¿Valió la pena?

En la tradición, Lag Baomer representa el día de la fortificación de la educación judía. Ya en Europa, los ‘melamdim’ (maestros del jeder) salían al campo con sus alumnos, jugaban con arcos y flechas e infundían en el corazón de los niños el amor a los valores judíos. Esta hermosa costumbre se lleva a cabo aún hoy, en todo el planeta y sobre todo en Israel.

La historia nos relata que en el período del dominio romano, hace más de 2000 años, los judíos tenían prohibido el estudio de la Torá. Sin embargo, maestros, padres y por sobre todo, los valientes niños, se negaron a acatar semejante decreto. Sabían que el secreto de la existencia judía se ha -llaba en la transmisión, la continuidad y la vivencia de acuerdo a las eternas enseñanzas de la Torá. Los romanos también lo sabían y por eso apuntaron a la destrucción de la educación judía.

En Lag Baomer celebramos el haber podido vencer el cruel edicto, gracias al ejemplo personal de grandes como Rabí Akiva y Rabí Shimón Bar Iojai. Ambos líderes no eran conocidos estrategas, ni políticos demagógicos, ni siquiera diplomáticos que sopesaban cada una de sus palabras para no comprometerse (de hecho Rabí Akiva murió asesinado por las autoridades romanas por seguir enseñando Torá, y su alumno Rabí Shimón Bar Iojai fue perseguido por el gobierno y condenado a muerte, debiendo esconderse por 13 años en una cueva en el norte de Israel, sólo por expresar lo que realmente pensaba del imperio romano). ¿Qué profesión ejercían? Simplemente, la docencia. Sí, maestros que enseñaban con todo el fervor y amor cada uno de los pasajes de la Torá. Fueron quienes lograron a través de su ejemplo, sacrificio personal, sin miramientos ni intereses, que la chispa judía permanezca encendida con todo su vigor, incluso en los momentos más oscuros.

Hoy, después de tantos años, la sagrada tarea de la educación está en nuestras manos. Rabí Akiva y Rabi Shimón nos ‘pasaron’ el mando. Nosotros, padres, abuelos, dirigentes comunitarios y docentes somos los responsables absolutos del traspaso de los valores eternos a la generación que nos sigue. Como padres, que decidimos qué educación ofrecer a nuestros hijos, debemos elegir aquella que nos asegure que la chispa judía brille ampliamente en ellos. Debemos ser muy cuidadosos y exigentes en cuanto a la calidad de vivencia judía que a través de los valores auténticos, recibirán. En cuanto a los docentes, es trascendental que no sólo conozcan el material a enseñar, sino por sobre todas las cosas que amen, crean y vivan profundamente aquello que enseñan. Es el maestro el que tiene en sus manos la oportunidad única de sembrar el amor y el compromiso con el judaísmo. Este Lag Baomer tomemos una importante decisión: exijamos y fomentemos un marco para nuestros niños comprometido y sin concesiones. Seamos como aquella generación de valientes padres, maestros y alumnos. Hoy ningún imperio nos prohíbe vivir nuestro judaísmo. Que nuestras acciones manifiesten: “¡Rabí Akiva, Rabí Shimón: Aquí estamos!. ¡Vuestro sacrificio valió la pena!”

Miriam Kapeluschnik

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