Rescate en Janucá

Me gustaría compartir una milagrosa historia de Januca, relatada por uno de los principales protagonistas…


Mi colega Rivkah está casada con un hombre de América del Sur. Su suegro, Zev, era un hombre de negocios en un país de Sudamérica. Durante el verano de 1984, Zev fue raptado por una banda de secuestradores profesionales. Los delincuentes tenían una visión exagerada de la riqueza de Zev, y exigieron un rescate de un millón de dólares, bastante más allá de la posibilidad de la familia de pagarlo.
Zev tenía dos hijos (“mi hijo el Ingeniero,” y el marido de Rivka, “mi hijo el Dentista”), ambos vivían en EE.UU. El Ingeniero volvió a América del Sur y pasó cuatro tortuosos meses en contacto telefónico con los secuestradores, intentando obtener la liberación de Zev. Los secuestradores utilizaron muchas formas de “guerra psicológica”. Por ejemplo, a Zev le fue dicho en un momento dado, que los delincuentes habían matado a su hijo el Ingeniero, por no traer el dinero suficiente para el rescate. Al oír las noticias, Zev rasgó su camisa como señal de duelo. La familia estuvo en un infierno viviente durante cuatro meses de incertidumbre.
Zev estaba recluido en un cuarto diminuto, con techos bajos que le impedían ponerse de pie. Él se negó a comer comida no kasher, y se mantuvo con café y copos de maíz durante cuatro meses. Sin embargo, se le proporcionaba un periódico cada día. A través del diario comprendió que su hijo no había sido asesinado. El secuestro de Zev recibió considerable atención de los medios de comunicación, de su gobierno, y del ejército de su país que se habían preocupado mucho tiempo por una serie de secuestros de alto perfil.
Los esfuerzos del gobierno por localizar a los secuestradores eran infructuosos; los secuestradores cuidaban sus llamadas telefónicas demasiado bien para que el informe pudiese ser registrado. La familia probó muchos medios, materiales y espirituales, para proteger a Zev. Por ejemplo, como judíos Ortodoxos, mandaron a revisar sus mezuzot y pidieron a sus amigos que recitaran Salmos. Aunque la familia no era jasídica, los dos hermanos habían avisado a los rabinos de Lubavitch en América del Sur a fin de obtener ayuda en materias como la comida kasher y servicios religiosos. Cuatro meses después del rapto, el Ingeniero se acercó al Rabino de Jabad local que le sugirió que le pidieran al Lubavitcher Rebe una bendición para Zev. Rápidamente llegó la contestación del Rebe, diciendo que oraría en la tumba del Rebe Anterior para la liberación de Zev. Este intercambio ocurrió durante la semana antes de Januca.
Esa misma semana, el marido de Rivka (el Dentista) viajó a América del Sur, para relevar a su hermano y permitirle volver a casa con su familia en EE.UU. Como parte de esa preparación ansiosa, redactó también su testamento.
Durante esa semana algo extraordinario ocurrió. El viernes de Januka, uno de los secuestradores se quedó en el teléfono un poco más de lo usual, pero lo suficiente para que la llamada pudiera ser registrada. La policía se presentó en el lugar y le hizo una oferta al delincuente “a la que no podía negarse”. El secuestrador identificó el lugar de cautiverio de Zev- que no estaba lejos de su propia casa. Un S.W.A.T gubernamental atacó la vivienda a través de puertas, ventanas y tejado. Encontraron a 16 hombres dentro, todos afeitados, limpios que vestían ropa de calle. No hallaron un rehén como esperaban, basados en experiencias del pasado, sin afeitar y vistiendo pijamas.
Les habían dicho que Zev era calvo, y de hecho uno de los dieciséis era calvo. Él se identificó como Zev y explicó que le habían ordenado afeitarse esa mañana y le dieron ropa de calle, ya que la banda estaba planeando trasladarlo, ese mismo día, a su escondite en las montañas. Y allí la probabilidad de sobrevivir habría disminuido radicalmente. Las fuerzas gubernamentales tomaron a Zev y lo pusieron a un lado, formaron a los hombres restantes contra la pared, y los ejecutaron.
La policía, todavía preocupada por la seguridad de Zev y la posible venganza de otros miembros de la organización de secuestradores, lo llevó a la estación policíaca local. Cuando la noche cayó, le propusieron trasladarlo en un automóvil a casa con escolta policíaca. Sabiendo que era Shabat, Zev insistió en caminar a su casa. Así lo hizo a pesar de las preocupaciones de seguridad y sus limitaciones físicas (es decir, como resultado de su encierro, Zev no podía estar de pie totalmente derecho.). La mañana siguiente, nuevamente a pesar de las inquietudes de seguridad de la policía, Zev caminó a la Sinagoga. El domingo, salió del país.
Durante la cobertura de los medios de comunicación de su rescate, Zev pudo realizar un “Kidush Hashem”, santificación del nombre de Di-s. Dijo a los medios: “Mi rescate es un regalo de Di-s, del mismo Di-s al que su pueblo y mi pueblo rinden culto.”
Hoy, la familia de Zev dice: “No somos Lubavitchers, pero cada Januca realizamos una “Seudat Hodaá” -comida de acción de gracias- para agradecer a Di-s el maravilloso rescate y agradecer al Lubavitcher Rebe por sus bendiciones.”

Aún no hay comentarios

¡Sea usted el primero!

Complete el formulario siguiente para comentar.

Deje un comentario