El cochero helenista

Se cuenta de una historia de un grupo de cocheros en un pequeño
pueblo en los bosques de Rusia, que habían oído algunas noticias
inquietantes sobre la gran ciudad.
Terribles cosas estaban pasando en el mundo: barras de hierro estaban siendo lanzadas sobre los bosques de Rusia, en la que un monstruo de hierro, que comía carbón y arrojaba humo y fuego se movía tres veces más rápido que los caballos. Se había dicho que este demonio podía mover 100 coches de hierro y miles de pasajeros.
Ya no tendrían que negociar el precio del carro para que llevaran su
mercadería al mercado en Leipzig. El pueblo ya había comenzado a viajar de Moscú a Petersburgo de esta manera, y pronto estos caminos de hierro conectarían cada pueblo en Rusia.

¿Y cuántos caballos necesita esta máquina?” pregunto Misha, el mayor de los cocheros. “Ninguno”, dijo Grisha, que era la fuente de
noticias. “Esa es toda la idea: no necesitan caballos ni cocheros”. “Imposible”, dijo Misha con autoridad. “¡100 coches de hierro, sin
caballos, imposible! “Pero aquí hay una carta de mi primo de Smolensk. El escribe: “Los rieles de hierro ya han llegado a la ciudad, el próximo mes, la primera máquina llegará desde Moscú”.
Después de mucho debate, los cocheros decidieron viajar a la ciudad y verlo por ellos mismos.

En el momento que habían arreglado, se pararon al borde de la multitud que se había juntado en la plataforma de la nueva estación. Antes de verlo, pudieron escuchar el sonido de metal golpeando. Y
luego, en una gigante nube de humo negro, apareció: una fila de coches de hierro, viajando más rápido que el más valiente caballo, con un monstruo de hierro en sus cabezas. Se detuvo junto a la
multitud, soltó un fuerte sonido, y murió. Mientras la multitud se dirigía al tren, el cochero se mantenía quieto. Misha fue el
primero en recuperarse. Ignorando a los pasajeros, se dirigió hasta el motor. Cuidadosamente examinó el monstruo Se asomó a la cabina del maquinista, y se acercó a las ruedas para examinarlo.
Murmurándose a sí mismo, se reunió con sus amigos cocheros en la plataforma. “Increíble” se decía. “¡Que caballo!, ¡Que caballo!”
“¿Un caballo?”, preguntaron sus colegas.
“Por supuesto”, dijo el cochero veterano “Tiene que haber un caballo escondido ahí dentro”. Imagínate un caballo, no más grande que un gatito, que puede mover cien coches de hierro. ¡Que caballo!”

¿Por qué los Macabeos se revolucionaron?

No buscaban la independencia política. Matitiahu y sus hijos tomaron las armas porque los greco-sirios, que gobernaban la Tierra Santa, deseaban “hacerles olvidar Tu Torá y violar los decretos de Tu voluntad.”

No era la Torá en sí que el régimen Helenista deseaba eliminar del pueblo de Israel, sino “Tu Torá”. Tampoco fueron en contra de la práctica de preceptos Judíos de la Torá, las mitzvot, sino que los
decretos fueron específicamente contra “Tu voluntad”.

RELATOS
Los decretos
Las 613 Mitzvot de la Torá se separan en tres categorías generales: Leyes (Mishpatim), Testimoniales (Edut), y Decretos (Jukim)
Las “Leyes” son las más “racionales” de las Mitzvot. De hecho, podemos visualizar la mente humana deduciendo que el rico le debe dar al pobre y que un chico debe respetar a sus padres, incluso si no hubieran sido leyes Divinamente legisladas. “Testimoniales” son Mitzvot que tienen significado y se conmemoran. Shabat atestigua la creación del mundo y establece nuestras vidas como un compromiso en desarrollarse como “socios de la creación”.
La observancia de Pesaj, evoca la experiencia de liberación y contemplación de su significado, Tefilin reitera la soberanía de la mente sobre el corazón y la acción y la “unión” de estas tres para Servir al Creador. Mientras que la mente no necesariamente ha concebido estas formas exactas de autenticar y experimentar, sin
duda los acepta de forma “racional”. Somos conscientes de la necesidad de símbolos concretos para las verdades e ideales.
Luego están los “Decretos”. Estas son las Mitzvot supra racionales, tal como la prohibición de mezclar carne con leche.
Sobre estas Mitzvot Di-s dice: “”He instituido una ley, decretado un decreto: no tienes permiso para razonarlo”. Aquí, la mente tiene que reconocer sus limitaciones, concediendo que hay verdades que están
más allá de su alcance limitado.

Humanamente Divino
Para los griegos, el ser humano era supremo. El cuerpo de un atleta, la mente de un filósofo… si era perfecto, el hombre era dios. Sugerir que podía haber algo más trascendente que la gloria del hombre, el
intelecto, era una herejía.

¿Torá? El Helenista respetaba la filosofía Judía como parte de la gran pregunta humana de sabiduría.
También reconocía el valor filosófico y psicológico de su “estilo de vida”. ¿Leyes? La columna vertebral de cualquier sociedad civilizada. ¿Testimonios? También importante ¿Decretos? Interesante, examinémoslo. Debe haber alguna razón por la cual las personas de gran intelecto hacen estas cosas. ¡¿No hay una razón?! Escucha, no entiendo todo, de ninguna
manera. Quizás nadie pueda entender todo.
Pero cada cosa que es verdad tiene una razón racional.
Oye, juntémonos. Seguro tenemos mucho que aprender el uno del otro. Visitaremos su Templo, y ustedes nuestros estadios. Sabes
que si aplicamos alguna metodología aristotélica a sus mitos Bíblicos, podría haber algunos resultados interesantes. Tal vez incluso nos riamos de algunos de los enigmáticos “decretos”…En aquellos días, en este momento.

En Januca, la amenaza histórica helenista fue superada por un puñado de Judíos que insistieron que los decretos de la Torá son “los decretos de Tu voluntad”, y sólo Tu voluntad. Ellos creían, además, que toda la Torá es Tu Torá: que también la “ley” más rudimentaria es intrínsecamente supra
racional.

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