Luz, janucá, acción

En castellano se trata de analizar un poco los vocablos casualidad y causalidad…


Si bien muchas veces escuchamos o leemos acerca de la Providencia Divina, en hebreo Hashgajá Pratit, sólo comprendemos cabalmente su significado cuando abrimos los ojos y nos damos cuenta que esto nos sucede a todos y en todo momento. En castellano se trata de analizar un poco los vocablos casualidad y causalidad, ambas expresiones que parecen contradictorias… y que la real academia española dio por incorporadas en un concepto, cuando una de las acepciones de “casualidad” es justamente providencia. Coincidieron para mí, en esta época del año, varias situaciones que aparentemente están “descolgadas” una de la otra: trabajo en una escuela (jinuj-educación), acabo de mudarme e inaugurar mi nuevo hogar (janukat habait) y además se acerca la fiesta de las luminarias “Januca”!!! Todos los vocablos hebreos relacionadas a estas instancias personales de mi vida (algunas de los cuales comparto por supuesto con otras personas) tiene un mismo origen en cuanto a su etimología… Jinuj – Janucat Habait – Januca.

En la Torá el verbo “Jinuj” es utilizado en relación a utensilios y objetos cuando se habla de “janucat hamizbeaj” – traducido como inauguración del altar (Bamidbar 7,10). Mientras que en el Pentateuco es la acepción del vocablo en términos de inauguración, solo en Mishlei se utiliza la misma expresión, “jinuj” en relación a la persona “janoj la na’ar al pi darko…”,”Educa al joven de acuerdo a su camino, aun cuando envejezca no se apartara de el”. El hecho de que la Biblia no utilice el concepto de Jinuj al referirse a las personas, no es casualidad, ya que de acuerdo a la Torá no hay un precepto de “educar” propiamente dicho, sino de enseñar, tal como lo expresa el versículo: “ve shinantam le baneja ve dibarta bam…”, “y enseñarás a tus hijos y hablarás con ellos de Torá…; también encontramos el precepto de relatar a los hijos la salida de Egipto, pero nuevamente se trata enseñar y trasmitir. El precepto de educar es una disposición rabínica: Dicen entonces nuestro Sabios, que basándonos en la indicación bíblica, enseñar es educar, es decir que si enseñamos al niño de acuerdo a las máximas de la Torá y de manera tal que el aprendizaje produzca dentro del niño un impacto que revolucione su ser con el deseo de conducirse de la manera que se espera de él, estaremos educándolo.

Al relacionar las dos acepciones de la palabra jinuj, evocamos el concepto de inauguración que se refiere a comenzar a utilizar un elemento de la manera para la cual fue concebido, tal como en un “janucat habait” – inauguración de un nuevo hogar, se comienza a habitar la casa, no solamente viviendo en ella, sino convirtiéndola en un lugar de Torá y mitzvot, al invitar gente y constituyendo la morada en un sitio de reuniones, un hogar abierto a los necesitados, tal como lo expresa el Pirkei Avot, “iehi beitja, patuaj lirvaja…”. Entonces al educar, estamos preparando al niño en el presente, para ser lo que está destinado a ser en el futuro, para lo cual fue creado.

Educar es ayudar al niño a revelar los potenciales con los que fue dotado. No se trata de introducir en él una personalidad extraña o impuesta, sino de revelar en la practica la pureza de su alma que posee el deseo innato de conexión con lo Divino. Cuando educamos, no solo transmitimos conocimientos. Cuando educamos, somos el conocimiento a través del ejemplo, de las vivencias y además cuando educamos, debemos buscar la manera de llegar a ese alumno tal como lo dice el rey Salomón, de poder brindarle luz de acuerdo a su camino (del educando), para que no se aparte de el camino (de la Torá). Este que parece un juego de palabras tiene que ver con un concepto hoy muy difundido y utilizado en educación que es el de las inteligencias múltiples. Cada sujeto es único e irrepetible. Cada uno de nosotros tiene características propias que a la hora de educar deben tenerse en cuenta para que se produzca la transferencia satisfactoriamente y se logre “aprehender” y más aun aplicar lo aprendido!!!
Difícil tarea la de educar, gran responsabilidad… pero más grande aún es la satisfacción que produce el proceso y el resultado. No cualquiera puede enseñar y educar, pero sin embargo todos lo hacemos en uno u otro momento, conciente o inconscientemente, voluntaria o involuntariamente. Por eso cada mañana en las plegarias matutinas, le pedimos a Di-s sabiduría entre otras cosas para “escuchar, estudiar y enseñar”.

Cuando los judíos, en la época de Janucá lograron entrar nuevamente al Sagrado Templo de Jerusalem, el Beit HaMikdash, encontraron que después de tanta oscuridad impuesta por el enemigo, en términos de las prohibiciones de vivir el judaísmo en forma práctica… había que retomar el rumbo… cuando se dispusieron a encender luz, tanto en el sentido práctico, tal como se acostumbraba a diario encendiendo la Menorá, como en el sentido espiritual, cuenta la historia, que todo el aceite estaba impuro. Era tal el deseo de manifestar el judaísmo vital, que insistieron en la búsqueda y Di-s los ayudó, dándoles la posibilidad de atraer una luz espiritual milagrosa, aquella luz que viene de arriba y despierta en nosotros la luz que viene de abajo para seguir iluminando. La transmisión es una cadena, la luz que se enciende en la mente al comprender y en los corazones al sentir, es infinita.
Es por eso que este Janucá me encontró junto a mi familia en una casa nueva, con una mirada optimista y con una esperanza renacida, brindándome a mi familia de la mejor manera posible y trabajando en lo que es mi vocación; ¡educar!

¡¡¡Janucá Sameaj!!!

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