Amor: Una paradoja


Ama a tu prójimo como a tí mismo.

Levítico 19:18

Este es un principio fundamental en la Torá.

Rabí Akiva.

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El Talmud relata que Rabi Akiva tenía 24.000 discípulos, pero porque “no se respetaban unos a los otros”, estalló una plaga en la que todos fallecieron. Ésta es la razón por la cual durante las siete semanas entre Pesaj y Shavuot, es un momento de duelo, ya que fue el período en el que los alumnos de Rabi Akiva fallecieron.

Una de las enseñanzas más famosas de Rabi Akiva, es el dicho: “Ama a tu prójimo como a ti mismo, es un principio fundamental en la Torá”.Uno, por lo tanto esperaría que los alumnos de Rabi Akiva sean el mejor ejemplo de este principio.¿Cómo es que ellos, de entre todas las personas, fueron deficientes en esta área?

Pero fue la misma diligencia en cumplir con el precepto “Ama a tu prójimo como a ti mismo” que los llevó a su ruina. Nuestros Sabios dicen que “Así como el rostro de cada persona, difiere de los rostros de sus compañeros, así también, la mente de cada persona difiere de las mentes de sus compañeros”. Cuando los 24.000 discípulos de Rabi Akiva estudiaron las enseñanzas de su maestro, el resultado fue, 24.000 matices de entendimiento, mientras que un mismo concepto fue asimilado por 24.000 mentes, cada una distinta y única de sus 23.999 compañeros. Si los alumnos de Rabi Akiva no se hubieran preocupado tanto por el bienestar del otro, entonces esto no hubiera tenido mucha relevancia, pero, siendo que cada uno amaba al otro como a él mismo, entonces cada uno sentía la necesidad de corregir el pensamiento “incorrecto” del otro y de iluminarlo con el verdadero significado de las palabras de su maestro. Por la misma razón, ellos encontraron imposible de expresar un “respeto” hipócrita hacia los puntos de vista de cada uno, ya que sinceramente sentían que el otro carecía de entendimiento, incluso en un nivel muy sutil.

Una lección doble

Cuanto más grande (importante) es la persona, más altos son los parámetros con los que se lo juzga; en las palabras de nuestros Sabios: “Con el justo, Di-s es exigente hasta por un pelo”. Por ello, lo que para la gente de nuestro calibre puede considerarse como una “mínima” caída, para los estudiantes de Rabi Akiva tuvo un efecto devastador. Pero nuestros Sabios eligieron guardar esta historia para más adelante; de hecho, ha sido fijada en nuestras vidas por una seria de leyes que gobiernan nuestro comportamiento en las semanas entre Pesaj y Shavuot cada año. Obviamente, nosotros también, tenemos algo que aprender de lo que les sucedió a los alumnos de Rabi Akiva.

La lección es una doble: debemos aprender de sus virtudes y de sus errores. Debemos aprender a preocuparnos lo suficiente por el otro, no disfrutar de sus errores y acomodar sus fallas; ésta puede ser la manera más cómoda socialmente y fácil de comportarse, pero, más que “ser tolerante”, denota una indiferencia hacia su bienestar, Por el otro lado, nunca debemos permitir que esto afloje el más mínimo respeto y estima hacia él, sin importar qué tan irresponsable y equivocado esté.

Si esto parece paradójico, lo es. Pero con respecto a nosotros mismos, es una paradoja con la que estamos bastante cómodos: cada persona sana psicológicamente, se ama a sí misma, y al mismo tiempo se critica para mejorar. Así que es una paradoja que debemos cultivar en nuestra relación con otros. Ya sea templar nuestros esfuerzos en fortalecer y mejorar a nuestro compañero por respeto a sus puntos de vista y sentimientos. O permitir que estos esfuerzos comprometan nuestro amor y respeto hacia el otro, es fallar en amarlo como nos amamos a nosotros mismos, un principio en el que Rabi Akiva consideraba fundamental en el proyecto de Di-s de la vida y sobre lo que Hilel dijo: “Esta es toda la Torá, el resto es comentario”.

Basado en una directiva del Rebe, Iyar 17, 5744 (19 de Mayo de 1984) y en otras ocasiones.

Extraído de meaningfullife.com

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