Mensaje del Rebe para Janucá

Querido Amigo: Las luces de Janucá que se encienden en la oscuridad de la noche traen a nuestra mente memorias del pasado: la guerra que la familia de los Jashmonaím libró contra los inmensos ejércitos greco-sirios, su victoria, la reinauguración del Gran Templo, el reencendido de la Menorá –el Candelabro de siete brazos del Templo–, la pequeña cantidad de aceite que milagrosamente duró ocho días, etc.

Imaginémonos como miembros del reducido grupo de Jashmonaím de aquellos días. Estamos bajo el dominio de un poderoso monarca; muchos de nuestros hermanos nos han abandonado y han aceptado la idolatría y el modo de vida del enemigo. Pero nuestros líderes, los Jashmonaím, no inician la acción comparando números y armas, y sopesando nuestras posibilidades de victoria. El Gran Templo ha sido invadido por un cruel enemigo. La Torá y nuestra fe se encuentran en grave peligro. El enemigo ha pisoteado todo lo que nos es sagrado e intenta forzarnos a aceptar su modo de vida de idolatría, injusticia, y demás características ajenas a nosotros. Hay una sola cosa que podemos hacer: unirnos con más fuerza a nuestras creencias religiosas y preceptos, y luchar contra el enemigo incluso si hemos de dejar nuestras vidas en el intento.

Y entonces…
¡Maravilla de maravillas! Los inmensos ejércitos invasores son vencidos, el vasto imperio derrotado, nuestra victoria es total.
Este capítulo de nuestra historia se ha repetido con frecuencia.
Como judíos, siempre hemos sido superados en número; muchos tiranos han intentado destruirnos a causa de nuestra fe. A veces, apuntaron sus flechas envenenadas a nuestros cuerpos, a veces a nuestras almas, y, triste es decirlo, muchos de nuestros hermanos se han apartado, por una razón u otra, de Di-s y de Su Torá, en un intento por hacer la vida más fácil aceptando las reglas del conquistador.
En esas épocas de dificultades debemos ser como ese fiel puñado de Jashmonaím, y recordar que siempre perdura una gota de “aceite puro de oliva” oculto muy profundamente en el corazón de cada judío, que, si es encendido, se convierte en una enorme llama.

Esta gota de “aceite puro de oliva” es la “Luz Eterna” que debe penetrar la oscuridad de nuestra presente noche, y lo hará, hasta que cada uno de nosotros verá la concreción de la promesa de los profetas de redención y triunfo finales.
Y como en los días de los Jashmonaím, “los malvados serán nuevamente conquistados por los justos, y los arrogantes por quienes siguen las leyes de Di-s, y nuestro pueblo tendrá gran salvación”.
Con bendiciones de Janucá,

RABI MENAJEM M. SCHNEERSON

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