Sombras Nada Más

L 18 DE YIAR ES EL ANIVERSARIO DEL FALLECIMIENTO DEL SANTO RABÍ SHIMON BAR I0JAI. ÉL PIDIÓ QUE ÉSE DÍA SE RECUERDE CON ALEGRÍA Y ESPECIALES FESTEJOS.

Era un día de otoño típico en 1906 cuando Rabí ledidia Horodner entró en el “Tiferet Israel”, la sinagoga en la Ciudad Vieja de Jerusalém, con una gran sonrisa en su cara. Con mucha gracia puso una botella de whisky y un poco de pastel en la mesa, e invitó a todos a hacer un “lejaim” brindis. Los congregantes se preguntaron por la causa de la celebración. Había estado circulando el rumor que el día anterior, el Rab Horodner había recorrido todas las leshivot locales y distribuido dulces a los niños. Algo bueno había ocurrido obviamente, y esperaban oír lo que era.
De hecho, después de que todos pronunciaron una bendición sobre el pastel y habían alzado las copas, el Rabino los conformó: La historia estaba relacionada con el sobrino del Rabino, un muchacho de 15 años llamado Shmuel Rosen, que era originalmente de Riga. Su padre, Rabi Ozer Rosen, lo había enviado con su tío cuando sólo tenía ocho años, en la creencia que no había mejor lugar en el mundo para desarrollar los talentos intelectuales del muchacho que en la Ciudad Santa. Rabí Horodner crió al pequeño Shmuel como si fuera su propio hijo, y el muchacho floreció. Era un niño agradable, y excepcionalmente consagrado a sus estudios. Pero hacía unas semanas el desastre lo había golpeado. Después experimentar un deterioro en la visión durante varios meses, Shmuel estaba ahora completamente ciego. La oscuridad completa se había posado sobre él cuando estudiaba de un volumen del Talmud.

El espíritu del muchacho estaba completamente destruido. Durante días y noches lloró por su destino, y más amargamente por su incapacidad para estudiar Tora solo. Padeciendo una profunda tristeza, se retiró y raramente salía de su cuarto. Su tío se sentía desvalido, hasta que se le ocurrió que un cambio de lugar podría hacerle bien al muchacho. Avisó a su amigo, Reb Shimon Hoizman de Jebron, que recibió al muchacho en su casa. Shmuel se sentía un poco mejor en Jebron, pero permanecía muy deprimido. En ese momento la comunidad judía de Jebron estaba encabezada por dos gigantes de la Tora: el Rabino Sefaradí Rabí Jizkiahu Medini (el autor de Sdei Jemed), y el Jasídico, Rabí Shimon Menashe Jaikin, la autoridad Ashkenazi principal en la ciudad. Siempre, a medianoche, los dos Rabinos iban a la Cueva de Majpeila el lugar de descanso de los Patriarcas y Matriarcas judíos, para recitar Tikun Jatzot (una Oración especial de lamentación por la destrucción del Templo Sagrado).
Reb Shimon Hoizman estaba muy afectado por el sufrimiento del muchacho. Pero ¿qué podía hacer para ayudar? Entonces una noche, él propuso un plan…
Aproximadamente una media hora antes de la medianoche Reb Shimon entró en el cuarto de Shmuel. “Despierta, hijo,” susurró suavemente. “Vístete y ven conmigo”. Los dos salieron en la oscuridad, en dirección del patio del Rabino Jaikin.

Después de unos minutos los dos Rabinos podían verse acercándose, en su camino a la Cueva de Majpeila. En cuanto ellos llegaron al lugar dónde Reb Shimon y Shmuel estaban aguardando, Reb Shimon desapareció y Shmuel quedó solo. Los dos Rabinos comprendieron rápidamente que Shmuel era ciego. Con apacibilidad le preguntaron cómo había perdido la visón. Cuando el joven les contó que se había quedado totalmente ciego mientras estudiaba, el Rabino Medini le preguntó si recordaba las últimas palabras que había podido ver. -”¡Claro que las recuerdo!” Shmuel respondió. “Estaba en el Tratado de Julín, en el primer lado de la página 36: “¿En quien podemos apoyarnos? Bueno, permítanos confiar en las palabras de Rabí Shimon [Bar lojai]”
Los dos Rabinos se pusieron muy entusiasmados. -”Si ése es el caso” dijeron casi simultáneamente, “entonces puedes confiar en el santo Rabí Shimon Bar Iojai para que te ayude. Ve a su tumba en Merón, pide su bendición, y Di-s te sanará.” A la mañana siguiente, Shmuel volvió a Jerusalém, y ese mismo día él y su tío salieron para Merón. Era un viaje difícil, pero después de varias jornadas, llegaron. Incluso antes de que se acercaran a la sagrada tumba estaban llenos de un sentimiento de confianza. Durante días permanecieron en la tumba de Rabí Shimon Bar lojai, orando firmemente a Di-s por una recuperación milagrosa. El milagro ocurrió exactamente después de una semana. El Rabino Horodner estaba leyendo en voz alta de la Guemara cuando de pronto Shmuel soltó un alarido. – “¡Tío! ¡Puedo ver tu sombra!” En el curso de los próximos días, la visión de Shmuel mejoró firmemente, y después de 13 días se restauró completamente. Todavía acampando fuera del santo lugar de reposo, tío y sobrino irrumpieron en un baile espontáneo y cantaron los versículos que se entonan tradicionalmente en el aniversario de Rabí Shimón Bar lojai en Lag Baomer:
“Sus enseñanzas son nuestra protección; son la luz de nuestros ojos. Él es nuestro abogado defensor, Raban Shimon Bar lojai.”

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