Transformando las armas en luz

Janucá, llamada la “fiesta de las luces”, está relacionada con las luces de la Menorá. Fue aproximadamente hace 2100 años que un pequeño grupo de judíos se sobrepuso al régimen griego-asirio que dominaba en Israel y triunfó . Cuando los judíos entraron a Jerusalem, reencendieron el candelabro o Menorá del Templo que milagrosamente estuvo encendido por ocho días.

Recuerdo, que hace 35 años, cuando vivía en una zona tranquila de Brooklyn, no existía allí la violencia, los robos ni los secuestros; pero una vez eso se acabó, y fue justamente en la época de Janucá. Un primo adolescente había escapado de Europa durante la Segunda Guerra Mundial y se había alistado en la marina Norteamericana. Convenció a quienes lo habían reclutado en la marina de Su voluntad y disposición de luchar contra el enemigo. “Hitler no solo es el enemigo de los judíos; sino es enemigo de la democracia”, declaró.

Después de la guerra empezó a fabricar hebillas para los cinturones usados por las fuerzas armadas. Su chiste favorito era:  Sin mí los hombres no podrían ir a la guerra, porque se le caerían los pantalones” Uno de sus hijos decidió involucrarse con las causas judías. Por las noches trabajaba en una farmacia, ayudando en las entregas. Una noche muy tarde, llegó un encapuchado pidiendo algunas drogas; antes que el farmacéutico pudiera conseguirle las drogas, el encapuchado entró en pánico y le disparó a sangre fría al hijo de mi primo. La policía del área estaba totalmente sorprendida, un asesinato sin sentido en una de las mejores zonas, un lugar donde nunca había ocurrido un crimen. Los vecinos estaban compungidos. Como imaginar a alguien llegando a su tranquilo vecindario para matar un joven que empezaba a vivir.

Activistas de todas partes de la ciudad vinieron al funeral hablaron a favor de la familia y pidieron una investigación. Sin embargo, después de que cesara todo el bullicio, el asesino nunca fue capturado. Pensé que la familia nunca se recuperaría de esa tremenda pérdida. Pasaron muchos años antes que viera de nuevo a mi primo. Estaba trabajando produciendo en masa municiones para rifles, armas semi automáticas y otras armas destructivas. Después de la insensata muerte de su hijo, su trabajo dejó de satisfacerlo y empezó a explorar nuevas posibilidades. Me preguntaba que estaría haciendo y como había logrado enfrentar ese inmenso dolor.

En viaje reciente que hice a Nueva York, recorrí varias tiendas judaicas en las cuales me encontré con innumerables tipos de janukiot -candelabros. Algunas eran de plata, otras de cerámica o metal. De repente vi una Menorá que no había visto nunca antes. Era un pedazo de metal ancho sobre una base particular con lugar para las ocho velas. Cuando me acerque más, me di cuenta que los porta velas no estaban hechos de un material usual, sino de un cobre pesado. Examinándolos un poco más, me sorprendió darme cuenta que se trataba de proyectiles M14. La base de la Menorá era uno de esos esqueletos de antiaéreos que se usan para partir armaduras. Finalmente aquí encontré un candelabro hecho de objetos bélicos transformado en un objeto de armonía y esperanza. Pensé ¿quién pudo haber hecho ese candelabro?. Decidí comprarlo, pero no estaba a la venta. La menorá sería una lección para los negociadores de armas que ahora producían porta velas y candelabros que traerían luz al mundo. Ese candelabro fue creado por mi primo. ¡El papá del joven asesinado!

Si sólo supiéramos transformar las armas en candelabros, que brillante y milagroso Janucá tendríamos!

Rabino Bit Hecht

Aún no hay comentarios

¡Sea usted el primero!

Complete el formulario siguiente para comentar.

Deje un comentario