Escuche el mensaje de las flamas

Si usted observa de cerca a Janucá, la Menorá, la historia, el número de velas – verá que esta fiesta  revela la naturaleza de su alma.

Cuando cae el sol y las sombras de la noche descienden, encendemos la Menorá creando luz en la oscuridad. Siéntese frente a las llamas y escuche su historia.

“La llama de Di-s es el alma de la persona”, dice la Torá. Así como las flamas calientan e iluminan el ambiente, también usted puede acostumbrar a su alma a infundir vida, calor y luz. Contrariamente a todas las entidades físicas que se arrastran hacia la tierra, las llamas bailan y fluctúan hacia arriba, desafiando la gravedad. Igualmente su alma, no satisfecha con las comodidades físicas, aspira a algo más allá.

Janucá no sólo enciende nuestras propias vidas. Poniendo la Menorá en la ventana o en la puerta, usted permite a la luz irradiar en la calle oscura, iluminando a su alrededor.

Janucá nos recuerda nuestra habilidad y responsabilidad de actuar en el mundo alrededor y nos incita a lustrar la luz en las vidas de otros con los actos diarios de bondad y caridad. Así como una llama enciende otra sin disminuirse, así también, dedicándose a los demás, aumentará en lugar de disminuir. Todos los días debemos aumentar nuestra luz y la de nuestro ambiente – cada día agregando otra buena acción, encendiendo una llama adicional.

Janucá cuenta una historia más profunda. La Menorá abre un túnel a través del tiempo a la consecuencia de la gran victoria en la que un pequeño puñado de judíos derrotó el poderío del Imperio griego. Entre las ruinas del Templo profanado, los Macabeos buscaron hasta encontrar una sola vasija sellada de aceite, que milagrosamente ardió durante ocho días. Cuando uno se mancha, cuando el Templo interno de uno se ha profanado y ningún aceite ha sido encontrado, uno tiene el poder para buscar más profundamente dentro y descubrir la luz. El alma siempre permanece intacta, como una “luz piloto”.

Cuando usted enciende su Menorá bajo circunstancias difíciles, creando luz en el momento más oscuro, la luz nunca puede extinguirse. Luz que se ha medido con el desafío, que ha transformado el dolor en crecimiento, transciende la naturaleza y transforma la oscuridad en luz.

Este poder para transformar la oscuridad debe venir de un lugar más allá de lo convencional. Encendemos ocho velas, número místico de trascendencia e infinidad, por consiguiente, uno más allá del número siete que representa el ciclo natural. Para atravesar la oscuridad con luz, no puede confiar en lo natural, se necesita alcanzar un recurso más profundo que es la octava dimensión.

Estos elementos de Janucá – las ocho flamas, el milagro del aceite, la luz que brilla en la calle oscura – nos invita a conectarnos al poder del alma. Nuestras almas suben como una llama hacia lo que transciende, no sólo rechazando la oscuridad como es la naturaleza de toda la luz, sino además transformando la oscuridad en la luz.

Janucá nos otorga la habilidad de redirigir nuestras vidas. Escuche a las flamas. Absorba el poder de su alma encendida. En lugar de batallar la oscuridad, emane luz; permita que su alma le  hable  a usted y a otros. Y esta luz ayudará a que se dispersen las sombras.

Rabi Simon Jacobson

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