeto, uniéndose a él, y rompiendo todas las barreras entre él y el otro.
Sin embargo, uniones duraderas son creadas del entendimiento. Sentimientos que se basan en nada más que en el impulso y la atracción instantánea, son tan superficiales como apasionados, tan transitorios como intensos. Son esas emociones que se conciben en las entrañas de la mente que poseen profundidad y continuidad; es el amor fundado en el entendimiento y aprecio en el otro que trasciende todas las fluctuaciones de los sentimientos, y las dificultades de los tiempos y los cambios.
Así que, la aparentemente fría y distante mente, en verdad, es la fuente y la esencia de cualquier relación con sentido. La separación asociada con la examinación racional, yace en el corazón de nuestra capacidad emotiva de unirnos con otros.

La “mente” de Di-s
“De mi propia carne, percibo a Di-s”, dice el versículo. El hombre es la metáfora de los Divino: al examinar nuestra propia constitución psicológica, aprendemos mucho sobre la realidad Divina y la manera en la cual Di-s elige relacionarse con Sus creaciones.
Así que la paradoja mente-corazón, la manera en el que el alejamiento mental es la esencia y la fundación de la cercanía verdadera emocional, nos provee de un modelo para la paradoja del Galut.
La relación de Di-s con nosotros también incluye elementos “intelectuales” y “emocionales”. En ciertos momentos, sentimos lo que aparentan ser signos de alejamiento por Su parte. Di-s parece que se ha desenfocado de nuestras vidas, abandonándonos a los caprichos de la “chance” y el “destino”. Nuestra existencia parece privada de toda dirección y propósito. Di-s se “distancia” de nosotros, nuestras vidas aparentemente no parecen tener más sentido para Él.
En verdad, esta Divina “objetividad” porta mucha conexión. Es una desconexión, para una relación más duradera. El Galut es una ruptura espiritual, una disminución del lazo entre nosotros y Di-s, en verdad, es la esencia de una identificación más profunda con el compromiso entre nosotros.
El ocultamiento de Di-s en el Galut es un acto de amor. A pesar de su dolora comprensión, sirve para fortalecer nuestro acercamiento con Él. En las “Tres de Reproche”, experimentamos abandono, distancia; pero esto trae a los “Siete de Consuelo”. Siendo que estamos desprovistos de las expresiones de nuestra relación con Di-s, nos vemos entonces impulsados a descubrir su esencia, el vínculo por excelencia que trasciende toda distancia física y espiritual. Por ello, es sólo a través de la esencia del Galut que las dimensiones más profundas de nuestro matrimonio se realizan. Externamente, las Tres Semanas son un período de alejamiento; pero su esencia, es que son grandes niveles de conexión y apegamiento.

Por eso, es que los paganos cuando entraron al Sancto Sanctórum, encontraron a los Keruvim abrazándose profundamente. Afuera, Israel estaba siendo aniquilado y exiliado, y el Templo Sagrado ardiendo en llamas. Externamente, el matrimonio parecía estar destruyéndose, el marido alejándose y la mujer siendo echada a una tierra extraña. Pero dentro del Sancto sanctórum (la recamara más profunda de su matrimonio), el amor entre Di-s y Su pueblo se encontraba en su máxima unión y cercanía.

Basado en una de las charlas del Rebe, 28 de Tamuz, 5716 (7 de Julio, 1956); y 4 Av, 5749 (5 de agosto de 1989).

Adaptado por Yanki Tauber

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