La diferencia entre Janucá y Purím

Cuando los enemigos de Israel se alzan para destruirlo físicamente, ello indica que la Shejiná (Presencia Divina) se ha retirado de entre el pueblo y ha ascendido a lo alto…

El malvado Hamán planeó aniquilar a los judíos —jóvenes y ancianos, mujeres y niños— en un solo día, y el decreto de exterminio que los incluía a todos había sido sellado irrevocablemente con el sello del rey. ¿Qué hicieron los judíos? Declararon un ayuno público y no comieron ni bebieron durante tres días, reuniéndose para volcar sus corazones en súplica a Di-s para que revocara la cruel sentencia. ¿Por qué no se unieron en grupos para luchar por sus vidas en el día fatídico? El decreto estaba limitado a un solo día, y aunque no todos hubieran podido sobrevivir el enfrentamiento, ¡seguramente algunos se habrían salvado! ¿Acaso no había entre ellos hombres capaces de luchar? ¿Y el resto, no podría haberse escondido hasta que pasara el día de su prueba?

Cuando los griegos intentaron hacer que Israel olvidara la Torá y abandonara el cumplimiento de los dictados de la voluntad de Di-s, cuando promulgaron decretos contra todo aquello que era santo y contra las mitzvot que Di-s había ordenado, para erradicar la fe del pueblo, ¿qué hicieron los judíos? Salieron a la lucha y se dispusieron a sacrificar sus vidas. ¿Por qué no fijaron ayunos o se congregaron para clamar a Di-s, esparciendo el mensaje de arrepentimiento para lograr que el Altísimo aplacara Su ira sobre el pueblo? ¿No había entre ellos hombres santos y piadosos, Kohaním versados en la Torá y las plegarias? ¿Por qué prefirieron en cambio la espada y la lanza?

El pueblo de Israel dijo: Tu luz (la de Di-s) —la Torá— está en nuestras manos, y nuestra luz —el alma— se encuentra en Tus manos. Tú nos has encomendado la Torá y nosotros hemos encomendado a Ti nuestras vidas. Si cuidamos Tu luz, Tú cuidarás la nuestra. Si salvamos Tu luz, Tú salvarás la nuestra. Di-s, Tus enemigos aborrecen tanto Tu luz como la nuestra, y siempre procuran extinguir ambas. Sin embargo, mientras cada cual cuide la del otro, no podrán extinguir ninguna de ellas, ni aun siquiera tocarlas.
El Santo, bendito sea, siempre Se mantiene fiel y jamás aparta Su providencia del pueblo de Israel, ni siquiera por un instante. Pero Israel a veces flaquea en su fe y no cuida como es debido la luz de Di-s. En ese momento sus enemigos pueden causarle daño.

Entonces se levantan para extinguir la luz del pueblo de Israel—su alma— y destruirlo. Si tuvieran éxito —Di-s no lo permita—, la luz de Di-s —la Torá— también sería extinguida, pues no habría nadie que la cuidara. Pero a veces ellos persiguen apagar la luz de Di-s, causando así que la luz de Israel desaparezca.
Cuando los enemigos de Israel se alzan para destruirlo físicamente, ello indica que la Shejiná (Presencia Divina) se ha retirado de entre el pueblo y ha ascendido a lo alto. Pese a que no pueden observar este hecho, lo intuyen y no se preocupan más por la Shejiná; entonces se confabulan para extinguir únicamente la luz de Israel. En ese momento debernos fortalecernos a través del arrepentimiento, las plegarias y el aumento en el estudio de la Torá—la luz de Di-s—, hasta que la Shejiná vuelva a morar entre nosotros. Cuando la Shejiná retorna, la luz de Di-s se enciende e ilumina la tierra y entonces nuestros enemigos pierden su dominio sobre nuestra luz y ésta se mantiene firme y segura por sí misma.

Pero cuando los malvados de las naciones conspiran para extinguir la luz de Di-s haciéndonos abandonar la Torá y causando que nuestras creencias desaparezcan de la tierra, esto constituye una señal de que el decreto de aniquilación sobre Israel —Di-s no lo permita— ha sido promulgado desde lo Alto. Sin embargo, la Shejiná aún no se ha retirado y continúa morando en la tierra. Aunque los malvados no pueden observar este hecho, intuitivamente sienten que la protección de Israel ha sido apartada y entonces no se preocupan por Israel—pues se encuentra desamparado—, sino que centran todos sus esfuerzos en lograr la extinción de la luz de Di-s en la tierra. Buscan profanar el Santuario para provocar que la Presencia Divina se retire del mundo y de esta forma hacer que Su luz —Di-s no lo permita— también sea extinguida.

En una situación tal debemos fortalecernos con valentía y vigor, y sacrificar nuestras vidas físicas en la batalla para que nuestra luz vuelva a iluminar otra vez. Al librar guerra en nombre de Di-s y Su Templo, demostramos que nuestras vidas tienen sentido y contenido, pues son sirvientes de la luz de Di-s. La compasión Divina se despierta entonces desde los cielos y aparta de nosotros el decreto de aniquilación. Al santificar nuestras vidas en aras de Di-s infundimos en ellas un nuevo espíritu, y los malvados pierden la fuerza para extinguir la creciente luz de Di-s en el mundo.
Podemos decir, así, que salvamos la luz de nuestras vidas con la luz de Di-s, y la luz de Di-s con la nuestra.

Puesto que la vía de salvación en Janucá fue diferente de la de Purím, los medios de conmemoración prescriptos también son distintos. Los días de Janucá no fueron establecidos como días de fiesta y banquete, ya que la conmemoración tiene como propósito reflejar la verdadera intención de la entrega y valentía que tuvimos en aquel entonces y cómo fue aceptada por Di-s. Dado que todo el objetivo de nuestra entrega en la batalla de Janucá fue salvar la luz de Di-s, y nuestra redención física vino solamente corno consecuencia de este hecho, la Festividad de Janucá no se caracteriza por los deleites físicos ni la celebración de banquetes, sino más bien por los cánticos de alabanza y agradecimiento a Di-s que el alma entona desde lo más profundo de nuestro ser mostrando así que la Shejiná permanece con nosotros.

Por otro lado, Purím no se estableció como día de alabanzas puesto que el objetivo principal de nuestras plegarias y súplicas en aquel entonces era salvar nuestra luz de la extinción; en cambio, fue fijado como día de festejo, alegría y celebración de banquetes, mostrando de esta forma que nuestro esfuerzo fue aceptado con gracia por Di-s causando nuestra salvación física.

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