Por amor al pez

Un pez grande fue pescado por los sirvientes del Conde. Abriendo la boca para respirar, el pez se consoló un poco al oír por casualidad las palabras…

Un pez grande fue pescado por los sirvientes del Conde. Abriendo la boca para respirar, el pez se consoló un poco al oír por casualidad las palabras: “¡Qué belleza! El conde estará tan contento. Después de todo, el conde ama el pescado”.
Aunque sufrió en el camino al castillo, el pez se consolaba, pues todos los que lo veían exclamaban: “El conde estará tan contento. Él ama el pescado.”
Para su sorpresa, cuando llegaron al castillo, en lugar de ponerlo en un lago o, al menos, en un estanque, lo trajeron a la cocina. Allí de nuevo, oyó exclamar: “El conde estará tan contento. Él ama el pescado”.
Comprendiendo su destino, el pescado clamó al cocinero que levantaba su cuchillo encima de su cabeza: “El conde no ama el pez. Él no está pensando en absoluto en mí. ¡Él se ama a sí mismo!”.
A menudo, cuando hablamos de “amar a otra persona” lo que realmente estamos amando es lo que podemos sacar de ella o cuán amorosamente la persona nos hace sentir bien.
Esta historia sirve como una introducción a Lag BaOmer. Una de las razones por las que celebramos en este día, es que acabó la plaga que mató a miles de los estudiantes de Rabi Akiva.
¿Cuál fue la razón de la plaga? Nuestros Sabios explican que los estudiantes de Rabi Akiva no se respetaban entre sí.
Esa explicación ha planteado muchas preguntas. Rabi Akiva puso gran énfasis en el compartir y en la unidad. El enseñó: “El ”ama a tu prójimo como a ti mismo” es un gran principio general en la Torá”. ¿Cómo sus estudiantes pudieron alejarse del camino de su maestro y no se respetaban?
La respuesta es que amar a alguien significa ir más allá de uno mismo, relacionándonos con la persona por causa de la persona misma, y no por lo que uno pueda conseguir. Incluso con las mejores intenciones – y ciertamente los estudiantes de Rabi Akiva tenían las mejores intenciones – nuestro propio interés puede filtrarse en nuestro camino. Y posiblemente, no mostraremos a una persona – incluso a quien estamos intentando amar – la consideración y el respeto apropiados.
Lag BaOmer también conmemora el fallecimiento de Rabi Shimon Bar Iojai, uno de los Sabios del Talmud y autor del Zohar, el texto básico de la Cabalá.
Rabi Shimon no percibió estas dos áreas de conocimiento como disciplinas distintas, autónomas, sino como una unidad compuesta. El aspecto legal – Talmud, sirve como el cuerpo y el elemento místico – Zohar – el alma, como una Torá íntegra.
Esta unidad dentro de la Torá permitió a Rabi Shimon percibir la unidad Divina dentro de nuestro mundo material, y es más, para ver esta unidad incluso expresada en las dimensiones materiales de su vida.
Cuando Rabi Shimon Bar Iojai completó el Zohar, el texto fundamental del misticismo judío, le dijeron del Cielo: “Con este texto, los judíos dejarán el exilio con misericordia”. Hay aquí una relación de causa y efecto. Cuando las personas aprecien las verdades místicas enseñadas por el Zohar, entenderán la naturaleza Divina de sus propias almas, las almas de las personas alrededor y las de toda la existencia.
Cuando empiecen a pensar y vivir según estas visiones, la sociedad que producirán reflejará las profecías del conocimiento, la paz, y la unidad que acompañan la Era de la Redención. La Redención no será meramente un ideal abstracto; será un motivo que onda por onda hace su camino al tejido de nuestras vidas.

Rabbi Eliahu Touger

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